jueves, 9 de julio de 2009

La ideología detrás de las decisiones II

Como parte de mi investigación sobre un tema feminista, he tenido la gran oportunidad de reflexionar sobre el feminismo, desde una perspectiva teórica pero siempre teniendo en mira una agenda política. Gracias a Myrta, he tenido la oportunidad de repasar con detenimiento el ensayo “Ideology and Women Choices” (1990) de Kathryn Abrams. Leyendo los comentarios que les puse abajo, no he podido evitar la referencia a Abrams.

Uno de los comentarios de una mujer fue el siguiente:

There are hundreds (thousands?) of women who would love to be in the position to stay home (although we are no longer allowed to admit it, lest the pro-work feminists attack us). Feminism, for me, is all about being able to choose. You chose a great career, but now you’re choosing motherhood. And it’s not like all of the work experience you’ve gained since you were 16 will magically disappear.


Dicha posición me anima a reflexionar sobre el feminismo y el derecho de las mujeres a decidir.

Kathryn Abrams en “Ideology…” discute los trabajos de Catharine MacKinnon y de Joan Williams. Ambas radicales apuntaban a que el discurso detrás de los derechos de las mujeres a decidir sobre cuestiones tales como renunciar a sus trabajos para criar a sus hijos (Williams) o acceder a tener relaciones sexuales heterosexuales (MacKinnon) no eran expresiones de autonomía de la mujer sino todo lo contrario, expresiones de opresión. MacKinnon llevó su reclamo a su análisis sobre el derecho a abortar en Privacy and Equality: Beyond Roe v Wade (las mujeres decidimos abortar, en beneficio del hombre).

Habla Abrams sobre el “ideology determination” como “el reclamo de que las decisiones de las mujeres están moldeadas primariamente o exclusivamente con la ideología del género” y aboga , en cierta manera, para que las feministas radicales bajen el tono de su discurso para no alienar a las mujeres que podrían sentir, (y con razón, añado yo) que MacKinnon y Williams subestiman su intelecto, necesidades y, cómo no, sus decisiones. Aún así, Abrams reconoce que el discurso de las radicales tenía una agenda política que exigía de cada una de las mujeres replantearse sus decisiones y rebelarse ante las circunstancias que las obligaban a actuar de una manera en específico, aún cuando ellas no se dieran cuenta (por la “falsa conciencia”).

Con los logros indiscutibles que hemos alcanzado las mujeres en los Estados Unidos y Puerto Rico nos fuimos alejando del feminismo radical. Por distintas razones, supongo. De repente, el feminismo en ambos países pareciera haberse convertido en una cuestión de “autonomía” manifestada a través del “derecho a decidir”. Eso, ciertamente, nos ha permitido reclamar ciertos espacios , sobre todo, en la esfera pública. Pero ha limitado nuestro campo de acción, en parte, porque un “derecho” es algo muy concreto, con principio y final, que no necesariamente hace una incisión en el problema social, podría hacerlo, claro está, pero no necesariamente ataja el problema. En otras palabras, se puede convertir en un parcho. El “derecho” valida el espacio a lo legitimado por el Estado o por alguna otra institución. Así, las mujeres tenemos derecho a parir y a abortar, derecho a quedarnos en casa y derecho a trabajar afuera, derecho a lactar y derecho a alimentar con fórmula… pero ¿qué consecuencias, si algunas, traen esos derechos? ¿qué ideología lleva a una mujer decidir x o y? ¿vamos de camino a nuestra emancipación física y emocional, o estamos retrocediendo? El feminismo liberal, tan enfocado en conseguir la supuesta “igualdad” y proveer las herramientas para que la mujer logre sus metas DENTRO del sistema capitalista, se ha apoderado también del discurso feminista, como si fuera el único discurso, la única alternativa. Las corrientes posmodernas también nos han restado proyectos políticos en cuanto y en tanto desde el cuestionamiento mismo de lo que es “mujer”, han logrado, entre otras cosas, despojar al feminismo de bastante terreno político en cuestiones como la pornografía y la prostitución Y esto lo digo yo, que me coloco como hija que apenas tenía 9 años cuando vio el muro de Berlín caer, y que maduró con una Unión Soviética destruida. Así, hablo desde la posición de una feminista que resiente los absolutismos, que tiene una desconfianza innata a las instituciones, que no se suscribe a postulados supuestamente empíricos. Pero, al mismo tiempo, habla una feminista que lee todos los días sobre cómo a sus hermanas las matan, las violan, las hieren, las insultan por ser MUJERES. Y mientras eso suceda , no podemos dejarnos arrastrar por el mero descontruccionismo, o concentrar todos nuestros esfuerzos en garantizar derechos. Esto no significa que dejemos de reconocer las grandes aportaciones. Independientemente de los planteamientos de MacKinnon atesoro mis derechos reproductivos, incluyendo el derecho a abortar, y atesoro, también, la visibilidad que el posmodernismo nos ha dado a tantas y tantas mujeres doble y hasta triplemente oprimidas- pienso en bell hooks, por mencionar alguna de las teóricas posmodernas.

No obstante, los derechos tienen que tener sustancia. Por ejemplo, tenemos que preguntarnos a cuáles mujeres estamos protegiendo cuando hablamos del derecho a que una se quede en su hogar para criar a sus hijos. En esta época, ¿qué mujer puede hacer esto, si no tiene una pareja que la mantenga? Igual sucede con las leyes a favor de la lactancia. Nos hemos preguntado, ¿quiénes son las mujeres que interesan lactar? ¿De qué transfondo socioeconómico provienen? ¿Estamos conscientes que el WIC, por ejemplo, ha encontrado en sus campañas pro lactancia una manera de rebajar su presupuesto, en detrimento de las mujeres pobres que no pueden o no quieren lactar?

Pienso que hay que volver a hablar de los feminismos y discutir seriamente (aunque conlleve fricciones y desacuerdos) qué feminismo es el que mejor adelanta la emancipación de las mujeres. Yo misma tengo dudas.

Sigo pensando…

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