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lunes, 27 de agosto de 2012

Poderoso primer encuentro de mujeres estudiantes de Derecho

El sábado pasado treinta mujeres estudiantes de las escuelas de Derecho de la Universidad Interamericana, Universidad Pontificia Católica de Ponce y Universidad de Puerto Rico aceptaron la invitación de las integrantes de la Comisión de la Mujer del Colegio de Abogados, que tengo el gusto y honor de presidir, para encontrarse entre ellas y con nosotras en la sede del Colegio.

Las estudiantes llegaron listas para hacer la diferencia. Desde el primer momento, la energía prevaleciente fue de solidaridad, empatía y respeto. Nos sentimos confiadas en intercambiar historias, nos escuchamos y hablamos, y al final de la jornada, resultamos hermanadas.

¿Por qué las mujeres que estudian Derecho muchas veces se sienten sin voz? ¿Por qué callan ante situaciones que las violentan a ellas y a otras compañeras? ¿Por qué algunas no se sienten apoyadas por sus Escuelas? ¿Qué rol, si alguno, juegan los estudiantes varones en el discrimen contra las estudiantes? ¿Y los profesores? ¿Cómo es que en algunas escuelas es ampliamente conocido que cierto profesor (o profesores) hostigan o hacen chistes sexistas o invisibilizan a sus estudiantes mujeres y NADIE hace algo para frenarlo? ¿Por qué hay tan pocos cursos con perspectiva de género? ¿Y las profesoras? ¿Por qué es que a ciertas profesoras se les margina porque supuestamente son "muy fuertes" (o "muy débiles") y a ciertos profesores se les privilegia por las mismas actuaciones en el aula? ¿Por qué son tan pocas las profesoras en las Escuelas de Derecho?

Las estudiantes se dieron cuenta de que tienen muchas cosas en común, y las abogadas comprendimos que ciertas cosas han cambiado muy poco en las escuelas de dónde nos graduamos.  Juntas, nos dimos cuenta que es hora de acabar con los silencios. Juntas, nos dimos cuenta que las abogadas podemos hacer mucho por las estudiantes y ellas, por nosotras. Juntas, nos dimos cuenta que las Escuelas de Derecho puede representar un ambiente hostil pero que nosotras somos más fuertes.
Juntas, nos dimos cuenta que un profesor:

NO PUEDE DECIRLE A UNA ESTUDIANTE EMBARAZADA QUE SU UNICA OPCION ES DARSE DE BAJA;

NO PUEDE HACER CHISTES SOBRE LAS AGRESIONES SEXUALES CONTRA LAS MUJERES:

NO PUEDE DISCRIMINAR CONTRA UNA ESTUDIANTE QUE NO LE RIE LAS GRACIAS MACHISTAS NI SE TOMA UN CAFE CON EL:

NO PUEDE DECIRLE A UNA ESTUDIANTE  QUE VA A FRACASAR SOLO PORQUE ES MADRE:

Nos dimos cuenta que juntas somos poderosas y estamos dispuestas a hacer la diferencia, por nosotras y por quienes vienen detrás.




jueves, 17 de noviembre de 2011

De la Escuela de Derecho al mundo: estampas de una mujer

A continuación, comparto con ustedes la breve reflexión que inició ayer una interesante discusión en la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico. Regresar a la escuela para hacer eso, significó para mí una especie de despojo, una manera de combatir el silencio que por casi tres años me acompañó y, a la vez, una oportunidad única de intercambiar "estampas" de género con estudiantes y profesoras. Agradecida quedo de Adriana R. Alonso Calderón, querida compañera del Movimiento Amplio de Mujeres, a quien le auguro una tremenda experiencia en la Escuela de Derecho porque la ha comenzado haciendo sentir su voz (¡¡¡y aún está en su primer semestre de primer año!!!).



Conversatorio: El Rol de la Profesión Jurídica en la Erradicación de la Violencia de Género Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico


Lcda. Verónica Rivera Torres


"De la Escuela de Derecho al mundo: estampas de una mujer"

Me ha correspondido ser presidenta de la Comisión de la Mujer del Colegio de Abogados en momentos muy violentos. No hablo sólo de la violencia que cada dos días hace portada en los periódicos. Hablo también de la violencia institucional con el desmantelamiento de instituciones que tradicionalmente han servido bien a las mujeres, sobre todo las más vulnerables, la inversión fallida en campañas fundadas en el fundamentalismo religioso y hasta decisiones muy problemáticas de nuestros tribunales, que nos han puesto en una situación de gran vulnerabilidad. Así que si aprovecho esta oportunidad de reflexión, que espero sea colectiva, para compartir con ustedes unas experiencias que pienso pueden ayudar a ponernos en contexto sobre el tema de la violencia de género y nuestra profesión.

En primer lugar, parto de una premisa que me parece fundamental:

La profesión jurídica no se limita a incidir en la violencia de género creando normas o leyes para atajarla ni se limita a producir profesionales que trabajen como defensores de víctimas o agresores. Parto de la premisa de que la profesión jurídica, con todas sus instituciones, sus actores y actoras produce, gestiona y se acomoda en distintas violencias. Podría decirse además que la profesión jurídica depende de las violencias para justificar su subsistencia, y en el caso del abogado o la abogada, las violencias pueden representar su principal modo de ganar dinero. La facultad que tiene la práctica del Derecho de nombrar y crear lo que se puede o no se puede hacer, a quién se protege, a quién se excluye, definir qué tipo de acto es permitido con la excusa del sistema adversativo o el deber del abogado o la abogada en defender adecuadamente a su cliente son todas manifestaciones de cómo la profesión jurídica se inserta directamente en la maquinaria social y política que produce violencias. Si partimos de eso, tenemos que reconocer entonces que hay un conflicto inherente a la profesión que tenemos que asumir y superar si de verdad queremos convertirnos en agentes de cambio.

Partiendo del entendido feminista de que “lo personal es político” quiero compartir con ustedes tres estampas de experiencias vividas por mí. Las llamo estampas, a propósito, puesto que aunque las experiencias que compartiré son mías, no dejan de ser reproducciones matizadas por mis recuerdos, sentimientos y soledades. Las comparto a manera de reflexión y para incentivar la comunicación.

Estampa 1

Ya se ha problematizado bastante cómo la estructura jerárquica (o la educación bancaria, diría Paulo Freire) en la enseñanza del Derecho puede conducir a la exclusión de las mujeres estudiantes. Trabajos como el de Lani Gurnier en Becoming Gentlemen: Women, Law School and Institutional Change dan cuenta de cómo algunas mujeres se sienten perdidas dentro del sistema de la enseñanza del Derecho, tanto que no se atreven a levantar la mano para contestar preguntas en el aula. Sé lo que algunos de ustedes está pensando: ¡pero si las mujeres de mi clase de Procedimiento Civil no se callan! Tanto ustedes como yo vivimos escuelas de derecho con muchas mujeres estudiantes alertas, vociferantes, curiosas y emprendedoras. Yo misma nunca tuve problemas en levantar la mano para responder qué significa la usucapión. No obstante, cuando Gurnier habla del silenciamiento de las mujeres estudiantes no puedo evitar sentirme identificada.

En mi caso la pérdida de la voz no se manifestó en dejar de hablar en clase ni dejar de levantar la mano para contestar preguntas sino en un claro silenciamiento de mi identidad feminista, esa que, gritaba en silencio, cada vez que el profesor, el mismo profesor, hacía chistes sobre las violaciones a mujeres y el salón entero rompía en risa. O cuando se enteraba de casos de hostigamiento sexual que eran invisibilizados no sólo por los profesores y profesoras sino por sus propios compañeros y compañeras de clase que le reían las gracias al hostigador sólo para no comprometer su nota final. De repente, esa identidad fue silenciada cuando no había foro que la escuchara, cuando las clases con perspectiva de género eran mínimas y con la ausencia de un sistema eficiente para atender quejas de las y los estudiantes. En mis tres años en la Escuela de Derecho comprendí que existía una especie de código del silencio: no se veía, no se hablaba, no se oía nada que no fuera una que otra queja porque X o Y profesor era abusivo…. a la hora de dar las notas finales. La falta de una estructura de solidaridad, colectiva, que apelara a unos principios mínimos de sana convivencia, dónde los chistes violentos y sexistas, por ejemplo, fueran motivo de ALGUN tipo de sanción aunque fuera moral significó para mí motivo de frustración constante preguntándome por qué si levantaba la mano para contestar qué significaba el dolo, no la levantaba para informarle al profesor que sus comentarios me estaban ofendiendo. ¿Por qué no me di de baja? Más aún, ¿por qué seguía matriculándome en sus clases? ¿Dónde estaba mi voz? Sepultada viva bajo una avalancha de casos, la competencia con mis pares y el sincero temor a quedarme sola en mis reclamos. Ese temor era fundando principalmente por la falta de estructura en la Escuela para atender este tipo de situación y por la indiferencia que notaba entre las personas a mi alrededor. Agraciadamente, recuperé mi voz, quiero pensar que justo a tiempo, en mi último año, gracias al movimiento estudiantil, un alza en la matrícula y una huelga controversial.

Estampa 2

Aunque disfruté mucho y aprendí más como oficial jurídico la realidad es que nunca estuve conforme con tener que adscribirme al mito más manoseado de nuestra profesión: la supuesta imparcialidad de la judicatura. ¿Qué se suponía que significara eso? ¿Qué en cuanto entraba al Tribunal dejaba de ser mujer, negra, puertorriqueña? ¿O que dejaba ser la hija de Amelia, asistente dental y de Juan, un jubilado del gobierno de Puerto Rico? Me di cuenta también de que hay algunas identidades más sospechosas que otras. No creo que a ningún hombre blanco y rico se le presuma parcialidad. A ningún hombre se le pide que deje de ser hombre, es decir, a ningún hombre se le exige que deje de pensarse dentro de su género para resolver digamos un caso de hostigamiento sexual. Por eso, cuando se habla de neutralidad o parcialidad dentro del contexto de la resolución de casos de lo que, en realidad, se está hablando es de la perspectiva hegemónica de quien tiene la autoridad de nombrar: la perspectiva del hombre, rico y blanco. No por nada, trabajé para una mujer brillante, con una reputación intachable como profesional, que insistía en que se le llamara juez nunca jueza.

Uno de los momentos más excitantes que, como abogadas, vivimos algunas fue el proceso de confirmación de Sonia Sotomayor como jueza del Tribunal Supremo. Nos conectábamos al internet para ver las vistas en vivo, desde nuestros trabajos, y la pasamos mal cuando su mayor obstáculo fue ser mujer, puertorriqueña y…. soltera. De repente, una jueza que hasta ese momento era reconocida sencillamente como GENIAL era cuestionada sobre su temperamento judicial o si podría resolver los casos desde la neutralidad. Y la propia Sotomayor nos hizo sudar en frío cuando se prestó al juego. En aquel momento, encontré una cita de la feminista Iris Young que quiero compartir con ustedes:

El ideal de imparcialidad genera una dicotomía entre lo universal y lo particular, público y privado, razón y pasión. Es, además, un ideal imposible, porque las particularidades del contexto y la afiliación no pueden ni deben ser removidas del razonamiento moral. Por último, el ideal de imparcialidad cumple funciones ideológicas. Enmascara las formas en que las perspectivas particulares de los grupos dominantes reclaman universalidad y ayuda a justificar las estructuras jerárquicas de toma de decisiones.

Así el mito (o el fraude) de la imparcialidad es otra de las instancias que produce violencia dentro de nuestra profesión, que legitima ciertos prejuicios con resultados nefastos y potencialmente letales como los casos resueltos recientemente tanto por nuestro Tribunal de Apelaciones como el Tribunal Supremo en cuanto a los alcances de la ley 54.

Estampa 3

Como abogada litigante me invitaron a ser parte del equipo de abogados y abogadas que trabajaría pro bono con una comunidad pobre en peligro de desahucio. Entusiasmada fui a la primera reunión de la que no salí corriendo dando un portazo porque estaba muy comprometida con la comunidad. Dos abogados lideraban la reunión. Los abogados, no miento, estaban sentados a la derecha y las mujeres a la izquierda. Los abogados que lideraban la reunión nos dijeron que debíamos tomar turnos o levantar la mano. Comenzó la discusión y sólo las mujeres levantaban las manos para hablar mientras que los hombres se interrumpían los unos a los otros. Me maravillaba, de alguna manera retorcida- lo admito- ver el poder con que uno de los colegas conseguía interrumpir, tranquilamente, mirando fijamente sólo a los dos abogados delante suyo. Y lo que yo escuchaba era “bla bla bla”, y lo que veía era las mujeres con las manos levantadas esperando su turno. Obviamente, salí de allí con la boca seca, el estómago revuelto. Piensen ustedes que era la primera vez que me enfrentaba a un equipo de trabajo tan grande y llegué a temer que no hubiera espacio para mí. El tiempo me enseñó una lección: no te puedes quedar callada, aunque se te acuse de sacar las cosas de proporción, aunque te vengan con el cuento de “'¿Cómo te atreves a decirle machista a Fulano de Tal?” , aunque te digan que no tienes sentido del humor: tienes que confiar en ti, tienes que hablar. Así yo y otras hablamos sobre el asunto, confrontamos la situación, y nos quedamos trabajando por la comunidad.

Las tres estampas que me atrevo a compartir con ustedes refieren a tres momentos históricos distintos en la vida de una sola persona. Si juntáramos nuestras historias, lo más seguro lograríamos un cuadro más exacto de lo que acontece en el día a día de nuestra profesión.

Les invito a no desanimarse. Yo veo, por todos lados, muchas esperanzas. Por ejemplo, en esta misma escuela, ha surgido la OPDEM, una organización de estudiantes para trabajar a favor de los derechos de las mujeres. La importancia del trabajo colectivo no tiene límites. Si lo toman en serio, pueden configurarse en una fuerza importante para lograr a) tener más profesoras que traigan al salón nuevas metodologías pedagógicas más amplias e inclusivas b) tener más cursos disponibles que les ayude a pensar como agentes de cambio dentro del Derecho c) idear más actividades, como esta, que incentive el diálogo de temas difíciles pero urgentes d) contar con un sistema eficiente para la tramitación de las quejas de las y los estudiantes.

El silencio no es opción. Apoyen a sus profesoras cuando sean víctimas del discrimen. Una de ellas, no hace mucho reflexionaba sobre la posibilidad de crear un espacio virtual para hablar del discrimen contra las mujeres en las Escuelas de Derecho.

-¿será que ser profesora de Derecho significa enfrentarse a un cuerpo evaluador compuesto por hombres que se sienten con el derecho, la impunidad e inmunidad de decirle a la profesora a quien evalúa, que su carácter es muy débil o que es muy emocional? ¿o, por el contrario, que su problema es que es MUY fuerte de carácter?

-¿será acaso que ser profesora de Derecho puede significar tener que soportar que un miembro de un Comité de Personal pueda hacerle un comentario impropio sobre su atuendo, sobre cómo está vestida y, más aún, hacerle el comentario sobre lo 'bien vestida' que está y agregue: "Yo creo que estás enamorá"?

-¿será que ser profesoras de derecho pueda implicar que las decisiones institucionales y el 'tomarle el pulso' a cómo la facultad opina, se haga a puertas cerradas y en reuniones en las que las profesoras mujeres están excluídas, porque su opinión y criterio parece no contar?

No se conformen con las preguntas, produzcan las respuestas. NO se queden calladas ni callados. Exijan una escuela de derecho libre de discrimen como parte de su reclamo de un país libre de violencias.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Justicia federal encuentra "evidencia de intención discriminatoria" de la Policía contra las mujeres

Hoy amanecimos con el informe que la División de Derechos Civiles del Dept. de Justicia federal publicara a raíz de su investigación de las prácticas ilegales de la Policía de Puerto Rico. El informe está plagado de atrocidades que no nos toman por sorpresa pero nos atormentan igual. Sobre el apremiante asunto de la violencia doméstica y las agresiones sexuales contra las mujeres, el informe reseña un cuadro terrible y además concluye que en la Policía de Puerto Rico se discrimina contra las mujeres en nuestro país. Aquí les copio la parte al respecto, que se encuentra en la página 62 del Informe. Pueden leer el informe completo AQUI.


Falta de la PPR en Atender Incidentes de Violencia Domestica y Abuso Sexual


Basado en nuestra investigación, tenemeos serias preocupaciones de que la PPR no responde adecuadamente a la agresión sexual en Puerto Rico y no hace suficiente para prevenir y combatir la violencia doméstica cometida por los agentes de la PPR. A pesar de que actualmente no tenemos evidencia suficiente para constatar que la PPR le niega sistemáticamente los servicios adecuados de vigilancia a las mujeres, creemos que hay suficientes indicios de un problema que requiere los esfuerzos de reforma inmediata y sostenida.

Como cuestión inicial, estamos preocupados porque la PPR sub registra agresiones sexuales. Sorprendentemente, Puerto Rico ha reportado históricamente menos violaciones sexuales por fuerza, que asesinatos. Como se ilustra a continuación, el número de violaciones por fuerza reportadas por la PPR ha disminuido drásticamente en los últimos 10 años, de 228 a 39, mientras que los asesinatos han registrado un fuerte aumento recientemente. Puerto Rico se destaca en estas estadísticas, con prácticamente todas las demás jurisdicciones reportando
muchas más violaciones por la fuerza que asesinatos. A nivel local, sólo una pequeña fracción de las ciudades con poblaciones de 100,000 o más reportaron un número significativamente más alto de asesinatos que violaciones. Estas ciudades incluyen a Nueva Orleans y Baltimore, cuyas cifras han sido cuestionadas o desacreditadas.

Serias preocupaciones también se han hecho públicas respecto a la fiabilidad de las prácticas de la PPR sobre la denuncia de delitos y la integridad de las estadísticas de crímenes. Es imperativo que Puerto Rico tome medidas para investigar las denuncias de que supervisores presionan a otros agentes para manipular las estadísticas del crimen, y remediar los problemas identificados con prontitud y transparencia. Puerto Rico también debe garantizar que los crímenes violentos y agresiones sexuales son reportados, reportados con precisión, y que las víctimas reciban apoyo y servicios necesarios.

Una agencia de orden público que sistemáticamente no se ocupa de las necesidades de las comunidades discretas y reconocidas viola la Decimocuarta Enmienda. "[L]a Decimocuarta Enmienda no sólo prohíbe la fabricación o la aplicación de las leyes que restrinja los privilegios de los ciudadanos, pero prohíbe a los estados negar a todas las personas bajo su jurisdicción la igual protección de las leyes. Negar incluye la falta de acción, así como la acción, y negar la igual protección de las leyes incluye la omisión de proteger." Bell v. Maryland, 378 U.S. 226, 311 (1964) (Goldberg, J. concurrente);. Véase también Deschaney v. Winnebago County Dep't of Soc. Servs., 489 U.S. 189, 197, n.3 (los estados no pueden "negar de forma selectiva sus servicios de protección" a ciertos grupos protegidos, sin violar la cláusula de igual protección). La Ley de Calles Seguras, que prohíbe explícitamente la discriminación por razón de sexo, del mismo modo protege a las mujeres de tratamiento discriminatorio.

Para prevalecer en una demanda de igual protección basada en alegada denegación selectiva de protección, “los demandantes deben presentar pruebas competentes de ‘discriminación intencional.’" Hayden v. Grayson, 134 F. 3d 449, 453 (1st Cir. 1998) (citando Washington v. Davis, 426 U.S. 229, 243-44 (1976)). Un demandante debe demostrar que "' el que toma las decisiones. . . seleccionó o reafirmó un curso de acción al menos en parte ‘debido a’ no sólo ‘a pesar de [,] 'sus efectos negativos en un grupo identificable.’" Soto v. Flores, 103 F.3d 1056, 1067 (1st Cir. 1997) (citando a Pers.Adm'r v. Feeney, 442 U.S. 256, 279 (1979)) (aplicación de la norma en el contexto del trato alegadamente discriminatorio de las denuncias de violencia doméstica contra las mujeres). En Soto, el Primer Circuito federal sostuvo que la evidencia presentada era insuficiente para establecer que la discriminación contra la mujer era un factor de motivación detrás de la alegada política de la PPR o la costumbre de ofrecer menos protección a las mujeres víctimas de violencia doméstica, según sea necesario para establecer una violación de igual protección.

El fracaso de la PPR por muchos años de no abordar eficazmente la violencia doméstica y violación en Puerto Rico es clara y, en conjunto con sus deficiencias institucionales, puede llegar al nivel de un patrón y práctica de violaciones de la Decimocuarta Enmienda y la Ley de Seguridad de Calles. De las mujeres asesinadas por sus parejas entre 1991 y 1999, sólo el 17 por ciento tenían órdenes de protección, 2 por ciento tenían órdenes de arrestos en contra de sus agresores, y 4 por ciento tenían órdenes de protección vencidas. 64 Estas estadísticas sugieren que la PPR no está haciendo lo suficiente para asegurarse de que las mujeres que viven bajo la amenaza de la violencia doméstica tomen provecho de los recursos legales a su disposición. En el 2006, la PPR informó que durante el año se cometieron 23 asesinatos de mujeres a manos de sus parejas, colocando a Puerto Rico en el primer lugar de una lista internacional comparando el número de mujeres asesinadas en cada país / territorio por sus parejas por cada millón de mujeres mayores de catorce años. 65 Los datos recientes sugieren que el 2006 no fue una excepción - en 2008, 26 mujeres fueron asesinadas por sus parejas.

El fallo de la PPR en confrontar la comisión de violencia doméstica por agentes del orden público revela una falta de atención a la crisis de Puerto Rico en el caso de delitos de violencia domestica y puede considerarse como evidencia de una intención discriminatoria. Como se expuso anteriormente, la PPR ha fracasado repetidamente en dar medidas disciplinarias adecuadas contra agentes acusados de violencia doméstica. Debido a la ineficiencia de los sistemas de supervisión, la PPR ha permitido que agentes acusados de delitos graves continúen en servicio activo. En conjunto con las estadísticas mencionadas anteriormente, este tipo de control institucional pone en evidencia una falta de voluntad para hacer frente a un problema muy serio en Puerto Rico que puede elevarse al nivel de una violación constitucional.

domingo, 10 de octubre de 2010

-¿será que ser profesora de Derecho significa....

Nos dice Erika Fontánez Torres en su blog Poder, Espacio y Ambiente:

Evidentemente, como sabemos, el mundo de la academia, sobre todo en algunas áreas del saber más que en otras, todavía es un mundo que reproduce la discriminación por género, los estereotipos y que tiene techo de cristal; un mundo en el que las relaciones de poder no son tan patentes pero en el que las mujeres sufrimos la discriminación solapada. El problema de la discriminación por género -está dicho hasta el cansancio- es un asunto relaciones de poder, en el que las prácticas de desigualdad y violencia que se repoducen en todos los micro-escenarios y la academia no está exenta.

Hoy llega a mi atención este blog que detalla anécdotas y experiencias sobre lo que significa ser/cómo se siente ser, una mujer en el mundo de la filosofía: What is like to be a woman in philosophy?. Examinándo el blog no pude sino pensar en la cantidad de anécdotas que una tendría para contar sobre lo que experimentamos y vivimos las mujeres en el mundo del Derecho, en particular, el mundo de la academia jurídica. Se me ocurre que tal vez es hora urgente (sobre todo a falta de reuniones de facultad y de mecanismos institucionales para una gobernanza democrática universitaria), hacer un blog (como este por ejemplo), sobre lo que experimenta(mos) las mujeres profesoras de Derecho: Tal vez ya es hora de hablar abiertamente sobre ¿Qué significa ser profesora de Derecho? y desentrañar las prácticas poco cuestionadas, normalizadas y encubiertas, que no permiten relaciones de equidad y respeto en el mundo de la academia jurídica.

No tengo la menor duda de que habría mucho material para colgar en el blog, pero además, habría mucho que discutir y debatir sobre el tema. Quizá un blog sea la forma, no se, para develar lo que se invisibiliza y no parece evidente, lo que es muy dificil de demostrar y denunciar; quizá ya es tiempo (nunca es tarde) de hablar del asunto abiertamente y sin censuras indirectas, con miras a eliminar de raíz esas prácticas silentes y hasta normalizadas, pero que no por ello dejan de ser discriminatorias y violentas de parte de quienes tienen poder.

Y como muestra de lo que el blog contendría, se me ocurren algunas preguntas, a manera de antesala, solo como muestra de lo que podría ser tema del blog:

-¿será que ser profesora de Derecho significa enfrentarse a un cuerpo evaluador compuesto por hombres que se sienten con el derecho, la impunidad e inmunidad de decirle a la profesora a quien evalúa, que su carácter es muy débil o que es muy emocional? ¿o, por el contrario, que su problema es que es MUY fuerte de carácter?

-¿será que ser profesoras de Derecho puede acaso implicar que profesores, hombres todos, del cuerpo evaluador con poder sobre las profesoras, se sientan con el derecho absoluto de indagar, comentar y prescribir sobre el curso que debe seguir la vida personal de éstas, a manera casi de advertencia, con implicaciones sobre las decisiones institucionales que recomendará?

-¿será acaso que ser profesora de Derecho puede significar tener que soportar que un miembro de un Comité de Personal pueda hacerle un comentario impropio sobre su atuendo, sobre cómo está vestida y, más aún, hacerle el comentario sobre lo ‘bien vestida’ que está y agregue: “Yo creo que estás enamorá”?

-¿será que ser profesora de derecho puede implicar que se le considere discriminatoriamente y sin un derecho igual a la hora de repartir los escasos recursos en tiempos de crisis?

-¿será acaso que ser profesora mujer en una facultad de derecho implique que en reuniones de facultad se les mande a callar y se le diga “pero vas a seguir?!” o se le amenace directamente si continúa hablando?

-¿será que ser profesora de Derecho pueda acaso implicar que en el proceso presencial de evaluación de un curso sobre Derechos sexuales y reproductivos, quien evalúa (hombre, profesor, con poder) intervenga en la clase de la profesora cuando se discute el tema del derecho a interrumpir un embarazo, y la interrumpa y le pida a los y las estudiantes del curso que imaginen ser feto Y mujer, para poder analizar si debe o no proceder el derecho al aborto?

-¿será que ser profesora de derecho puede implicar que los profesores hombres se sientan con el poder de ningunear el trabajo académico de una profesora y dirigirse a ella con violencia discursiva como jamás se atreverían a dirigirse a un colega hombre?

-¿será que ser profesoras de derecho pueda implicar que las decisiones institucionales y el ‘tomarle el pulso’ a cómo la facultad opina, se haga a puertas cerradas y en reuniones en las que las profesoras mujeres están excluídas, porque su opinión y criterio parece no contar?

Sería un buen blog, tal vez debamos hacerlo pronto, muy pronto…



Como mujer, feminista y abogada no puedo menos que sentirme muy preocupada por lo que pretende limitar los trabajos de las mujeres profesoras en el mundo de las escuelas de derecho de Puerto Rico. Viene siendo hora de que trabajemos estos problemas, desde la solidaridad y el activismo.

domingo, 18 de abril de 2010

Obama acaba con la discriminación de las parejas gays en la sanidad

El presidente de EE UU firma un memorando que obliga a los hospitales a garantizarles el derecho de visita y la toma de decisiones en su nombre

DAVID ALANDETE - Washington - 17/04/2010

"Está usted en una ciudad y un Estado antigay", le dijeron a una mujer lesbiana

En muchos casos se prohibía la entrada a personas con poderes notariales

Langbehn lleva luchando por ese derecho desde febrero de 2007, cuando se encontraba, precisamente, en Miami, para embarcar en un crucero. Su pareja desde hacía 18 años, Lisa Pond, se desplomó a causa de un aneurisma. Fue trasladada al hospital Jackson Memorial, que le negó el derecho de visita, a ella y a sus tres hijos adoptados. Pond entró en coma. Langbehn, mientras, se enfrentaba a un laberinto de papeleos y súplicas, sin éxito. Finalmente, después de ocho horas, la dejaron entrar a ver cómo un cura le administraba a su pareja la extremaunción. A la mañana siguiente, Pond murió.

Esta situación ha sido, hasta ahora, común en los Estados en los que no hay leyes que impidan a los hospitales otorgar derechos de visita exclusivamente a cónyuges y parientes con primer grado de consanguinidad, excluyendo a parejas homosexuales. En muchos casos, se prohibía la visita al paciente a personas que no estaban formalmente casadas, pero que disponían de poderes notariales para decidir sobre intervenciones médicas a sus parejas, como en el caso de Langbehn. Ahora, con el derecho a visita, podrán ejercer esos poderes sin traba alguna.

El jueves, Obama criticó duramente esas prohibiciones en su memorando: "A los gays y a las lesbianas se les prohíbe visitar las camas de sus compañeros, con los que han pasado décadas de sus vidas, incapaces de estar ahí para las personas a las que aman". Obama ordena al Departamento de Sanidad que modifique la legislación para que aquellos hospitales que reciben algún tipo de financiación del Estado federal (la inmensa mayoría) "respeten el derecho de los pacientes para elegir a quiénes les pueden visitar". La medida entrará en vigor en los próximos meses.

Langbehn asegura que, cuando intentó visitar a su pareja en el hospital de Miami, un trabajador social le dijo: "Está usted en una ciudad y un Estado anti-gay". En septiembre, un juzgado de Florida desestimó una demanda que interpuso contra el centro médico. El jueves, en un comunicado, dijo sentir un alivio que buscaba desde hace tres años: "Fue reconfortante escuchar las palabras lo siento del presidente, porque es lo que he querido escuchar del hospital Jackson Memorial desde el día en que Lisa murió", dijo la mujer.

La comunidad de activistas gays de EE UU celebró ayer ese memorando como una victoria. "Nadie debería pasar por lo que pasó la familia Pond-Langbehn, y la medida anunciada hoy por el presidente garantiza que esas humillaciones no le ocurrirán a otra familia", dijo Joe Solmonese, presidente de la agrupación gay Human Rights Campaign, en un comunicado.

Las asociaciones conservadoras han criticado la medida. "Hay muchas otras formas de tratar este asunto, como representaciones médicas, poderes notariales o acuerdos por contrato. Pero esto socava la definición de matrimonio, es un ejercicio de oportunismo político por parte del presidente Obama", asegura J. P. Duffy, portavoz de Family Research Council.

A pesar de que no apoya el matrimonio gay (muy pocos políticos en EE UU aceptan que se llame matrimonio a ese tipo de uniones), Obama ha emprendido una serie de medidas largamente esperadas por los homosexuales. En octubre firmó una ley que convierte las agresiones contra los gays y transexuales en crímenes motivados por el odio, equiparando homofobia y racismo. En enero, en el discurso del Estado de la Unión, pidió al ejército que acabe con la ley que impide a los soldados homosexuales revelar su orientación sexual.

Desde entonces, el Pentágono ha endurecido las condiciones a través de las cuales soldados o civiles pueden delatar a un gay en el ejército. Es un primer paso hacia una integración total de los homosexuales en las fuerzas armadas que apoya tanto el secretario de Defensa, Robert Gates, como la cúpula del Ejército.