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martes, 26 de noviembre de 2013

Respuesta a "¿Dónde están los textos de Rocky? de Julio Rivera Saniel

El reconocido periodista Julio Rivera Saniel me ha enviado su columna más reciente para Metro. Y ha pedido mi opinión. Julio me ha entrevistado en múltiples ocasiones y sus espacios noticiosos siempre han estado abiertos para que las organizaciones de derechos humanos y feministas  (yo dirijo dos de ellas: Comisión de la Mujer del Colegio de Abogados y CLADEM de Puerto Rico) tengamos acceso a los medios para exponer nuestras visiones y hacer nuestras exigencias. Me consta, de primera mano, el compromiso de Julio con las mujeres maltratadas, pues fuera del aire y sin mucha fanfarria, me ha referido casos y siempre ha mostrado preocupación.  Así que leí su columna con el corazón abierto y no con un puñal en la mano. 

Sin dudas, la columna en cuestión podría considerarse problemática, desde el punto de vista de las defensoras de la Ley 54.  A partir del caso de Roque José Gallart, mejor conocido como Rocky The Kid, Rivera Saniel reflexiona sobre lo que él entiende constituyen malos usos que algunas mujeres hacen de la ley 54. Nos pregunta: 
¿realmente basta una llamada y un alegato para detener a una persona por un día y luego soltarla porque lo alegado nunca ocurrió? Si la respuesta a esto es sí, entonces, mis amigos, tenemos un problema. ¿Qué pasa con la necesidad de que se denuncie solo lo cierto? ¿No hay consecuencias para quien mienta y active las fuerzas del Estado detrás de una premisa falsa? 

En términos generales, me preocupa que Julio utilice como pie forzao el caso Gallart.  Como él bien reconoce, no tenemos los criterios para exculparlo. En realidad, no sabemos qué pasó. Ni que motivó la querella, ni cómo la mujer se sentía. Lo que sí sabemos es que, en este caso, el sistema aparentemente funcionó, porque después de la entrevista a las partes y la correspondiente investigación no se radicaron cargos. Si la Policía no hubiera actuado como actuó, o si hubiera ignorado la querella y se hubiera quedado de brazos caídos, hubiera abdicado en su obligación legal de actuar con premura y seriedad cada vez que una persona se querella por violencia doméstica. De hecho, entiendo que el proceso rindió frutos: se llegó a un acuerdo sobre cómo se deben dar las relaciones paterno filiales sin que Gallart tenga contacto con la madre de su hijo. En entrevista televisiva, la mujer aparentaba estar tranquila con ese resultado, a pesar de reiterar que se siente maltratada por él. 

Ahora bien, ¿que opino de los llamados abusos de los remedios disponibles en la Ley 54?

Yo trato el tema desde la perspectiva de que el llamado abuso de la Ley 54 es una excepción, no la norma. Es muchísimo más común que mujeres que sí son maltratadas no soliciten los remedios de la Ley 54. Acepto que, como en todo sistema, existen fisuras por las que se cuela la mala utilización de la Ley. Sobre esto último debo señalar que en varias ocasiones he tenido que decirles a algunas mujeres que en su situación de vida no tienen base para solicitar los remedios de la Ley 54. Esto suele suceder, por ejemplo, en procesos de divorcios complejos y hostiles. Es posible que la mujer, en efecto, se sienta maltratada y vulnerada por su ex pareja porque ésta no cumple con sus responsabilidades, porque se tarda en firmar el divorcio, o porque incumple con las capitulaciones post-divorcio. Pero no existe maltrato físico, ni insultos ni amenazas a la integridad de la mujer, sus hijos/as o su propiedad. La mujer, en medio de la desesperación, tal vez piense que como la persona es su ex pareja la Ley 54 aplica para , entre otras cosas, proteger su hogar. No sabe la mujer que para que la ley 54 opere debe existir un patrón de violencia doméstica y que para proteger su hogar, por ejemplo, lo que necesita es una orden del Tribunal que reconozca el hogar seguro (si tiene hijos) o su derecho propietario, si existe una comunidad de bienes. Todos sabemos que las relaciones de pareja son complejas. No siempre terminarán en paz. Ahora, el hecho de que la mujer esté confundida o desconozca sus derechos no quiere decir que, a propósito, activó la Ley 54 para meter preso a su ex pareja. Es muy posible que ella sí se sienta vulnerada y maltratada, aunque- ante los ojos de los propósitos de la Ley 54- no se activen sus remedios. 

Arriba decía que me preocupara que se utilizara el caso de Gallart para hablar sobre este tema. Me preocupa porque de lo que el propio Gallart reconoce es cierto que él utilizó la amenaza - sacar a su hijo y a su ex pareja- del hogar que, por alguna razón que desconozco, él entiende no tiene obligación alguna de garantizar. El tiene justificaciones para repartir sobre por qué hizo lo que hizo, pero amenazar con tirar a una persona a la calle "si no brega bien" no es cualquier cosa y, en determinadas circunstancias, un mensaje como ese sí podría considerarse como un acto de maltrato psicológico. Así:  hizo bien la mujer en querellarse si se sentía amenazada e hizo bien la Policía de Puerto Rico en investigar con premura la situación.  Por cierto, aprovecho para aclarar a quien no lo sepa que nuestro Tribunal Supremo ha reconocido el derecho a hogar seguro a todo menor de edad cuyos padres se hayan separado. Ese hogar seguro podría constituirse con una propiedad privativa del padre o la madre no custodia. Así, Gallart no es el único ni será el único que cede o paga una casa de su propiedad para que hijo tenga un lugar dónde vivir. 

La ley 54 es una herramienta importante para asegurarnos de que las personas maltratadas por sus parejas tengan remedios legales que les protejan. El maltrato tiene muchas caras, a veces sólo reconocibles por la propia víctima. Para evitar los llamados malos usos de la Ley lo que hay que hacer es unirse a los reclamos de las personas que, como yo, nos consideramos defensoras de derechos humanos y de las mujeres. Hay que reclamar del Estado más recursos para que la Policía y fiscalía puedan investigar con seriedad y rapidez las querellas por violencia doméstica. Si eso se hiciera con eficacia en cada uno las querellas, menos mujeres quedarían desprotegidas y, a la vez, cualquier querella  y/o solicitud de orden de protección que no proceda podría quedar en nada en menos de 24 horas como sucedió en el caso de Gallart. 

Y sí, para que la Ley 54 funcione y cumpla con sus propósitos es imperativo que el Estado active un proceso, en cuanto la persona que se siente maltratada, levanta el teléfono o acude al Cuartel para hacer la querella.  Cuando eso no sucede, como- de hecho- no sucede demasiadas veces, la vida de quien hace la querella podría estar en juego. Y si la víctima resultara asesinada, como de hecho pasa demasiadas veces, estaríamos lamentándonos (como Julio ha lamentado y denunciado tantas veces) que los agentes del Estado se hayan quedado cruzados de brazos. 

En lo que va del año más de 18 mujeres han sido asesinadas por sus parejas. Ayer, en una vigilia, las recordábamos a todas. Todavía las defensoras sufrimos el asesinato de Ivonne Negrón Cintrón, la hermana de una de nuestras compañeras. Vivimos en tierra que puede ser sumamente hostil y violenta para las mujeres, por lo que la Ley 54 es una herramienta importante, cuya eficacia depende de quienes la tienen que ejecutar. En vez de enfocar nuestros ojos en las querellantes, es mejor enfocarnos en las obligaciones del Estado de erradicar la violencia contra las mujeres. 


lunes, 25 de noviembre de 2013

El doble asesinato de Ivonne


 “Ella seguía usando las cosas pero no quiso cumplir con su parte, así tú lo ves.”“Ella usaba la droga, usaba el dinero y después no te correspondía.”
Palabras del periodista Luis Guardiola en su entrevista al asesino confeso de Ivonne Negrón Cintrón

A una semana del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, cientos de personas nos movilizamos, tanto en la calle como en las redes sociales, para hallar a Ivonne Negrón Cintrón.  La situación me recordó que hace un año estábamos en las mismas por el joven José Enrique Gómez Saladín.  Al igual que en el caso de José Enrique, la búsqueda me tocaba cerca.  José era un ser querido de una amiga e Ivonne era la hermana de una amiga y compañera del movimiento de mujeres.

Temprano en la mañana del lunes llegó la triste y horrible noticia, comunicada por la propia hermana de Ivonne.  Los detalles, macabros y dolorosos, llegaron después. Ivonne, de desaparecida pasó a ser la víctima más reciente de la ola machista que arropa a Puerto Rico. La frustración no fue poca. He crecido dentro del activismo feminista muy cerca de la mano de Leila, hermana de la víctima; guerrera incansable por la justicia, musa desnuda, activista multada por pintar un mural, ahora coordinadora de vivienda transitoria en Proyecto Matria y una de las compañeras que más admiro en el mundo.

Pudiera utlizar este espacio, como hice cuando el asesinato de José Enrique, para buscar consuelo en usted que me lee; para invitarle a la reflexión; o para invitarle a que no deje de caminar la ruta de los derechos humanos.Sin embargo, esta vez quiero hablar sobre la necesidad de agarrar el toro por los cuernos en cuanto a la cobertura mediática que nuestros principales medios de prensa realizan sobre el fenómeno criminal y, específicamente, los crímenes de odio y género. Ya en otra ocasión lamenté que se refirieran a mi vecino, también asesinado, como un mero sujeto, pues esos clichés periodísticos no se justifican cuando sabemos el nombre y el apellido de la víctima.

Ha llegado la hora de que nos unamos para exigirle a los medios que inviertan recursos y esfuerzos para adiestrar a todos sus empleados y empleadas, en especial a los que van al aire,  sobre la manera correcta de trabajar la violencia en el país. Es injustificable  que por obtener una primicia se explote lo peor de una persona, sus prejuicios y odios, como hizo desafortunadamente Luis Guardiola en su entrevista del asesino confeso de Ivonne. Tampoco se justifica darle trato de “estrella de la hora” a un hombre que evidentemente se sintió y se siente validado para cometer un asesinato porque una mujer no se quiso acostar con él, cual si fuera su propiedad; cual si fuera una cosa sobre la cual podía ejercer el poder desnudo de la violencia. Mucho menos se justifica que el periodista le ponga palabras en su boca; le termine las frases; le regale el “pie forzao” para botar su odio. Más que un periodista, parecía un abogado interrogando a su propio cliente. El valor “noticioso” de dicho intercambio es cuestionable. Después de que se silencia para siempre a un ser humano, lo fácil es hablar por él; arrastrar su reputación; lastimar a sus seres amados, sólo para que la sociedad vea a sus muertos en su peor luz. No veo otro valor noticioso en tal situación que no sea que nos resta mucho trabajo por realizar para sembrar semillas se sensibilidad y solidaridad. De hecho, me consta que cada cierto tiempo colectivos que trabajan desde la perspectiva de género realizan talleres para periodistas. Pero los recursos son limitados. Así como los patronos en Puerto Rico están obligados a asumir una política en contra del discrimen, es imperativo que la asuman la perspectiva de género en sus trabajos. El llamado cuarto poder también tiene responsabilidades con el país, que van más allá de proveer información.

Nadie niega que la vida es compleja. Nadie niega que todas y todos podemos estar, en determinados momentos, en situaciones de vulnerabilidad. Precisamente por eso, los colectivos de derechos humanos reiteramos una y otra vez que no existen víctimas culpables y tampoco víctimas inocentes. Nadie tiene derecho a arrebatarle la vida a otra. El odiante siempre encontrará razones para su odio.[1] Pero queda en nosotros y nosotras, las personas que respetamos los derechos humanos,  contribuir a contener ese odio. No existe excusa válida para prestarle un micrófono a un asesino confeso para que “asesine” a su víctima nuevamente.  

En otros países, existen medios que tienen códigos autorregulatorios; existe también un manual de géneros para periodistas con recomendaciones básicas para el ejercicio del periodismo con enfoque de género, que Proyecto Matria circuló entre los medios la semana pasada.  Me pregunto: ¿quiénes lo habrán leído?

Reconozco que existen medios y, sobre todo, periodistas sensibles, que se preocupan por educarse sobre el tema. Destaco  la cobertura que de la tragedia realizaron Waldo Covas y Manuel Ernesto Rivera para Noticel,  Zugey Lamela de Univisión, y Arys Rodríguez Andino de Primera Hora. En todos esos casos se preocuparon por informar de manera respetuosa y desde los ojos de quien ya no podía defenderse. Sin embargo, hace falta mucho más, pues esto es un asunto medular de nuestra vida como sociedad que no puede depender de que el jefe de noticia le asigne la historia al periodista que sabría como trabajarla mejor.  Esto debe ser un compromiso institucional, que no se limite a un editorial cada cierto tiempo.

Hoy 25 de noviembre, Día Internacional de No más Violencia Contra las Mujeres, en Puerto Rico las mujeres iremos al Tribunal Supremo para denunciar su machismo y entregarle el Permio Garrote  por negarle el derecho a la adopción a una madre lesbiana; más tarde estaremos en un piquete en la Fortaleza para denunciar la violencia machista. Y en la noche nos uniremos en una vigilia por Ivonne Negrón Cintrón y todas las víctimas de violencia machista en la Plaza de Armas del Viejo San Juan.  Queda en agenda trabajar un plan de acción que garantice una cobertura mediática justa y respetuosa de todas las víctimas de violencia machista en Puerto Rico. Como bien dijo la compañera Shariana Ferrer del Movimiento Amplio de Mujeres en entrevista con Suheil Lamela, la tan mencionada perspectiva de género no es sólo deber del Estado, que espera ser implantada en las escuelas. Otras instituciones vitales para nuestra vida en democracia como la Prensa tienen el deber social de educarse y no contribuir al machismo imperante que todos los años nos arrebata la vida de decenas de mujeres.  Se lo debemos a Ivonne; se lo debemos a todas. Ya es hora. Es tiempo.


[1] Léase “Las razones de Amador” de Anayra Santori.

jueves, 5 de septiembre de 2013

La esperanza de la perspectiva de género


ROSA IVELISSE COLLAZO

Ya se sienten los vientos de lo que anticipamos será otra oleada de desinformación en torno a medidas de avanzada para promover la equidad de género. Surgen a raíz del Proyecto del Senado 484 para monitorear el cumplimiento del Departamento de Educación y de la Oficina de la Procuradora de las Mujeres en la creación e implantación de un currículo de género en las escuelas públicas.

El concepto género es considerado una categoría social y de análisis que explica las desigualdades entre hombres y mujeres, haciendo énfasis en la multiplicidad de identidades. La perspectiva de género comprende un conjunto de mecanismos que, al incorporarse de forma deliberada, incide en los programas, leyes, acciones públicas, en los bienes y servicios tendentes a eliminar la desigualdad entre los géneros y las formas de subordinación y dominio.

Según la profesora Ana Irma Rivera, la perspectiva de género es una metodología para explorar las inequidades que usualmente se ocultan en muchas cosas que hacemos. A través de la misma se pretende analizar la forma en que mediante los procesos de socialización (escuela, familia, iglesia, medios de comunicación, etc.) se educa sobre la feminidad y la masculinidad.

Educar con perspectiva de género implica la deconstrucción del montaje de creencias y estereotipos que mantienen el discrimen y la desigualdad social entre los géneros. Integrar esta perspectiva es esencial para generar cambios sociales fundamentales. Contiene en sí misma la semilla de la esperanza pues posibilita la transformación de la situación de opresión que viven las mujeres y la violencia de género, la cual ha sido socialmente construida y por lo tanto erradicable.

En Puerto Rico se observa un clima de resistencia hacia el tema de género. Señala la doctora Vivian Rodríguez que a partir del año 2000 ha habido un resurgir de ataques despiadados en contra del género, las feministas y de todo discurso y proyecto de ley que promueva la diversidad y la equidad entre los géneros. Indica Rodríguez que se ha desatado una nueva condición caracterizada por un miedo irracional al concepto género, o “generofobia”, y la sostienen grupos religiosos, algunos políticos y legisladores, así como ciudadanos particulares. Destaca también la doctora, que los opositores postulan erróneamente que se pretende enseñar homosexualidad y promiscuidad sexual en lo que constituye un reprochable discurso homofóbico y misógino.

La causa de esta “neurosis colectiva” fue la Carta Circular #3 de 2008 para la incorporación de la perspectiva de género en el currículo educativo, según Rodríguez.

Esta iniciativa, la cual constituye una medida de acción afirmativa urgentemente necesaria, no ha podido ser implantada debido a las presiones indebidas del fundamentalismo religioso en los asuntos del Gobierno.

Como señala el sociólogo Samuel Silva el fundamentalismo es un movimiento político-religioso históricamente definido, peligroso para la democracia y los derechos humanos.

Conlleva según Silva, monumentales acusaciones contra la comunidad LGBTT y todo lo que tenga que ver con los derechos de las mujeres.

Por otro lado, no debemos olvidar que en el programa de gobierno del PPD se prometió la incorporación de la perspectiva de género en la política pública educativa y que el voto de las mujeres fue fundamental en la elección de Alejandro García Padilla como gobernador.

El clima de hostilidad hacia la diversidad y la equidad de géneros que se vive en Puerto Rico atrasa, con resultados devastadores para las mujeres y el desarrollo del país, la implantación de políticas de vanguardia. No obstante, consideramos que poco a poco se va creando conciencia de la desigualdad que viven las mujeres y la necesidad de erradicar el problema desde su raíz, es decir, desde la educación temprana.

Los países con más alta participación social de las mujeres, así como de un mayor desarrollo, han combatido la marginación de éstas con acciones democratizadoras y profundas reformas educativas, sociales, económicas y jurídicas.

Urge actuar ahora. No podemos esperar más.

lunes, 13 de mayo de 2013

Revista Cruce: Todas somos Todas


Comparto con ustedes mi columna más reciente para la Revista Cruce.

Desde que nuestro Tribunal Supremo resolvió que la Ley para la Prevención e Intervención con la Violencia Doméstica, conocida como la Ley 54, no aplicaba a parejas del mismo sexo, las personas y colectivos de derechos humanos hemos estado esperando el momento histórico que vivimos hoy. 
Por fin, luego de diez largos años, el legislador Luis Vega Ramos ha presentado una medida que pretende aclarar lo que para muchas personas ya estaba claro: que la Ley 54 se creó para proteger a todas las víctimas de violencia doméstica, sin importar su orientación sexual, su estado marital y su identidad de género. Recientemente, en la vista pública sobre el tema, le comenté al propio Vega Ramos que la Ley 54 es el objeto del deseo de muchos legisladores, tanto así que en lo poco que lleva el cuatrienio ya se han presentado más de treinta medidas para enmendarla.
Pero, ciertamente, los proyectos que tienen que ver con su aplicabilidad son los que más llaman a la acción a los colectivos de derechos humanos y, por supuesto, de los grupos fundamentalistas que quieren imponer sus visiones religiosas como política pública del Estado, algo totalmente prohibido por nuestra Constitución.
Así como el proyecto de Vega Ramos ha contado con el apoyo masivo de diversos sectores de la sociedad civil, nos hemos visto obligados a explicar por qué otras medidas como la de la legisladora María Milagros Charbonier son peligrosas. Tan peligrosas que el legislador José Báez- coautor del Proyecto 488- ha expresado públicamente que considera que tanto su proyecto como el de Charbonier son compatibles. Nada más lejano de la verdad.
La agenda de Charbonier y compañía
En Pueblo v. Flores Flores (2011) el Tribunal Supremo, sobre las premisas interpretativas erróneas de Pueblo v. Ruiz (2003), resolvió mediante sentencia que la Ley 54 no aplicaba al caso de una mujer casada cuyo agresor no fue su esposo. En esa ocasión, el Juez Kolthoff expresó:
“Se entiende que la violencia doméstica incluye los actos de violencia intrafamiliar, siendo los niños y las mujeres los más afectados. Por lo que en términos generales, el concepto se refiere a la violencia entre personas que participan del mismo núcleo familiar y, en la mayor parte de los casos, comparten una misma unidad de vivienda".
Tal como expresé a nombre de CLADEM en las vistas públicas, el proyecto de Charbonier lo que busca es validar legislativamente la interpretación errónea que surge de la opinión en conformidad del Juez Kolthoff. Es decir, hay un reconocimiento tácito de que la interpretación del juez no se ajusta al lenguaje ni a la intención de la Ley 54. Lo hemos dicho ya pero vale la pena repetirlo: La ley 54 no se creó para proteger a la llamada familia nuclear (tipo Papá, Mamá, Pepín, Rosa, Lobo y Mota, como diría el colectivo Humanistas Seculares) sino para proteger a las personas, todas las personas, que son objeto de violencia por parte de sus parejas. Punto.
Si bien es cierto que entre diversos colectivos y personas se han dado debates sobre las mejores maneras de nombrar a la violencia particular que se da en el contexto de una pareja y que entre ellas, hay quienes han hablado de violencia intrafamiliar, lo cierto es que nuestra Ley 54 no está dirigida a atender sólo la violencia que se da dentro del llamado hogar.
La nuestra es más amplia; es una ley de avanzada. Pretende proteger a las personas que resultan agredidas por parte de su cónyuge, ex-cónyuge, una persona con quien cohabita o haya cohabitado, con quien sostiene o haya sostenido una relación consensual o una persona con quien se haya procreado una hija o un hijo, para causarle daño físico a una persona, sus bienes o a la persona de otro o para causarle grave daño emocional”. (Art. 1.3 de la Ley 54) ¿Dónde ahí se habla de familia?
Charbonier, en el proyecto 650 de la Cámara de Representantes, pretende convencernos de que busca ampliar las protecciones de la Ley 54 alterando la política pública del Estado como una en contra del “del maltrato y la violencia doméstica e intrafamiliar por ser contraria a los valores de paz, dignidad y respeto que este pueblo quiere mantener para los individuos, las familias y la comunidad en general” y redefiniendo la “violencia doméstica como un patrón de conducta constante de empleo de fuerza física o violencia psicológica, intimidación o persecución contra una persona por parte de otra persona con quien haya sostenido una relación afectiva, emocional, vinculante y/o  mediante un pacto de convivencia, expreso y/o implícito, por un tiempo razonable y/o indeterminado”.
No hay que ser demasiado maliciosa para darse cuenta que esas enmiendas no sólo apartan al Estado de la política pública detrás de la Ley 54 a favor de la erradicación de la violencia en las parejas sino que complica el panorama interpretativo haciendo referencias sospechosas a “relaciones afectivas” “vinculantes” “pacto de convivencia” “tiempo razonable”. ¿Cuántas víctimas de violencia doméstica podrían quedarse sin protección si una definición así llegara ante el Tribunal Supremo?
Además, cabe preguntarse: ¿será posible que la misma persona que caracteriza la pedofilia como una orientación sexual pueda estar verdaderamente preocupada por ampliar las protecciones de la Ley 54? Pregúntese ¿por qué los grupos fundamentalistas, que reiteradamente se han manifestado en contra de la comunidad LGBTT apoyan la enmienda Charbonier? La respuesta es simple.  Lo que busca Charbonier es desviarnos de la ruta de los derechos humanos para dejar la puerta abierta a otra interpretación errónea y discriminatoria de nuestro Tribunal Supremo.  No lo permitamos.
La identidad de género como supuesta ficha de tranque

Después de diez años de lucha en contra de la violencia e invisibilización de algunas de las poblaciones más marginadas del país, hemos llegado al día de hoy. Además del Proyecto 488 de la Cámara de Representantes, existe el Proyecto del Senado 238 presentado por el legislador Ramón Luis Nieves que pretende prohibir el discrimen contra la comunidad LGBTT. En las discusiones de ambos proyectos, los grupos en su contra han intentando manipular a la Legislatura y a la comunidad en general con la desinformación sobre lo que significa identidad de género.
La manipulación ha llegado a tales niveles que estoy segura de que hay quien piensa que deberíamos renunciar a estar protegidas de la violencia y el discrimen independientemente de nuestra identidad de género. Sin embargo, eso sería invitarnos a conformarnos y a ceder ante el odio y la ignorancia. 
Por años, grupos de acción comunitaria han realizado extraordinarios esfuerzos para educar sobre la orientación sexual y la identidad de género. Una de ellas, la Coalición Orgullo Arcoiris (COA), a través de su coordinadora Olga Orraca, incluyó en su ponencia las siguientes definiciones, las cuales se trabajaron en el Taller Lésbico Creativo (LGBT 101) 1994, Rev. 3/13:
orientación sexual - capacidad que tiene el ser humano de desarrollar relaciones erótico-afectivas con otras personas. La orientación sexual no es un estilo de vida así como no es un estilo de vida ser de una raza o de una nacionalidad.
heterosexual – orientación sexual hacia personas del otro sexo (hombre-mujer).
homosexual – orientación sexual hacia personas del mismo sexo. Este término se refiere tanto a hombres con hombres como a mujeres con mujeres.  Para nombrar a una persona homosexual se utiliza también el término “gay”, que puede incluir a ambos.
lesbiana - define específicamente a la mujer de orientación sexual homosexual (que se relaciona con otra mujer). Este término se usa por razones de visibilidad; podemos llamarla una estrategia política contra la invisibilidad.
bisexual – orientación sexual de una persona que puede desarrollar relaciones erótico-afectivas con personas de su mismo sexo y del otro sexo.
identidad–formas en que se reconoce un ser humano a sí mismo y según las que define quién es.
identidad de género – cómo se identifica una persona, cómo se reconoce a sí misma en cuanto al género (masculino, femenino).  Puede o no corresponder a su sexo biológico (o asignado en su nacimiento). Todas las personas tenemos una identidad de género.  No es una orientación sexual (es personal, interna).
transexual – persona que se identifica y se siente del otro sexo (no biológico o asignado), busca en muchos casos, que su físico sea congruente con su psiquis (sentimientos, emoción y espíritu) utilizando hormonas y/o cirugía; la reasignación de sexo no es necesaria para asumir una identidad.  No es una orientación sexual.
expresión de género – forma en que una persona presenta o expresa su género (comportamiento- actitudes, manerismos, gestos-, intereses, afinidades, ropa, nombre o apodo, entre otros).  No es igual a identidad de género ni a orientación sexual (es externa).
En el caso de la Ley 54 la necesidad de incluir una prohibición de discrimen por identidad de género requiere que entendamos las dinámicas discriminatorias en nuestros tribunales, en la Policía y demás personas e instituciones (públicas y privadas) que están llamadas a actuar una vez una persona es víctima de violencia doméstica. Como ya dije, lo que activa la aplicación de la ley 54 es que la violencia se de dentro de una relación de pareja.  Pero una lectura minuciosa de la ley refleja que existen instancias que trascienden y/o son independientes al marco penal.
Podría darse la situación, por ejemplo, de una mujer transexual, agredida por su pareja, necesite una orden de protección, a través de un mecanismo civil -no criminal- o su Patrono podría solicitarla por ella. Si no garantizamos expresamente, por vía del texto de la ley, que esa mujer o su Patrono tengan acceso a dichos mecanismos la estaríamos dejando completamente vulnerable ante  el discrimen ya documentado de nuestras instituciones.
De hecho, según COA, la Comisión de Derechos Civiles de Puerto Rico dio a conocer en mayo de 2007 los resultados del estudio que realizara sobre homofobia. En el mismo se indica que empleados de las agencias gubernamentales participantes en el mismo (Administración de Familias y Niños, Departamento de Justicia y Departamento de la Policía) mostraban poco conocimiento sobre las comunidades lésbica, gay, bisexual, transgénero y transexual (LGBTT). 
Se manifestaron mitos y estereotipos aún por las personas que expresaron no tener prejuicio hacia esas poblaciones. Hubo referencias, entre otros, a promiscuidad, enfermedad, pedofilia y comentarios estereotipados que señalan que ‘todos los hombres gay parecen mujeres y que todas las lesbianas parecen hombres’¨. Ponencia de COA ante la Comisión de lo jurídico, seguridad y veteranos. 9 de abril de 2013. Pág.4.
En el ambiente tan hostil, violento y discriminatorio que viven las  personas transexuales y transgénero en Puerto Rico cualquier vacío e invisibilización que de ellas surja en la Ley 54 servirá sin duda para generar otras y nuevas violencias. Sobre todo, dejarlas fuera en este momento – en que hemos estado tan cerca de reivindicar sus derechos humanos- sería imperdonable.
Hoy no estamos dispuestas ni dispuestos a dejar a nadie en el camino. La ruta de los derechos humanos no es fácil, nadie lo ha dicho. Tampoco somos inocentes. Sabemos que estas leyes no garantizarán la equidad, pues esa se tiene que vivir y enseñar a distintos niveles, no sólo el legal. Pero estas leyes son un paso importante que debemos dar.
Si nos unimos, firmemente, si apostamos a la inclusión, si nos unimos en medio de la adversidad a pesar de las diferencias y abrazando las diferencias, no habrá piedra que nos detenga, ni legisladora que nos aparte  de la meta. La exigencia es básica pero, no por eso, menos tremenda: todas las personas tenemos derecho a tener derechos.
Todas somos todas. Ese debe ser el mensaje al Gobernador, para que renuncie al miedo a nombrarnos de una vez. Todas somos todas. Ese debe ser el mensaje para los legisladores y legisladores, para que resistan la manipulación. Todas somos todas. Ese debe ser el mensaje para la comunidad en general, para que se una a nuestros reclamos. Todas somos todas, para que nuestro país valga la pena.
Todavía estás a tiempo a unirte a este momento histórico. No lo dejes pasar. Únete. Visita Haz lo correcto por la Equidad de Derechos.

martes, 11 de diciembre de 2012

"Retrovisor" por Mariana Nogales Molinelli






En Humacao, cinco de la tarde, cerca de Patagonia, en un semáforo, miro a través del retrovisor y observo a plena luz del día lo que nunca había visto antes excepto en alguna que otra película.

Lo que voy a relatar no ocupa más de 60 segundos de tiempo de ocurrencia pero para mí parece una eternidad que aun perdura.

El carro de atrás es un Mercedes negro, pasado por varias manos.  Lo ocupan tres personas, un joven y una muchacha que no pasan de los 20.  Un niño o niña que no pasa de 2 años.

El hombre saca su brazo derecho y lo echa hacia el izquierdo como si fuera un saque de tennis y lo descarga hacia la derecha impactando la cara de la mujer que ocupa el asiento del pasajero. La veo abrir la boca grande, llorar como una niña, acercarse al retrovisor del Mercedes y verificar el estado de su cara.  Siento el sonido de la piel hinchándose en la frente el dolor que aumenta hasta convertirse en un ardor al cual ya una se ha acostumbrado.  El infante se queda quieto no hace nada. El hombre dice lo que sospecho que son cuarenta malas palabras, se trepa por la acera, hace un corte de pastelillo y se dirige por la carretera tres en dirección a Yabucoa.

Observo achinando los ojos la tablilla, no puedo descifrarla.  Recuerdo que hace meses tengo que visitar al oftalmólogo para actualizar mi receta de miopía.  Le pregunto a mi hijo si puede verla, descifra una J pero ya el vehículo esta muy lejos, me toca la luz roja y no puedo perseguirlo.

En ese instante en que hace el corte de pastelillo y lo tengo a distancia suficiente para que me escuche, quiero gritarle al menos “cabrón, eso no se hace”, que le voy a llamar a la policía, preguntarle a la mujer algo aunque sea el mal de los reporteros y decirle si está bien.  Miro al lado, mi hijo de 17 años ocupa el asiento del pasajero, mi hijo de 14 ocupa el de atrás.  Pienso que las posibilidades del hombre de tener una pistola son significativas.  No digo nada.  Me siento impotente. Me conformo con tratar de obtener el número de su tablilla, pero mi vista me lo ha impedido y el semáforo también.

Me preocupa la prevalencia de violencia machista en mi país.  Me preocupa la situación en Humacao, Yabucoa, Las Piedras, Juncos y Caguas, de donde proviene la mayoría de mi clientela, como abogada que ve casos de familia.  Podría afirmar que el 95% de los casos que veo en el contexto de divorcios, custodias, relaciones de familia y pensiones están atravesados por la violencia machista.  Me pregunto si soy un imán para este tipo de casos o si en verdad existe un problema de dimensiones epidemiológicas.  No sé, pretendo constatarlo en algún momento con las estadísticas de la policía de la región.

Por el momento escribo esto para desahogarme y me pinto los labios de un vino intenso, posible color que llevará ella en la frente por los próximos días, en memoria del episodio de violencia que ellas han sufrido, y que yo observé ayer en la tarde, desde la distancia segura de un retrovisor.

[La autora es abogada y activista de derechos humanos]

viernes, 14 de septiembre de 2012

Con ese macho a otra parte: Reflexiones sobre el debate (11 de septiembre de 2012)


Por Mariana Nogales Molinelli

La política no es un juego de quién es el más macho. Claro, vivimos en una sociedad que idolatra las peleas de boxeo y los boxeadores, con una pasión por la violencia y la agresión.  Que tiene un historial de violencia discursiva por parte de las personas que ocupan puestos gubernamentales o que aspiran a ocuparlos.  Con un Santini, un Rivera Schatz, un Fortuño y ahora con un Alejandro García Padilla.

No se quién fue que entrenó a García Padilla en las machitudes que tenía que desplegar en el último debate, pero le ha hecho un flaco servicio a nuestro país y también a su candidato.  No me parece que ese sea el estilo de García Padilla, por eso al verlo envalentonado despidiendo esporas de testosterona frente a Fortuño, pensé que no le quedaba  muy bien el papel de macho y que entonces lucía peor.  Que conste que personalmente detesto el estereotipo de macho.

Luego de estos despliegues, Fortuño se canta la víctima cuando todos y todas sabemos que en más de una ocasión ha sido él y su séquita de comulgantes quienes han ocupado la posición de victimarios.
Tenemos un país con un serio problema de violencia y con un serio problema de violencia machista.  Desde las estradas todos gritan que están en contra de la violencia y en contra de la violencia doméstica.  Mas, sin embargo, sus acciones representan estereotipos y formas de abordar las situaciones difíciles precisamente mediante la utilización de violencia.  Son unos expertos en violencia discursiva.  Nos agreden día a día con sus palabras, con sus acciones y en más de una ocasión con su inacción e indiferencia igualmente violentas. 

Por otro lado, es sumamente refrescante escuchar nuevos discursos y nuevos contenidos por boca de los candidatos de los partidos emergentes que en vez de arrancarse las cabezas en debates logran y han logrado en muchas instancias consensos, alianzas y victorias como la recién victoria en el referéndum sobre la fianza.  Ese nuevo discurso que propone que mediante el diálogo y el entendimiento podremos entender que es más lo que nos une que lo que nos separa, aporta a la reconciliación nacional, a la paz y a la esperanza de saber que podemos resolver todas las situaciones que nos preocupan, por lo cual se reducen los niveles de violencia.

En especial quiero reconocer el discurso del Profesor Rafael Bernabe, en su estilo firme pero pausado, con ideas noveles, argumentos inteligentes, sosegados y producto de muchos años de luchas sociales, empatía y academia. 

Otra manera de abordar los problemas que encaramos como sociedad es posible.  Tenemos unos portavoces del cambio de estilos en la política puertorriqueña.  Tan solo tenemos que atrevernos a votar diferente.  Que nuestro voto refleje nuestras aspiraciones de sociedad.  Que nuestro voto envíe un mensaje valiente al status quo.  Que nuestro voto sea nuevamente un NO a la violencia.

Desterrémos de nuestra política a ese macho, que en ocasiones también tiene cara de mujer.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

¿Qué dices, Michelle? de Mari Mari Nárvaez


Hace algunos años Mari Mari Nárvaez escribió esta columna que fue publicada en Claridad y en su blog. Anoche Michelle Obama dio su discurso en la Convención del Partido Demócrata y, nuevamente, su reivindicación de su puesto de "mom-in-chief" como su más importante prioridad levantó preguntas y críticas desde una perspectiva de género. Aquí republico el ensayo de Mari, para nutrir aún más la discusión. VRt


Yo también he soñado con él. ¿Qué mujer de este planeta no lo ha hecho? Barack Obama es el símbolo del hombre ideal de estos tiempos: inteligente, con buen sentido del humor, dulce, amoroso, comprometido con su país, buen padre y esposo pero sin esa insistencia patética propia de los políticos de querer parecer que tienen familias perfectas. Para colmo, es guapo, esbelto y atlético. ¿Qué más se puede pedir?
Políticamente, no tengo falsas expectativas con él pero tampoco soy tan cínica como para decir que no representa algo nuevo y distinto, un cambio que ya ha comenzado a traducirse en lo que debería ser un mundo un poco más justo y equilibrado. Al elegirlo, el pueblo estadounidense demostró un cambio significativo de mentalidad y ya no es ni será el mismo jamás.
Mi obsesión mayor, sin embargo, no es con Barack sino con Michelle, un personaje aún más interesante a pesar de que no posee el multiculturalismo de él, que tanto ha llamado la atención del mundo.
Así de brillante, encantadora y linda como es Michelle Obama -quien según las encuestas, es más popular en el mundo entero que el propio Barack- es también el ejemplo perfecto de lo complejo (por no decir patético) que sigue siendo ser mujer en este mundo. 
Es sabido que las mujeres siempre son mucho más criticadas que los hombres y por muchas más razones. Al político se le critica por lo que hace y por lo que dice. A la mujer se le critica por lo mismo, más por sus capacidades como madre, como esposa, como hija, vecina, amiga, hermana y, por supuesto, por su peso, por la condición de su cuerpo, por su peinado, maquillaje, vestimenta y la de toda su familia.
Yo también observo con interés los bíceps de Michelle y los vestidos que se pone, lo que no significa que no me moleste la constante cobertura mediática sobre su cuerpo y su ropa. El mensaje es claro: puedes ser una super profesional graduada de una Ivy League pero sigues siendo mujer, y las noticias en torno a ti seguirán siendo en primer lugar sobre cómo te ves.
Y aunque creo que los medios son exageradamente frívolos al analizar con tanta obsesión sus vestidos como si ese fuera el epicentro de la noticia, tampoco hay que subestimar que detrás de su forma de vestir hay otra historia muy interesante. 
Hillary Clinton, por ejemplo, es una típica babyboomer, diecisiete años mayor que Michelle Obama. Ambas son mujeres inteligentes, liberales, exitosas en sus carreras, preparadas en universidades Ivy League y esposas de los políticos estadounidenses más carismáticos e inteligentes de los últimos tiempos. La vestimenta de Clinton siempre ha consistido de eso que los diseñadores llaman “that suit”: el típico conjunto de chaqueta/falda o pantalón, inspirado en el gabán masculino. That suit se creó para ayudar a que las mujeres se asimilaran a los hombres lo más posible, con la clara intención de que las tomaran en serio en el mundo profesional. El suit no es más que una versión moderna del viejo disfraz de hombre al que las mujeres más osadas -desde la antigüedad hasta principios del siglo XX- tuvieron que recurrir para poder acceder a la cultura.
La moda de Michelle es mucho más actual. Se basa en el vestido femenino, usa colores vibrantes y luce elegante, sencilla y moderna. No tiene razones para ocultar su mujerilidad y se aleja por completo de la necesidad de mezclarse entre los hombres. Es una expresión de lo que significa ser mujer hoy día en una sociedad capitalista como la nuestra. En efecto, la mayoría de las mujeres se preparan para ser profesionales o al menos trabajadoras y lo hacen tal y como son, cada vez teniendo que imitar menos a los hombres y pensando menos en si se nos penalizará o se nos verá con menos seriedad por ello.
Sin embargo, junto a esta fascinación por el ajuar de la primera dama hay algo más. Las feministas norteamericanas han criticado hasta la saciedad el ‘momification of Michelle Obama’, como alguna de ellas le ha llamado al fenómeno de su domesticación mediática.
En efecto, de ser la mujer vocal y crítica que vimos durante la campaña presidencial, ahora nos encontramos con una igualmente brillante y encantadora cuyas actividades mediáticas principales son sembrar un huerto en los jardines de la Casa Blanca, hablar con los niños, velar por el bienestar de sus hijas, las adorables Sasha y Malia, y pasear por los países que Barack visita.
En efecto, parece que dos cosas le costaron caro: en primer lugar, haber dicho durante la campaña que por primera vez se sentía realmente orgullosa de su país. El comentario le ganó la percepción estereotipada de “angry black woman”, lo cual no es bien visto en la sociedad estadounidense.
En segundo lugar -y muy paradójicamente- la retirada de Hillary Clinton de la carrera primarista también tuvo sus efectos en el destino de Michelle. Mientras la campaña de Obama necesitó una contraparte femenina tan intelectualmente poderosa como Clinton para hacerle la competencia, estuvo bien que Michelle hablara de política pública y de racismo. Lo hacía casi a diario en las cadenas noticiosas más serias de la Nación, y con tanto criterio y elocuencia que el público incluso llegó a verla como una verdadera dupla en la carrera presidencial de Barack.
Tan pronto como Hillary salió de la carrera primarista, Michelle empezó a visitar constantemente programas “femeninos light” como The View, y empezó a hablar de cosas más inofensivas como los catálogos donde compraba su ropa y cómo su marido dejaba las medias tiradas en el piso.
Tan pronto como Barack Obama ganó la presidencia, ella misma se acuñó el título de ‘Mom in chief’ para explicar (una y otra vez) que su prioridad sería ayudar a sus hijas a ajustarse a su nueva vida en la Casa Blanca.
El problema no radica en que esa fuera su prioridad. Es obvio que alguien tiene que velar por el bienestar de las niñas y obviamente el Presidente no va a tener tiempo suficiente para ello. El problema más bien fue la constante repetición de que ESA sería su prioridad, como estableciendo que no estaría involucrada en asuntos de política pública, lo cual seguramente apaciguaba la ‘amenaza’ de que hubiese una mujer negra detrás del trono.
Como dice la periodista Rachel Swarn de The New York Times, (traducción mía) “al enfocarse en su persona doméstica, asegurando así la fascinación por su familia, la Primera Dama y su equipo de comunicadores han emergido como los arquitectos clave de una de las transformaciones políticas más sorprendentes en muchos años. Hace tan solo unos meses, la señora Obama fue descrita por algunos conservadores como una ‘mujer negra rabiosa’ en detrimento de su esposo. Ahora es admirada en todas partes por su calidez y su modo de ser tan vibrante y accesible. Su raza ahora es un asunto más que secundario para muchos estadounidenses. Se adhiere a su guión, pronunciando discursos animados y breves que se alejan de lo controversial. Habla sobre la importancia del voluntariado y sobre las familias de los militares pero rara vez discute asuntos de raza o su interés en influenciar la política pública”.
No se puede negar que Hillary Clinton, sin tener la chispa ni la dulzura de Michelle, nunca asumió públicamente el papel de esposa y mamá doméstica. Seguramente atendió a su hija y la ayudó a ajustarse a su nueva vida en la Casa Blanca pero nunca se hizo definir por esa tarea.
Ahí se establecen nuevamente las grandes diferencias entre una generación de mujeres y la otra. Las babyboomers como Hillary eran madres que resolvían como mejor podían el caos que supone y que siempre supondrá ser madres y grandes profesionales al mismo tiempo.
Para esta nueva generación de mujeres, sin embargo, la maternidad es algo que se exhibe y se discute mucho más. Los hijos son una realidad que no hay que soslayar porque no existe la necesidad de “mezclarse” entre los hombres para acceder a su mundo. Hoy día la mujer llega al lugar de trabajo o a donde sea con toda su realidad: con sus vestidos, con sus intereses y con la realidad de sus hijos abiertamente a cuestas. 
Aunque suene contradictorio, en el fondo creo que, todo esto ha convertido a Michelle en un personaje interesante y complejo. Incluso, tal vez más que por ella misma, por lo mucho que nos reconocemos en ella las jóvenes adultas.
Por un lado, cuando cumplo con ese hábito propio de nuestro género de ser hipercrítica con las demás mujeres, me siento decepcionada con ella por haber asumido el rol de su domesticación. Caramba, me digo, una mujer tan inteligente, independiente y preparada.
Me pregunto realmente qué mensaje nos está enviando. ¿Que la mujer puede ir a Harvard y tener una carrera extraordinaria y desarrollar al máximo sus talentos pero, en el fondo, su primera vocación habrá de ser siempre la de madre?
No estoy pasando juicio sobre ello (eso lo haré en una próxima columna). Sólo me pregunto si eso es lo que nos plantea el modelo de Michelle a las millones de mujeres que la observamos, queriendo contestar así nuestras propias preguntas. ¿Qué nos estás diciendo, Michelle?
Por otro lado, sin embargo, también me divierto con el nuevo rol de la licenciada Obama. Le veo un interesante deje de sedición a sus comparecencias. A veces pienso que nos está tomando estratégicamente el pelo a todos y todas.
El otro día, mientras un grupo de niños y niñas que visitaba la Casa Blanca, conversaba con ella, una niñita le dijo que, cuando fuera grande, quería ser Primera Dama. “No te lo recomiendo. No paga bien”, le contestó Michelle, quien varias veces ha comentado su nuevo estado de trabajadora sin sueldo. (O sea, esclavitud, añado yo).
Otro niño le preguntó si a ella de todos modos le gustaba cocinar para su familia a pesar de que tiene cocineros en la Casa Blanca. Sonará tonto pero este es terreno sensitivo para una primera dama. Todas han sacado pecho como supuestas aficionadas de la cocina que ocasionalmente despachan al cocinero de turno para preparar ellas mismas los alimentos.
Contra todo pronóstico, sin embargo, Michelle contestó al niño que no extrañaba para nada la cocina, que los chefs de la mansión presidencial hacían muy bien su trabajo y ella prefería que las cosas siguieran así.
El día que sembró su huerto orgánico con un grupo de niños washingtonianos, preguntaba constantemente: “¿Creen que ya podemos dar esto por terminado?”
Según David Axelrod, asesor senior del Presidente Obama,  “no diría que estamos tratando de suavizarla. ¿Si hay un esfuerzo para que la gente la conozca? Sí. Queremos que la gente la conozca. Hubo mucha caricaturización de ella durante la campaña”.
No me molesta del todo la domesticación de Michelle. En última instancia, lo doméstico nos une a todos los seres humanos. Todos y todas tenemos desafíos caseros. Cocinar, hacer un huerto, decorar una casa lo más bonita posible, ser esposa, mamá, tía, hija, hermana, y trabajar duro para ganarse la vida es algo que nos une a todas las mujeres y es un tema recurrente entre nosotras. No tiene por qué avergonzarnos el hacer pública esa domesticidad.
Lo que no me encaja es que la imagen actual de la Primera Dama no sea fiel a todos sus intereses.
De hecho, según la escritora de The New York Times, “la imagen que está proyectando la señora Obama no refleja a la primera dama multifacética que, en efecto, es. Obama, una abogada educada en Harvard y ex vice presidenta de un hospital, es también una profesional dura y seria a quien le interesa profundamente influenciar la política pública. Sus máximos asesores están inmersos en las discusiones de políticas en el Ala Oeste de la Casa Blanca pero, sin embargo, esto no se comunica públicamente”.
No parece que hayan dudas sobre su continuo rol en los asuntos públicos  aunque sea subrepticiamente. Entonces, ¿por qué tiene que ser una aportación clandestina?
Lamentablemente, si algo queda claro es que  el ser mujer todavía es algo de demasiada vulnerabilidad social: el lado más fino por donde siempre partirá la soga. No me gusta la victimización de índole alguna, mucho menos por razón de género. Sin embargo, según lo que nos dice Michelle sin decirlo, el sacrificio sigue empezando por ahí.

lunes, 23 de abril de 2012

Cruce- Lo que sueña una candidata y la candidata que soñamos

 Esta fue mi primera entrega para la Revista Cruce. Fue publicada el lunes 2 de abril de 2012.

¡Sorpresa! Tenemos candidata en San Juan. Ahora que la candidatura es oficial, salen los analistas a decir que siempre supieron que Carmen Yulín Cruz Soto sería la escogida. Pues, yo no. Hasta hace pocos días, ella y personas muy cercanas a ella dejaban claro que para San Juan no inventaran, que ella iba a concentrarse en obtener una posición de liderato dentro de la Cámara de Representantes. Pero, Carmen Yulín quería otra cosa. Y lo ha logrado.

El brillo de sus ojos cuando se expresa sobre su candidatura delata una verdadera pasión por la oportunidad que tiene ante sí. Acepto que ese brillo le ganó a mi cinismo y a cierta incomodidad que me había producido unas expresiones que hizo en torno a las candidaturas de otras mujeres dentro del PPD. Más allá de todo, su candidatura marca un episodio importante dentro de la gesta de las mujeres por lograr más espacio político y, por ello mismo, es susceptible de ataques de todo tipo.
De hecho, como activista feminista, las mujeres candidatas suelen ponerme en aprietos. Una quisiera que todas fueran portavoces de la equidad, que todas trabajaran sus carreras desde la perspectiva de género y que todas fueran solidarias con otras mujeres. Pero, sabemos que eso no es así. En Puerto Rico, los principales partidos políticos tienen a mujeres líderes que ignoran por completo los intereses de las mujeres y de ellas mismas. Al decir de Albita, “primero soy penepé, luego feminista”.


En el caso de Carmen Yulín, ella siempre ha reconocido que su entendimiento de los asuntos de género ha estado marcado por un proceso de crecimiento. También ha dicho que está dispuesta a aprender para entender. Eso, de por sí, es un gran adelanto en comparación con la mayoría de sus compañeros y compañeras, quienes son completamente indiferentes al tema o abiertamente opositores al mismo. En el caso del legislador Luis Farinacci, Cruz Soto fue la única de las políticas de su partido que hubiese votado a favor de la expulsión del individuo, de éste no haber renunciado antes.

¿Cón qué soñamos algunas de nosotras en cuanto a candidaturas de mujeres?
Cuando Sila María Calderón se convirtió en gobernadora, siempre tuve muy presente el doble discurso que ella manejaba muy bien: era puro hierro “como un hombre” para tomar decisiones y una “verdadera dama” cuando se le atacaba. Recuerdo muy bien aquellos días, que parecían felices, porque habíamos salido del rossellato y pensábamos que comenzaba una nueva era. Sin embargo, todo duró muy poco. Algún día la ex Gobernadora nos hablará de la verdad detrás de su desencanto, de porqué la gobernación evidentemente no llenó sus expectativas y porqué prefirió retirarse sorpresivamente.

El asunto es que las mujeres con aspiraciones políticas todavía cargan con las consecuencias de las decisiones de Calderón. Y es que uno de los tantos problemas que nos trae la inequidad es que mientras cientos de hombres pueden equivocarse, de las peores maneras, en la política, nadie se atreve a descartar a los nuevos hombres que surgen. Ahora, si una mujer política es percibida como que hizo un mal trabajo (aunque no lo hubiese hecho mal), las mujeres que venimos después tenemos que responder por ella, por nosotras y por las que vengan. Además, ni la presidencia de Victoria Muñoz Mendoza ni la de Calderón significaron para otras mujeres populares un espaldarazo a sus aspiraciones.

Todavía el PPD sigue siendo el partido con menos candidatas mujeres en su plantilla y la Junta de Gobierno sólo cuenta con tres mujeres, además de los espacios ocupados por Mendoza y Calderón, por ser ex presidentas. Brilla por su ausencia en el PPD alguna estructura o gestión institucional que procure atraer más mujeres para liderar ese partido. Por el contrario, aún siendo Carmen Yulín la representante que más votos obtuvo en las primarias de su partido, su correligionario Luis Raúl Torres, “ocupó” la oficina de su supuesto amigo Héctor Ferrer para lograr la portavocía de su partido a puro mollero, tal como lo saben hacer los machistas como él.

Carmen Yulín ya llegó a la candidatura, ¿ahora qué?
En un principio, cuando su partido la ninguneaba, se pensó la candidatura de Cruz Soto como una apuesta de la ciudadanía preocupada por su Capital, más allá de agendas partidistas. Por su propio trabajo, Carmen Yulín cuenta con apoyo de organizaciones sindicales, de la comunidad LGTTB y de algunos grupos feministas, entre otros. Hasta ahora, ese apoyo no ha sido organizado. No existen medidores, por ejemplo, de cómo el mismo se ha traducido en votos, sobre todo, porque me consta que muchos y muchas de quienes la han apoyado no son populares y, por ende, no votaron en las pasadas primarias. Lo que sí me parece claro es que esos puentes de comunicación le han brindado a ella una profundidad filosófica de lo que debe ser la polis y hacia qué quiere y debe trabajar. A cambio del apoyo, ella le ha dado mayor resonancia a ciertos reclamos.

Sin embargo, y precisamente por esos grupos de activismo social no estar organizados entre sí y por el repelillo que muchas de nosotras y nosotros le tenemos a la cuestión político partidista, ese apoyo evidentemente no fue suficiente para que ella se sintiera segura para aspirar a la candidatura por San Juan, aunque su partido no lo quisiera. Cuando nos dimos cuenta de que ella no sería la candidata, entonces llorábamos por las esquinas y un poco le reclamábamos que no hubiera sido “valiente”. Claro, queríamos que ella se sacrificara por nuestros sueños, pero no queríamos trabajar por su candidatura. Y ella, ciertamente, no estaba lista para aspirar a una posición tan importante sin contar con el apoyo de su partido. Tengámoslo claro, Carmen Yulín es popular. No soñemos con otras cosas.

Esos casi 220,000 votos que la pusieron en la cúspide de las pasadas primarias, fueron votos de mujeres y hombres populares, de toda la Isla. Si me obligaran a apostar, yo apostaría a que ella recogió los frutos de ser una de las pocas voces firmes que reiterada y consistentemente se han opuesto a la agenda neoliberal de Luis G. Fortuño. Y ya. Ni los soberanistas deben reclamar que el voto fue un apoyo a la soberanía ni las feministas podemos reclamar que los votos corresponden al género de Carmen Yulín. Sobre todo porque ella misma se ha ocupado de aguar intensamente su discurso soberanista y porque, en días previos a la primaria, dijo tranquilamente que no se debía tomar en cuenta el género de una persona a la hora de votar por ella. Aunque a mí me haya sabido y me sepa muy mal esa declaración, la verdad es que ella así habló. Por ende, fueron esos votos populares los que hoy le entregaron la candidatura. ¿Qué pasará con la Alcaldía de San Juan?

Las mentadas alianzas
Si hay alguna palabra que ha sido manoseada es la palabra “alianza”. El PPD se ha encargado de procurar alianzas en las pasadas tres elecciones que, según sus líderes, se refieren a “voten por mí porque no soy el PNP”. Ya en las pasadas elecciones se llevaron un buen cantazo porque los y las electoras están hartas de ese tipo de manipulación. Y en San Juan sucede, desde hace tiempo, que el voto no afiliado y el independentista decide las elecciones. La vez pasada muchos se quedaron en sus casas porque el candidato popular era como una versión roja del actual alcalde. En vista de eso, ¿puede ganar Carmen Yulín? Claro que sí. Pero, nos necesita a todas y todos, y tendrá que ganarse el voto, puesto que cada día son más quienes le han tomado el gusto a eso de quedarse en casa el día de las elecciones, comprar popcorn y ver el show por televisión.
Para ganar, además, necesitará no sólo un compromiso particular de que votemos por ella. Su campaña no se caracterizará precisamente por el despilfarro de millonarias sumas de dinero en publicidad. Ella misma ha dicho que necesitará el cara a cara por los barrios. Necesitará, entonces, que quienes logremos alguna alianza con ella y su candidatura, salgamos a la calle a hacer campaña por y con ella.

¿Qué podría aportar el movimiento de mujeres?
Creo que es hora de ponernos de acuerdo en cuanto a qué es una alianza.
Dice la Real Academia Española que una alianza es la “unión de cosas que concurren a un mismo fin”. Si en el caso de San Juan, el fin es un proyecto orgánico e integral de una “ciudad”, las mujeres tenemos pedidos que van más allá de que se nos respete nuestro derecho constitucional a pintar carteles en contra de la violencia machista.

Obviamente, no puedo hablar por las otras mujeres ni por el movimiento feminista de Puerto Rico. Pero, se me ocurre que, de entrada, es imposible hablar de un verdadero proyecto democrático sin que la perspectiva de género lo atraviese de principio a fin, es decir, transversalmente. Los asuntos de las mujeres, como a veces les llamamos, son también los asuntos relativos al ambiente, a la seguridad, a la comunidad LGTTB, a la economía, a la vivienda, etc. Eso quiere decir que no se llenarían nuestras expectativas (o al menos, las mías) de una buena plataforma con un mero inciso de algún programa que se titule “Mujeres” y bajo el cual se bosqueje un compromiso superficial con nosotras.
Quisiera también una candidatura que se comprometa, desde un inicio, a que una vez obtenida la administración de la Ciudad, se abriera un espacio ciudadano de comunicación directa con la Alcaldesa en el que los diversos sectores y comunidades podamos incidir en el día a día de la ciudad. Quisiera también una candidata con visión histórica de la importancia de su propia campaña para las otras mujeres que vienen detrás. No puede ser que “ser mujer” no sirva para validar toda una propuesta política, pero sí sirva para requerirle al presidente de su partido que le diga personalmente que es su candidata a San Juan. Quisiera una candidata solidaria y que esté dispuesta a abrir puertas a otras. Que en vez de considerar a otras mujeres como amenazas, las vea como futuras aliadas.
A cambio de un compromiso así, las mujeres organizadas podríamos aportar nuestros conocimientos en organización de base, en campañas mediáticas con pocos recursos, en redacción de escritos. Aportaríamos también nuestro expertise en trabajo social, en medios, en derecho, en psicología, en desarrollo comunitario. Aportaríamos nuestra credibilidad, entrega…y nuestra pasión.
El camino no será fácil. La llamada maquinaria del Partido procurará hacer las cosas siguiendo patrones tradicionales porque supuestamente esos son los que conducen a la victoria. Habrá quienes pretendan reproducir las maneras violentas del Alcalde. Habrá quien pretenda que Carmen Yulín Cruz Soto, una vez más, ponga sus propios deseos por debajo de los del candidato a la Gobernación. Habrá quien le susurre al oído “esos grupos no conocen a San Juan” para que nos descalifique. Esos serán algunos de los retos que Carmen Yulín tendrá que superar para validar su apuesta inicial de que “el poder está en la calle”. Las expectativas son altas y tremendas, tal vez demasiado, pero si alguien las puede cumplir es una mujer.
Lista de imágenes:
1. Imagen del perfil de Carmen Yulín en Facebook.
2. Albita Rivera. (Andre Kang, archivo de Primera Hora).
3. Carmen Yulín y legisladores del Partido Popular Democrático. (Gerald López Cepero, archivo de Primera Hora).
4. Manifestación en la UPR Río Piedras, enero de 2011. (Foto tomada de la cuenta de Facebook de Carmen Yulín).
5. Archivo de El Vocero.
6. Carmen Yulín participa de la marcha contra el Gasoducto. (Archivo de Claridad).
7. Mural contra la violencia machista creado por el Movimiento Amplio de Mujeres de Puerto Rico.
8. Corrección: Meme difundido en las redes sociales en el que se parodia al eslogan de "Llegó papá", el cual aludía a la campaña de Hipólito Mejía por la presidencia de la República Dominicana, y que reproduce los patrones tradicionales sobre cómo se hace politica. (Fe de errata: Se hizo una corrección a la información de esta imagen el lunes, 2 de abril de 2012).