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domingo, 13 de mayo de 2012

Madres del siglo XXI

En promedio, las puertorriqueñas están esperando más antes de ser primerizas y muchas son jefas de familia
madre soltera
Ana Victoria Vizcarrondo junto a su hija Victoriana. (Mariel Mejía Ortiz/ END)

Por Mildred Rivera Marrero / mrivera1@elnuevodia.com
Por amor o admiración, muchos afirman que  “madre solo hay una” como si  esa frase las describiera a todas. Pero, pocos saben cómo son, qué circunstancias históricas  las definen,  qué función cumplen en la evolución de la sociedad.
Un análisis  del Censo del 2010 revela que siguen siendo pilar en  la familia y deja entrever la transformación experimentada por  esas mujeres como grupo poblacional durante la primera década de este siglo. Esperan más para tener su primer hijo, tienen menos hijos, gran parte es jefa de familia y está divorciada, estudian y trabajan.
Una mirada a la vida de tres madres de esta época confirma los números. Pero, además, ofrece explicaciones y matices que escapan a las estadísticas.
Ocurre al hablar con Ana Victoria Vizcarrondo, de 30 años. Tuvo a su hija Victoriana a los 27 años y no quiere tener otro retoño por ahora. Cuenta que es natural de la Península de Cantera, que tiene tres hermanos y que fue la única que estudió, administración de empresas.  A los 17 años comenzó a hacer trabajos de modelaje, lo cual provocó diferencias con su madre y se independizó.



Trabajó por años como vendedora  en diferentes comercios y, luego de estar desempleada por dos años, acaba de iniciar en un trabajo a tiempo parcial. No tiene carro y usa transportación pública. Es jefa de familia y no recibe pensión alimentaria para su hija, por lo que es beneficiaria del Programa de Asistencia Nutricional.
Con mucha determinación afirma que volverá a la universidad,  cambiará su situación   económica y podrá dejar de recibir ayuda del gobierno.
“Me gusta estudiar. Quiero tener mi casa y un trabajo 'full time' como antes. Quiero que mi hija esté en un colegio y tenga actividades fuera de la escuela. Yo no me compro nada. Todo es para la nena. No tengo televisor ni cable”.

 Y no está sola. Su situación es similar a la de miles de mujeres que son madres. Según el Censo del 2010 son las mujeres entre 20 y 34 años las que mayormente tienen hijos, aunque esperan un poco más para tener el primero -la media de edad subió de 22 a 25 años en una década. El igual que Ana Victoria, después de ese primer hijo lo piensan para volver a procrear. En el 2010 la cantidad de nacimientos vivos bajó 30% respecto al 2000 (42,195).

BAJO EL NIVEL DE POBREZA
Aunque, en general, las mujeres estudian más que los hombres y el 41.5% reporta estar trabajando, muchas  son jefas de familia con hijos (más del 60%) y su situación económica las ubica bajo el nivel de pobreza.
No obstante, en esos números subyace el espíritu de lucha la esperanza que mantienen en medio de una situación económica y social apretada.

Yabritza Paz Rodríguez, de 28 años,  ha dado una lección de ello a través de su vida. Su padre la crió a ella y a su hermana desde los tres y seis años, respectivamente, y cuando ella se graduó de cuarto año  fallecieron su abuela, que ayudaba en su crianza, y su madre. También en ese año salió embarazada. Integrante de una familia de bajos recursos,  con un hijo en camino y con otro que nacería un año más tarde, pudo haber claudicado. Escogió  superarse.

“Hice enfermería práctica en un instituto, mientras trabajaba, y mi papá me empujaba. Me decía que yo podía dar más. Me gradué con  3.98 de promedio en cuarto año”, recuerda Yabritza,  también natural de Cantera.

Jefa de familia, con casa alquilada y con una pensión alimentaria para sus hijos de $100, su  papá se encargó de ayudarle con el cuido de sus criaturas para que estudiara y trabajara. Ese respaldo le permitió terminar enfermería graduada y su desempeño académico le ganó una beca y un internado del Hospital Auxilio Mutuo, donde generó ingresos que le permitieron comprarse el primer carro el año antes de terminar. Hasta entonces, se transportaba en guagua pública y el tren.
Recuerda esos años con un mal sabor por los sacrificios.  “Era bien fuerte. Yo estaba en la escuela y los nenes estaban en la escuela  y llegaba a hacer asignaciones y preparar las cosas para el otro día”. Esa rutina continúa, no importa la rotación de turnos de trabajo que tenga ni lo fuerte que puedan ser los retos académicos de sus hijos, que van al colegio María Auxiliadora de Cantera, cuyo costo es viable para ella.
De sus expectativas dice: “Mi meta inmediata es hacer estudios especializados en oncología para adquirir más experiencia. Y quiero mudarme a Estados Unidos para buscar una mejor educación para mis hijos”.
Margarita Cruz, de 25 años y residente en la barriada Las Monjas, también tiene metas.  Su madre murió cuando tenía ocho años y la crió su abuela. Tiene una niña de dos años, vive sola, es jefa de familia,  paga alquiler y no tiene carro.
Trabaja en uno de los  Head Start de su sector, pero quiere terminar el año que le queda para terminar  el bachillerato en Educación y “quiero seguir estudiando la maestría porque con el bachillerato no se hace mucho”.
“Toda mi vida he trabajado desde que estaba en la universidad. Mi abuela me inculcó eso. Nunca he me dejado llevar por las dificultades. Soy una persona positiva y luchadora”, declara.
Esa aspiración de superación de ella y las otras entrevistadas debería ser la del gobierno, según la demógrafa Judith Rodríguez, quien alertó sobre la necesidad de dar más servicios para apoyar a estas mujeres en la crianza de sus hijos. “Si no invertimos en esas primeras etapas, no podemos quejarnos si el niño se convierte en un delincuente”, sostuvo la experta.

domingo, 8 de abril de 2012

La nueva maternidad que desafía al feminismo


Podrían atravesar el techo de cristal del crecimiento profesional, pero eligen quedarse en casa y criarpersonalmente a sus hijos con obsesiva dedicación. El feminismo da la voz de alerta: vivir para los niños no es sustancialmente distinto de vivir para los hombres. ¿Elección libre o regresión cultural?
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Por Juana Libedinsky  | LA NACION
El mal que afecta a las mujeres profesionales americanas ya bien entrado el siglo XXI no es el sexismo sino algo que los grupos feministas -que lo denuncian como algo igualmente peligroso- llaman el "niñismo" (childism) o la "kindergarquía" (kindergarchy).
Es el resultado de una obsesión: ser madres más que perfectas. En Nueva York y las grandes ciudades norteamericanas, esto implica una larga lista de tareas y obligaciones que van desde alimentar a los niños sólo con comida orgánica, llevarlos -personalmente- a cada clase de ballet, mandarín, cocina gourmet para preescolares y violín Suzuki; ni qué hablar a cada práctica de fútbol, béisbol o patinaje artístico después de varias horas de trabajo voluntario en la biblioteca del jardín de infantes. Desde antes de nacer (sin peridural, naturalmente, para evitar químicos), los bebes ya habían sido sobrestimulados con una cantidad de técnicas para que les guste la música clásica y la buena lectura. Y para proteger sus colitas -y el medio ambiente- de lo artificial, los pañales "top" son nuevamente de tela, que hay que lavar a mano y secar al sol.
Con una agenda infantil así, difícilmente una carrera profesional medianamente demandante podría subsistir. Para algunas figuras emblemáticas del movimiento de liberación femenina, vivir para los niños no es sustancialmente distinto de vivir para los hombres, y dan la voz de alerta: los logros de la revolución feminista de los años 60 están ahora en peligro por culpa de estas "buenas madres".
Para la filósofa francesa Elizabeth Badinter, no hay lugar a dudas: "Es un movimiento regresivo dentro de la sociedad que convierte a las madres en esclavas de sus hijos". Elegida en 2010 la intelectual más importante de su país por sus libros sobre maternidad y feminismo, Badinter sostiene que "la nueva imagen de la madre va en contra del modelo por el que luchamos hasta ahora, y vuelve imposible la igualdad entre los sexos e irrelevante la libertad de la mujer".
Y aunque en Francia, por factores culturales y políticos -como las bondades del Estado de bienestar europeo, por ejemplo-, esta nueva ola de maternidad "intensiva" tiene menos impacto que en EE.UU., Badinter destaca en diálogo con La Nacion que esta tendencia se está imponiendo cada vez con mayor fuerza en todo el mundo.
El ojo del huracán, evidentemente, está en EE.UU. y, especialmente, en Nueva York. Aquí Pamela Stone, socióloga del Hunter College de Manhattan y autora del libro Opting Out? Why Women Really Quit Careers and Head Home" (¿Por propia voluntad? Las verdaderas razones por las cuales las mujeres abandonan sus carreras y se van para el hogar), dice que lo que se está viviendo es "la emergencia de un neotradicionalismo" en los segmentos medios y medios-altos de la sociedad, especialmente entre las mujeres que más posibilidades tendrían de acceder a puestos de liderazgo, romper los "techos de cristal" del crecimiento profesional y sentar precedente.
Según estudios que realizó en todo el país con la economista Cordelia Reims, de la misma institución, a mayor nivel de ingreso (y mayor cantidad de recursos invertidos en la educación de las mujeres), mayor es la posibilidad de que, en las parejas donde ambos son profesionales, sólo el hombre continúe con la carrera después de la llegada de los hijos.
"Aunque pasados unos años las madres vuelvan al mercado, en general lo hacen tras haber abandonado sus viejas profesiones en las cuales tanto invirtieron y por las que tanto sacrificaron, pasando a disciplinas más family friendly (por ejemplo, de ser socias de un estudio de abogados vuelven a empezar como maestras). Típicamente esto implica una considerable reducción de sueldo y un empezar casi de cero en la nueva carrera, por lo cual los costos para las mujeres, para los empleadores que invirtieron en ellas y para la sociedad son considerables", subraya.
Pero si esta tendencia deja su huella en la sociedad, también lo hace puertas adentro, en la casa y con los hijos. Infinidad de artículos han salido sobre esta nueva modalidad conocida como "helicopter parenting", en referencia a la actitud de la madre que sobrevuela como un helicóptero por encima del niño, monitoreando todo lo que hace. También se habla de un " micromanagement " de las actividades de los hijos, como si estos fueran una pequeña empresa. La imagen del micromanagement, tomada del mundo de los negocios, no es casual: Stone misma habla de "la profesionalización de la maternidad".
"Al quedarse sin carreras, las mujeres compensan aplicando sus habilidades organizativas y laborales en el hogar, convirtiéndose en supermamás. No dejan el trabajo porque quieren ser supermamás, pero se convierten en supermamás cuanto más tiempo se quedan en el hogar alejadas de las aspiraciones y la identidad que les daba el trabajo. Una de las consecuencias no intencionales de la falta de flexibilidad de las profesiones en EE.UU. es que las mujeres terminan intensificando prácticas de crianza ya intensas en sí", sostiene.
Por supuesto, esta redactora misma puede dar cuenta de amigas ingenieras o economistas en la Gran Manzana que estaban hartas de su trabajo y recibieron encantadas la posibilidad que les daba el primer bebe de abandonarlo todo -algo que, sin niños, hubiera sido considerado socialmente inaceptable y hasta mal visto por los propios maridos aunque éstos pudieran mantenerlas.
Pero más usual es una sensación de ambigüedad. "Con mi primer hijo -confiesa una abogada argentina, madre de tres varones, que tras un posgrado en derecho en EE.UU. ingresó en uno de los despachos más prestigiosos de Wall Street-, pedí trabajar part time . Nunca lograba irme antes de las siete de la tarde, pero igual todos me miraban como a una vaga. En EE.UU. es tan competitivo el sistema que es muy difícil que te respeten si no estás dando el ciento por ciento."
Y agrega: "En la Argentina creo que no tengo ninguna amiga que no trabaje. Pero así como en Europa tenés un sistema de seguridad social por el cual podés tomarte largas licencias de maternidad y hay gurderías accesibles, así como hay apoyo del Estado y las empresas, en la Argentina en general tenés a tu familia, que te salva en alguna emergencia. Acá, en cambio, estamos solas, con maridos que trabajan larguísimas horas. Entre las americanas, casi nadie nació en Nueva York, y lo mismo, tienen a su familia en Milwakee o Pasadena. Eso explica un poco por qué, si no quieren que sus hijos sean criados íntegramente por una niñera -carísima, además-, tienen que dejarlo todo. Sí, hay factores de moda, o culturales detrás de las A-list moms o supermamás, pero una base estructural también".
Lo cierto es que hoy el tema del "helicopter parenting" fascina a los medios y el libro Bringing Up Bébé, que desnuda y cuestiona el fenómeno, es el gran best seller del momento. Su autora, Pamela Druckerman, acaba de ser nominada por la revista Time para la lista de cien personas más importantes de la actualidad. Los estudios de Stone y Reims muestran que, si comparamos con la década del 80, cuando un 25 por ciento de las profesionales con hijos no volvía al trabajo, hoy la situación está mejor: la proporción bajó al 20 por ciento. Sin embargo, lo que Stone marca es que esta cifra en los últimos años no siguió reduciéndose como era de esperar, sino que básicamente se estabilizó.
Pañales de tela
El gran tema que desespera a feministas como Badinter, sin embargo, son los tintes verdes o hipernaturistas que cada vez están más de moda y que ella traduce como una mayor exigencia para las madres. Desde el regreso al parto en casa y los pañales de tela, pasando por el cuestionamiento a las mamás que no amamantan por larguísimos períodos, hasta cosas que pueden ser más triviales como erigirse en las managers de la "carrera" infantil de sus hijos, o lo que traducido sería "colechar"" (compartir la cama matrimonial con el bebe).
"En ausencia de una ideología de recambio para el capitalismo consumista, se está volviendo a la filosofía naturalista, y esta filosofía a la Rousseau se está volviendo en contra de las mujeres", dice Badinter. Porque si bien es cierto que cada vez son más los padres que se quedan en casa, en general sigue siendo la mujer la que lo hace.
Otros simplemente señalan que se trata de una elección de vida y punto, y que hay que celebrar que las mujeres tengan libertad para poder elegir qué modelo de madres quieren ser. Claro está que aquí se trata de mujeres para las que el factor económico no es decisorio.
"Yo elegí no vacunar a mis hijos, y en vez contribuir a su sistema inmunológico dándoles de mamar por un año, entre otras cosas. Por eso, y como podemos vivir del trabajo de mi marido, prefiero no volver a trabajar hasta que no tenga a mis dos niñas y el varón en la escuela para simplificar mi vida", sostiene una argentina que estudió en la Universidad más famosa de Canadá, y tras un paso profesional por México se estableció en Nueva York con su familia.
"Realmente creo que hay una nueva forma de feminismo que se adapta mejor a los tiempos que cambian. Una forma no excluye la otra. Quedarse en casa, amamantar hasta el año, y demás no implica per se negar los valores feministas. Todavía no se ha llegado a una solución perfecta, pero como decía una vieja propaganda americana, "hemos recorrido un largo camino, muchachas", dice con humor.
Para Badinter, el argumento de que es parte de la libertad de elección de las mujeres el quedarse en casa y dedicarse a los niños de la manera más intensiva imaginable no es del todo convincente. "Es una elección legítima si ellas pueden asegurar su independencia económica al dedicarse solo al trabajo del hogar. Cuando todo anda bien en la pareja, este arreglo es una cosa. Pero hoy la realidad es que tantos matrimonios se separan, y que la mamá que queda sola va a tener que subsistir con la pensión alimentaria que consiga de su ex. Lo que una mujer sigue sin tener que olvidar jamás es que su independencia financiera es absolutamente esencial.".

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Contra la tiranía de la madre perfecta

Primero fue Elisabeth Badinster. Ahora, Erica Jong publica sus últimas reflexiones sobre el tema de la maternidad y las mujeres. ¡EXCELENTE! Gracias a Ana Irma Rivera Lassén por el enlace. Me atrevo también a señalar que en mi trabajo Aproximaciones legales-feministas a las interrogantes políticas en torno a la lactancia materna hago acercamientos respecto al tema tratado por Jong. Pueden leerlo aquí.


La escritora Erica Jong reflexiona sobre la maternidad y cómo se ha convertido en una prisión para la mujer moderna

Por Erica Jong

A menos que haya vivido en otro planeta en los últimos 20 años, se habrá dado cuenta de que sufrimos una prolongada orgía de maternofilia. Las estrellas de cine embarazadas muestran orgullosas sus vientres y las coloridas revistas en las cajas registradoras de los supermercados no se cansan de describir la inagotable felicidad de los papás famosos. Tener y criar hijos ha pasado a convertirse en el máximo objetivo en la vida de las mujeres. ¿Qué importa que haya ahora mismo suficientes niños abandonados en el planeta para hacer que la reproducción sea innecesaria? Narcisistas de profesión como Angelina Jolie y Madonna quieren sus propias minirréplicas además de los niños africanos y asiáticos que coleccionan para promocionar su apertura de mente. En los reportajes fotográficos, no suelen aparecer las niñeras que las ayudan. Quieren vendernos la idea de que todo este tema de los bebés es indoloro, fácil y barato.

En Estados Unidos, la Biblia para educar a los niños es El Niño (Desde el nacimiento hasta los 3 años), de los doctores William y Martha Sears, que predica la educación basada en el "vínculo paternal": la madre lleva el bebé a cuestas, duerme con él y se ajusta a sus necesidades. Cómo hacer esto y a la vez ganarse el pan no se discute casi nunca. Simplemente, asumen que una es lo suficientemente acaudalada. Si hay otros cuidadores en el plan, son invisibles. Se supone que la madre y el padre pueden ocuparse de todo. Si a esto le añadimos los dictámenes de las prácticas ecológicas, o sea comidas caseras y pañales de tela, nos topamos con el nuevo ideal. Todo es poco para el bebé.

.También se asume que "madre" y "padre" son términos exclusivos, pese a que en otras culturas se aplican a una amplia gama de tíos, abuelos y otros adultos. El parentesco no es exclusivamente biológico. La cooperación en el cuidado de los niños es obviamente conveniente, pero algunos antropólogos creen que también cumple un propósito mayor: una multitud de cuidadores aumenta las capacidades cognitivas de bebés y niños pequeños. Cualquier familia donde haya padres, abuelos, niñeras y otros adultos involucrados comprende lo rápido que los niños se adaptan. Seguramente esto los prepare mejor para la vida que sólo verse las caras con sus padres estresados. Algunos de estos padres estresados ahora reconocen odiar al doctor Sears y su mujer, calificándolos como meros colonialistas condescendientes enamorados con la violencia noble.

Puede que en el futuro el concepto de "vínculo paternal" sea recordado como una curiosidad, pero hoy en día se da por hecho que podemos perfeccionar a nuestros hijos según cómo los criemos. Muy pocos se cuestionan la idea, y los padres se matan para esculpir hijos excepcionales. Se trata de una carrera altamente competitiva.

Así, no es un milagro que el libro de Elisabeth Badinter, El conflicto: La mujer y la madre, se haya convertido en un bestseller en Francia (pronto será publicado en todo el mundo). Badinter se atreve a poner en duda el vínculo paternal bajo el argumento de que esas expectativas supuestamente benignas victimizan a las mujeres mucho más de lo que lo hicieron jamás los hombres.

Las mujeres ya no sienten sólo que siempre deben estar ahí para sus hijos sino que también deben darles el pecho, preparar sus comidas y lavar sus pañales reciclables. Es una prisión para madres y representa un contragolpe a su libertad, al igual que los movimientos antiabortistas.

Cuando una madre famosa como la supermodelo Gisele Bündchen declara que todas las mujeres deberían estar obligadas a darles el pecho a sus criaturas, está repitiendo una propaganda de "padres verdes", tal vez de forma inconsciente. Las madres ya se sienten lo suficientemente culpables como para que encima les den más normas sobre cómo cuidar a sus hijos. A mí me encantaba dar el pecho. Mi hija lo odia. Las madres deben ser libres para elegir.

En realidad, nada es más maleable que la maternidad. Nos gusta pensar que ser madre es algo inmutable y decretado por la ley natural, pero de hecho ha provocado la aparición de prácticas tan disparatadas como los pagos con bebés y el infanticidio. La maternidad posesiva, casi patentada, que consideramos natural hoy en día habría sido una maldición en otros momentos históricos. Actualmente, la maternidad es una cuestión de glamour y, en ciertos círculos, los niños se han convertido en el accesorio de moda.

¿Acaso es incluso posible satisfacer las necesidades de padres e hijos a la vez? En las sociedades agrarias, cargar a su bebé podía ser la norma, pero la cultura corporativa de ahora apenas da margen para poder dedicar un cuarto a las madres que les dan el pecho a sus hijos. No hablemos siquiera de llevarlos al trabajo. Así que parece que se ha diseñado una nueva tortura para las madres: una serie de expectativas que las hace sentir incompetentes independientemente de la pasión con la que cuiden a sus bebés.

Trato de imaginarme cómo habría sido mi vida si hubiera seguido los consejos de la educación basada en el vínculo parental cuando era madre soltera y principal sostén de la familia. Tendría que haberme llevado a mi hija a mis conferencias, entrando y saliendo de aeropuertos, estudios de televisión y hoteles. Era imposible. Nuestros horarios no podían ser más divergentes. Así que recurrí a las niñeras, dejé a mi hija en casa y me sentí culpable por mi sentimiento imperfecto de apego.

Vivimos tiempos de retraimiento contra las políticas sociales progresistas, y las mujeres que hoy en día persiguen una vida política le deben más a Evita Perón que a Eleanor Roosevelt. Las "mamá oso" tipo Sarah Palin nunca reconocen las dificultades de tener y criar hijos. Tampoco admiten recibir ayuda. El bebé se ha convertido en la herramienta política del momento.

En el siglo XIX, la primera ola de feministas soñaba con cocinas y guarderías comunitarias. Cien años después, lo más cerca que hemos llegado a esas comodidades son las franquicias de comida rápida que engordan a nuestros hijos y las niñeras de familias menos favorecidas que nos ayudan a criar a nuestros niños mientras los suyos están en casa con los abuelos. Nuestras antepasadas estarían consternadas de ver lo poco que hemos transformado el mundo de la maternidad.

Ninguno de esos patrones de maternidad está grabado en nuestro ADN. Ser padres es distinto en diferentes partes del mundo. Nuestro mito cultural es que el cuidado del bebé es sumamente importante y eso ha llevado al concepto de "madre helicóptero", la agobiante supervisión de cada una de las experiencias y problemas del niño y que puede llegar a prolongarse hasta el momento en que se va de casa. También se ha traducido en la omnipresente ansiedad (de padres e hijos) y la profunda decepción que algunos padres sufren cuando sus hijos se vuelven menos manejables durante la adolescencia.

Renunciar a su vida por un hijo crea expectativas que están destinadas al fracaso cuando, de forma inevitable, el hijo quiere distanciarse. Además, estos cuidados hiperatentos tampoco ayudan a criar adultos independientes. Los niños que nunca tienen que resolver problemas por sí mismos llegan a creer que no son capaces de hacerlo.

En las oscilaciones del feminismo, las teorías sobre la crianza de los hijos han jugado un papel importante. Hasta que las mujeres sigan siendo el género más responsable de los niños, somos nosotras las que nos arriesgamos a perder más al aceptar la perspectiva de la "violencia noble" de la maternidad, con sus ideales de apego y naturalidad. Necesitamos librarnos de la culpa sobre nuestros hijos, no incrementarla. Necesitamos que alguien nos diga: "Háganlo lo mejor que puedan. No hay reglas".

Erica Jong es novelista, poeta y ensayista y sus 20 libros se han publicado en todo el mundo. "Miedo a volar" es su novela más conocida, con 20 millones de copias.

martes, 19 de octubre de 2010

Menor acusada de asesinar a su bebé fue abusada por un tío

19 Octubre 2010
9:50 a.m.

Por Javier Colón Dávila/ jcolon@elnuevodia.com

La menor que fue acusada ayer en Mayagüez de asesinar a su bebé de seis meses de gestación señaló este fin de semana a un tío paterno como el padre del recién nacido muerto y de otro pequeño de 2 años, que ella dio a luz cuando tenía 14.

A raíz de la revelación que hizo este fin de semana Paola Rodríguez Acosta, de 16 años, el tío de la menor, identificado como Hernán Rodríguez, fue entrevistado ayer por el fiscal Andy Rodríguez y tendrá que comparecer mañana a la fiscalía de Mayagüez para responder preguntas sobre un posible patrón de abuso sexual. Las autoridades también planifican hacer pruebas de ADN para corroborar la versión de la niña.

Rodríguez Acosta fue acusada como adulta ayer de asesinato en primer grado por presuntamente estrangular a un bebé que acababa de dar a luz en la bañera de su casa en Mayagüez.

Por más de dos años Rodríguez Acosta ocultó la identidad del padre de sus dos criaturas, incluso a sus progenitores Maribel Acosta Rodríguez y Sadí Rodríguez Muñiz, quien trabaja en el Recinto Universitario de Mayaguez,

Al confesar el crimen, la niña dijo que estranguló al bebé de 30 semanas de gestación, porque no quería un segundo hijo sin padre, dijo el agente Manuel Caraballo, del Cuerpo de Investigaciones Criminales (CIC) de Mayagüez. Ni ese bebé ni el mayor, que ahora se encuentra bajo a custodia del Departamento de la Familia, fueron reconocidos por Rodríguez.

Según narró la menor, Rodríguez, de 39 años, procreó a los 36 un varón que ahora tiene 2 años.

Rodríguez Acosta residía desde diciembre con su abuela en el sector Valle Seco del barrio Río Hondo en Mayagüez y se encuentra desde ayer bajo supervisión electrónica, tras ser acusada de asesinato y destrucción de evidencia.

El tío de la menor es propietario del negocio mayagüezano Golden Diamond, una especie de "pub" donde mujeres bailan semidesnudas.

El capitán Jaime Rivera, jefe del CIC de Mayagüez indicó que Rodríguez ya fue entrevistado ayer por el fiscal Andy Rodríguez.

Dijo que se gestionará el levantamiento de material genético en su cuerpo con el fin de realizarle pruebas de ADN para comprobar que es el padre de ambas criaturas.

De negarse a la solicitud, se diligenciaría una orden de un tribunal.

martes, 12 de octubre de 2010

Tener hij@s en la Francia y eso que llamamos equidad...

¿Será que las leyes francesas que incentivan tremendamente que las mujeres tengan hij@s han traido consigo equidad entre los géneros? La respuesta, según este artículo que les copio, les puede sorprender.

Where Having It All Doesn’t Mean Having Equality
By KATRIN BENNHOLD

PARIS — Could there be anything more French than this workout?

Weeks after giving birth, French women are offered a state-paid, extended course of vaginal gymnastics, complete with personal trainer, electric stimulation devices and computer games that reward particularly nimble squeezing. The aim, said Agnes de Marsac, a physiotherapist who runs such sessions: “Making love again soon and making more babies.”

Perineal therapy is as ubiquitous in France as free nursery schools, generous family allowances, tax deductions for each child, discounts for large families on high-speed trains, and the expectation that after a paid, four-month maternity leave mothers are back in shape — and back at work.

Courtesy of the state, French women seem to have it all: multiple children, a job and, often, a figure to die for.

What they don’t have is equality: France ranks 46th in the World Economic Forum’s 2010 gender equality report, trailing the United States, most of Europe, but also Kazakhstan and Jamaica. Eighty-two percent of French women aged 25-49 work, many of them full-time, but 82 percent of parliamentary seats are occupied by men. French women earn 26 percent less than men but spend twice as much time on domestic tasks. They have the most babies in Europe, but are also the biggest consumers of anti-depressants.

A recent 22-country survey by the Pew Research Center summed it up: three in four French people believe men have a better life than women, by far the highest share in any country polled.

“French women are exhausted,” said Valérie Toranian, editor-in-chief of Elle magazine in France. “We have the right to do what men do — as long as we also take care of the children, cook a delicious dinner and look immaculate. We have to be superwoman.”

The birthplace of Simone de Beauvoir and Brigitte Bardot may look Scandinavian in employment statistics, but it remains Latin in attitude. French women appear to worry about being feminine, not feminist, and French men often display a form of gallantry predating the 1789 revolution. Indeed, the liberation of French women can seem almost accidental — a byproduct of a paternalist state that takes children under its republican wings from toddler age and an obsession with natality rooted in three devastating wars.

“At the origin, family policy wasn’t about women, it was about Germany,” said Geneviève Fraisse, author of several books on gender history. “French mothers have conditions women elsewhere can only dream of. But stereotypes remain very much intact.”

Or, as the philosopher Bernard-Henri Lévy put it: “France is an old Gallic macho country.”

France crystallizes the paradox facing many women across the developed world in the early 21st century: They have more say over their sexuality (in France birth control and abortion are legal and subsidized), they have overtaken men in education and are catching up in the labor market, but few make it to the top of business or politics.

Only one of France’s top companies is run by a woman: Anne Lauvergeon is chief executive of the nuclear power giant Areva and mother of two young children.

Having those children is relatively easy in France, one reason Paris seems to teem with stylish career women with several offspring.

At 31, Fleur Cohen has four children and works full-time as a doctor at a Left Bank hospital. As she drops her youngest at nursery in stilettos and pencil skirt you would never guess that she gave birth only three months ago.

Child No. 4 wasn’t “planned,” Ms. Cohen said, but it doesn’t change all that much: Instead of three children, she now takes four on the Metro in the morning and drops them at the public school and subsidized hospital nursery. She joked that children are probably the best way to reduce your tax bill. Irrespective of income, parents get a monthly allowance of €123, or about $170, for two children, €282 for three children and an additional €158 for every child after that. Add to that tax deductions and other benefits, and the Cohens pretty much stopped paying tax after baby No. 3.

Across town, Ms. de Marsac snapped on a plastic glove, inserted two fingers between Clara Pflug’s legs and told her to think of the wings of a butterfly as she contracted her birth canal muscles. The French state offers mothers 10 one-on-one, half-hour sessions of perineal therapy to prevent post-pregnancy incontinence and organ descent — and to improve sex. Ten sessions of free abdominal exercises follow; Ms. de Marsac promises Ms. Pflug a “washboard tummy.”

French women have on average two babies, compared with 1.5 in the European Union overall.

Asked by foreign delegations about “le miracle français,” Nadine Morano, the feisty family minister and mother of three, says bluntly: “We spend the most money and we offer good childcare, it’s as simple as that. Our country understood a long time ago that to reconstruct a nation you need children.”

The 1870 defeat by a much more fertile Prussia led to first efforts to encourage childbirth. Then came the losses of World War I. Since 1920, when the gold Medal of the French Family — to honor mothers of eight or more — was created, expenditure on pro-breeding policies has blossomed. Last year, €97 billion, or 5.1 percent of gross domestic product — twice the E.U. average — went on family, childcare and maternity benefits.

Emblematic in this regard are the “écoles maternelles,” free all-day nursery schools set up a century after the French revolution in part, said Michelle Perrot, a historian, to stamp out the lingering influence of the Roman Catholic Church.

La Flèche houses the oldest école maternelle in France. At 8:30 a.m., parents drop off toddlers as young as two. Classes end at 4:30 p.m. but a free municipal service offers optional childcare until 6:30 p.m. Children are guaranteed a place in “maternelle” from the age of three and 99 percent of them attend.

Katy de Bresson, a single mother of two, called the enrollment of her son Arthur a “mini-revolution.” Free of all childcare costs, she could return to work full-time. “I am a lot happier and a lot more self-confident since then.”

Working mothers being the norm, Isabelle Nicolas, a nurse whose youngest son, Titouan, is in Arthur’s class and who quit work after his birth, feels pressure to return. “I spend a lot of time justifying myself,” she said. “In France you are expected to do it all.”

But ask any mother here whether school had changed the life of her husband and the answer is “non.”

“The school is called ‘maternelle’ for a reason,” said principal Anne Leguen. “In France, children are still considered to be the responsibility of mothers.”

Forty percent of French mothers undergo a career change within a year of giving birth, compared with 6 percent of men. Both parents have the right to take time off or reduce their hours until the child turns three — but 97 percent of those who do are women.

Women spend on average five hours and one minute per day on childcare and domestic tasks, while men spend two hours and seven minutes, according to the national statistics office Insee.

In Paris, Ms. Cohen’s husband is a doctor, too. But she bathes all four children, cooks and does the Saturday shopping — largely, she insists, by choice. “If I didn’t prepare food for my children, I would feel less like a mother,” she said.

At work, meanwhile, she plays down motherhood. She sneaks down to the hospital nursery to nurse her baby son, and tries to stay longer than her male colleagues in the evenings. Otherwise, “everyone will just assume that I’m leaving because of my children and that I am not committed to the job.”

A majority of medical graduates in France are female. Yet all 11 department heads in her hospital are men.

“French men have always been slow to give up power,” said Jean-François Copé, parliamentary leader of President Nicolas Sarkozy’s center-right party, who is defending a bill to oblige companies to fill 40 percent of boardroom seats with women.

The French Republic made “equality” a founding principle, but women were allowed to vote for the first time only in 1945. Since a 1998 law obliged political parties to have an equal number of men and women candidates on their party lists, parties have tended to pay fines rather than comply.

Women leaders come under close scrutiny in what is after all the home of couture. Ms. Morano recalls being mocked on television for wearing the same jacket several times. Ms. Lauvergeon likened her outfit to “armor.”

Four pieces of equal pay legislation have passed since 1972. But in 2009, even childless women in their forties still earned 17 percent less than men.

“A patriarchal corporate culture,” is the main barrier facing women in French companies, according to Brigitte Grésy, author of a 2009 report on gender equality in the workplace.

France is Latin not just in its culture of seduction, but also in its late work hours, Ms. Grésy said. And the disproportional weight of a small number of male-dominated engineering schools in grooming the elites has done its part in excluding women from power. Xavier Michel, president of École Polytechnique, points out that the number of female students has risen tenfold from seven to 70 since he graduated in 1972 — but that leaves it at just 14 percent.

Simone Veil was 18 when French women first voted and 28 when she was allowed to open her own bank account. At 38, as health minister, she pushed through the legalization of abortion. “A lot has changed, but a lot hasn’t,” she says today. More comfort to her than many of the laws in recent years is the fact that more fathers push strollers through her neighborhood.
Ms. Fraisse, the philosopher, says more than two centuries after France got rid of the king as the father of the nation, it needs to get rid of the father as the king of the family. “We had one revolution,” she said, “now we need another one — in the family.”


http://www.nytimes.com/2010/10/12/world/europe/12iht-fffrance.html?_r=1&emc=eta1&pagewanted=print
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miércoles, 2 de junio de 2010

Atisbo de respuestas

Una vez más me veo precisada a cuestionar algunos discursos, entiéndase palabras+ la ideología que las motiva, de algunas personas pro lactancia que me parece ponen en estado de vulnerabilidad a las mujeres madres de Puerto Rico.

Me sirve de trasfondo la lamentable y terrible noticia que sirve hoy de portada en Primera Hora.

Nos presenta hoy el periodico la terrible historia de una madre de 20 años, cuya hija de apenas 14 días de nacida falleció, atrapada entre los cuerpos de sus padres, cuando ambos se quedaran dormidos mientras la madre lactaba a la pequeña. Nos dice la noticia que la joven está desolada y que contestó las preguntas de la prensa estando medicada. El padre, un obrero de la construcción de 37 años, no pudo contestar a las preguntas por el gran dolor que siente. El brazo del Estado, por voz del agente que investigó el asunto, reacciona:

“Es una aparente negligencia de parte de la madre, en medio de un pequeño
descuido, ya que la bebé estaba llorando y la llevó a la cama para lactarla, y
es cuando aparentemente se quedan dormidos y muere por asfixia’

No me sorprende que aunque el Agente acepta que tanto la madre como el padre se quedaron dormidos, sólo habla de la supuesta negligencia de la madre. No me sorprende,porque en este país y en muchos otros las mujeres no hemos logrado trascender la línea divisoria entre nuestra capacidad natural para parir y nuestro deber social para criar ("child bearing" & "child caring"). Tampoco me sorprende, a mi pesar, que el "reportaje" que se encuentra justo al pasar la página: No es malo dormir con el bebé, en que la Dra. Ana Parilla intenta convencernos de
que lo mejor para los y las bebés es dormir en la cama con sus padres, y si no se puede con papá y mamá pues saquemos a papá del cuarto. Total.

Dice la Dra:

Luego de amamantar, la madre debe asegurarse de que el bebé esté acostado
hacia arriba o de lado para evitar el riesgo de sofocación y que no haya colchas
o frisas pesadas, mucho menos que le cubran el rostro al infante.
Para prevenir que el cansancio de los papás ponga en peligro la vida del bebé,
Parrilla recomienda que en esas primeras semanas la madre tome varias siestas
durante el día. “
Cuando bebé descansa, mamá descansa. No es ponerse a hacer las cosas de la casa. Atender un bebé es la tarea más difícil”, expresó.
Recomendó, además, buscar ayuda para las tareas domésticas y no
añadir más cansancio al agotamiento.
“Hay que descansar dentro de lo más
posible”, reiteró. Sugirió que si la madre se siente demasiado exhausta,
acuerde con su pareja dormir en otro cuarto hasta que el bebé pida el
pecho.
El colecho es, para la educadora en lactancia, la mejor manera en que
una madre puede amamantar porque le permite dar el pecho sin interrumpir
dramáticamente su sueño. Parrilla insistió en que no se ha demostrado que el
colecho es peligroso, por lo que no le parece justo recomendarles a los padres
que no lo hagan. Lo que sí es necesario es tomar precauciones.
“Si empezamos a decir que no y no les damos alternativas, lo va a seguir haciendo pero no va a ser un colecho seguro”, expuso la doctora

En un trabajo que está en vías de ser publicado me pregunto sobre las circunstancias particulares de las mujeres lactantes: ¿Trabajan fuera del hogar o sólo se dedican al trabajo doméstico? ¿Están casadas o solteras? ¿A qué clase socio-económica pertenecen? Veo en las palabras que cito de la Dra. Parilla cierto atisbo de respuestas. Madres Solteras, out! (hace referencia a la pareja) Madres pobres, out! (cómo es que se consigue ayuda en el hogar si no es pagando?) Madres trabajadoras? out! (no todas las mujeres trabajadoras somos empleadas con derecho a licencia de maternidad). Con razón, miles de mujeres terminan frustradas cuando no pueden cumplir con su meta de lactar. Al final, ¿qué queda? Mujeres con pareja, cuyas condiciones laborales y socioeconómicas le permiten lactar a sus bebés. Si es así, ya viene siendo hora que dejemos atrás discursos totalizantes sobre las posibilidades de las mujeres madres, cual si sólo existiera un solo tipo de mujer, un solo tipo de madre, un solo paradigma para medir las distintas maternidades. Viendo siendo hora de dejar atrás el binomio buena madre v. mala madre, e invertamos nuestros esfuerzos en construir una sociedad dónde la carga de criar a los y las nuevas ciudadanas no recaiga inequitativa e injustamente sobre los hombros de las mujeres que los paren.

jueves, 13 de mayo de 2010

Mujer entrega a su propia hija a la policía....

y luego la arrestan por el asesinato de su ex pareja consensual. Sí, esto es Puerto Rico.

Maribel Hernández Pérez/Primera Hora

Una mujer que alegó padece de sus facultades mentales y que procreó una hija con un adicto le entregó su bebé de ocho días de nacida a la Policía esta mañana.

La agente Marielis Piñero, adscrita al cuartel de Monte Hatillo, acudió al Concordia Shopping Center en Río Piedras para atender una querella de violencia doméstica, cuando se le acercó una mujer con una beba en brazos y se la entregó diciéndole: “llévensela que no la quiero”.

La mujer, identificada como Jackeline Morales, de 29 años, acompañó a la agente Piñero hasta el cuartel, donde se iniciaron las gestiones con el Departamento de la Familia para que asumiera la custodia protectora de la menor.

Luego de que la agente fue referida a varias oficinas del DF, entre ellas la de Canóvanas, la mujer se cansó de esperar y abandonó el cuartel.

También la policía hizo gestiones con la madre de crianza de Morales, quien dijo que no podía hacerse cargo de la menor.

No fue hasta pasada las 3:30 p.m. que técnicos del Programa de Emergencias Sociales acudieron al cuartel para asumir la custodia de la menor.

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La mujer que el miércoles entregó a su hija recién nacida a una mujer policía del cuartel de Monte Hatillo, fue arrestada hoy tras imputársele el asesinato de su ex compañero consensual, por hechos ocurridos el 4 de agosto del 2009, en kilómetro 15, del sector El Verde, en Río Grande.

Contra Jackeline Morales Crompton, de 28 años, detenida hoy en el centro comercial de los condominios Concordia Gardens, en Río Piedras, pesaba una orden de arresto expedida por el juez José A. Caballero López, con una fianza de $500 mil, por cargos de asesinato y vehículo hurtado.

Por los mismos hechos fue arrestado hoy su compañero consensual y padre de la bebé que entregó a la Policía, identificado como José A. Navarro, de 33 años, cuando acudió al cuartel de Monte Hatillo a averiguar qué le había ocurrido a su pareja.

A su salida de la División de Servicios Técnicos de San Juan, tras ser fichada la mujer con la cabeza baja declaró que le preocupaba su hija, pero no quiso abundar sobre porqué decidió entregarla.

A su vez dijo que no había asesinado a su ex pareja Felipe A. Díaz Quiñones, de 55 años.

Cuando Primera Hora le preguntó si había sido maltratada o abusada por alguna de sus parejas, llorosa apuntó a Navarro.

“Él sí me ha metido en muchos problemas”, sostuvo.

De acuerdo a la pesquisa del agente Ángel Rodríguez, de la División de Homicidios de Fajardo, Morales y Navarro, invitaron a su residencia en el barrio San Isidro en Canóvanas a Díaz Quiñones.

La mujer le había dicho a Navarro que su ex pareja la maltrataba porque la utilizaba como un objeto sexual y en una aparente venganza ocurrió su crimen.

Díaz Quiñones fue golpeado, atado y amordazado y su cuerpo colocado en una bolsa plástica, transportándolo hasta el sector El Verde, donde le rociaron una sustancia volátil y lo quemaron.

“Ella decía que la trataba como un objeto sexual, se lo hizo saber a su compañero consensual y planificó el asesinato de Felipe Díaz”, declaró el agente investigador.

Rodríguez agregó que fue una coincidencia que el mismo día que la mujer estaba entregando a la bebé, se estuviese consultando con la fiscalía de Fajardo la radicación de cargos en su contra.

miércoles, 10 de febrero de 2010

"Necesario buscar un balance" dice la Secretaria de la Familia con relación a las pensiones alimentarias

Vamos a ver. Anteriormente ya he hablado sobre cómo los "nuevos cambios" en el Derecho de Familia que la actual administración ejecutiva ha traido consigo o busca traer tal pareciera que responden a una decidida visión prejuiciada en contra de la causa de las mujeres. De repente, la mujer madre es la enemiga número uno, la embustera que se inventa padres para sus hijos, la aprovechada que busca vivir mantenida por su ex pareja, la otra, la extraña, la mala. ¿Sabía usted que en Puerto Rico existe la fundación Lucha Pro-Padres Convictos Por Pensión? .... Pues bien, muy pronto les hablaré sobre el llamado movimiento de "father's rights" que se está convirtiendo en un fenómeno a nivel global que afecta directamente a las relaciones familiares y como siempre pasa en estos casos, a las mujeres y a sus hijos e hijas.

Aprovecho para hablarles sobre algunas expresiones, representaciones y políticas públicas asumida por la Secretaria de la Familia, Yanitsia Irizarry. Con tantos problemas en el país, me parece que esta funcionaria ha pasado por debajo del radar pero....

Entre las cosas que la he escuchado/visto/leido representar se encuentran perlitas como las siguientes:

* Ante la propuesta de un pseudo periodista de que a las madres de Villas del Sol les quiten a sus hijos e hijas, dijo que eso era una posibilidad. Algún día podré hablar sobre este asunto con mayor amplitud.

* Ha apoyado todas las leyes reaccionarias de la actual administración incluyendo la de nueva ley de paternidad a la que trató de disfrazar como una que adelanta la causa de las madres.

* Es la protagonista de una supuesta campaña pro adopción que se levanta sobre construcciones lescivas sobre la familia nuclear, las tergiversaciones del llamado movimiento "pro vida" y, ciertamente, una visión miope sobre lo que es mejor para nuestros niños y niñas.

En definitiva, es una muy mala Secretaria de la Familia. Pero por ahí anda...

Necesario buscar un balance al adjudicar una pensión alimenticia

La secretaria de la Familia, Yanitsia Irizarry, fue enfática en que se debe buscar un balance entre la razonabilidad y la justicia. (Primera Hora / Vanessa Serra Díaz)

miércoles, 10 de febrero de 2010
Arys L. Rodríguez Andino / Primera Hora

En un año en que por ley se tienen que revisar las tablas que establecen las pensiones alimenticias de los menores, las quejas por la manera en que se adjudican y el encarcelamiento de quienes no cumplen fueron tema dominante en el primer conversatorio sobre la realidad del sustento de menores.

El administrador de la Administración para el Sustento de Menores (Asume) Waddy Mercado, adelantó que la agencia tiene que cambiar el enfoque punitivo.

“Asume no es sólo para recaudar dinero ni para meter a nadie preso”, señaló Mercado, quien reiteró la necesidad de humanizar la intervención de la agencia en el momento de imponer pensiones.

Yanitsia Irizarry, secretaria del Departamento de la Familia, fue enfática en que se debe buscar un balance entre la razonabilidad y la justicia, algo que no se logra cuando se adjudica “una pensión que el alimentante no puede pagar”. “La obligación alimentaria es una obligación legal, pero tiene que venir del amor”, mencionó.

“No se puede ir contabilizando el amor”, sostuvo la funcionaria.

Para la Secretaria, las batallas legales privan al menor de una figura importante, sea el papá o la mamá. “Queremos que las personas que ganen sean las más pequeñas”, dijo en referencia a la finalidad última del Estado que, se supone, sea el bienestar de los niños y niñas.

Con ella coincidió la representante Elizabeth Casado, presidenta de la Comisión de Asuntos de Familia y Comunidades y quien convocó el conversatorio.

“Identificamos que Asume necesita reenfocar el trabajo que hace esa administración y hay que eliminar en lo máximo que el efecto sobre los niños sea negativo”, expuso la legisladora.

Aunque destacó que la pensión alimenticia no se puede dejar fuera de la discusión, señaló que hay otras que tampoco se pueden obviar como la participación de padre y madre en el desarrollo emocional y espiritual de los hijos e hijas.

“Que veamos la responsabilidad del sustento como una cuestión de amor pero como una cuestión moral. La moral no lo establece la ley. El tú relacionarte con tus hijos no lo establece la ley. Si no lo quieres hacer, la realidad es que no obligan, pero moralmente cómo podemos nosotros reforzar esos valores para que no sea solamente el aspecto económico el que nosotros trabajemos con relación al desarrollo de nuestros niños”, planteó Casado.

El presidente de la fundación Lucha Pro-Padres Convictos Por Pensión, Valentín Valdés Ayala, fue el primero que tomó un turno para manifestar lo que él entiende es una injusticia. Para él, nadie debería llegar a la cárcel por tener una deuda en Asume, por lo que recomendó que se hiciera una nueva legislación para evitar que eso ocurra.

El presidente y portavoz de la entidad, cuyo lema es En prisión no somos una solución, afirmó que actualmente hay 246 personas confinadas por deudas de pensión alimenticia.

“Si papá debe a mamá $100 o $500 o $1,000, que no lo ingreses. Lo hacen perder el trabajo”, denunció el hombre que estuvo preso, precisamente, por pensión alimenticia y ahora trabaja para sacar a otros que atraviesan por lo mismo.

Tanto Casado como Mercado agradecieron la información que salió a relucir en el conversatorio y, aunque destacaron la necesidad de ser sensibles en la evaluación de las tablas de pensión, fueron claros en que no se puede llegar al extremo de que se elimine la parte punitiva.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Por ahí viene el Bebé Glotón (!!!!)

Se dijo aquí primero. Y ahora el "Bebé Glotón" amenaza con aterrizar en Puerto Rico y ya las voces, algunas conocidas, otras ni tanto, están abriendo sus brazos a la muñeca porque, al fin y al cabo, "Ya es hora de que se vea como algo normal y que las niñas y niños aprendan que el rol de los pechos es producir leche para sus infantes" (Pionetti, Y.)

Según la nota que les reproduzco abajo, la crítica a la muñeca se ha centrado en que supuestamente "sexualiza" a las niñas. POR FAVOR. Si Carmen M. Trelles Hernández me hubiera preguntado a mí, la crítica hubiera sido otra. El problema con la muñeca no es que sexualiza a las niñas, el problema es que las hace pensarse "madres" y luego "madres lactantes". Y que eso se acepte así como si fuera la cosa más "natural" del mundo(en vez de una decisión, como otra más, dentro de un marco social y cultura en específico), lo que evidencia es que, en efecto, estamos echando hacia atrás, en vez de hacia adelante. Vean además a la psicologa que, de plano, dice que la muñeca no sexualiza a las niñas porque "la lactancia debe ser vista tanto por los niños como las niñas como algo natural". Me pregunto qué de "natural" hay en que una niña se eche encima unos pezones falsos disfrazados de margaritas, para pegarle los labios de un muñeco que la reclama a los llantos. Si, en serio, queremos combatir la hipersexualización de los senos de las mujeres... si EN SERIO queremos hacerlo, tendremos que hacerlo desde una perspectiva emancipatoria, que no pretenda sustituir una esclavitud por otra. Los senos de las mujeres son DE LAS MUJERES. Ni para sexo ni para alimentar, son para lo que ¡¡¡¡A ELLAS LES DE LA GANA QUE SEAN!!!!

Aquí el único sincero es el manufacturero de la muñeca, que felizmente nos dice que "buscaba algo innovador y vio que había una oportunidad en el área de la lactancia". Pues, claro que había una oportunidad. El Capital siempre encuentra oportunidades. Pero ¿quién lo contrarresta?

Una muñeca lactante
viernes, 11 de diciembre de 2009 Carmen M. Trelles Hernández / Para Primera Hora
Lloran, gatean y hasta les crece el pelo, definitivamente hay muñecas para todos los gustos. Ahora a la lista se suma el Bebé Glotón, la primera bebé lactante que busca reemplazar el tradicional biberón por un juego que simule la lactancia.
Bebé Glotón ha dado de qué hablar desde que se lanzó al mercado europeo. Ahora, con su debut en Estados Unidos el pasado mes de octubre -y se espera que en el nuevo año en la Isla- siguen las controversias.
Manufacturada por la casa de juguetes Berjuan, este juguete quiere llenar un vacío en el mercado. César Bernabeu, director comercial y de mercadeo de Berjuan, explica: “Buscábamos crear algo totalmente innovador y vimos que había una oportunidad en el área de la lactancia”. Cómo funciona
La muñeca incluye un bobo y un babero, con dos margaritas en el lugar en el que van los pechos de la niña para simular la lactancia.
La niña debe ponerse el babero sobre la ropa y la muñeca llora hasta que se la acerque. Entonces, al colocarla cerca de los sensores en las flores, moverá la boca como si estuviera mamando y luego se oyen los sonidos característicos de un bebé. Al separarlo, el bebé llora y entonces la niña debe sacarle los gases haciendo que ría y hasta que diga “mamá”.
Sobre el juguete, Bernabeu explica: “Durante el proceso de elaboración surgieron muchas ideas de cómo simular el acto de dar el pecho. Sin embargo tuvimos que apostar por algo atractivo, fácil y muy suave para evitar futuras polémicas”.

La controversia
El juguete está dirigido a niñas de tres a 10 años y, algunos, lo interpretan como un “acto de sexualización”.

Tras aparecer en el Today Show y postear el vídeo de demostración en YouTube, las críticas en Estados Unidos y el Reino Unido no se hicieron esperar. Los padres lo han descrito como algo “desagradable”, “inapropiado”, que ha retrocedido los movimientos feministas por 150 años.

El Daily News llevó a cabo un sondeo y sólo 9% de los participantes dijeron que no tendrían problemas con que sus hijos jugaran con el bebé lactante.

La Dra. Coralee Pérez Pedrogo, psicóloga clínica, explicó que los juguetes se evalúan según la etapa del desarrollo de los niños. “En la etapa de niñez temprana, de los tres a seis años, lo más apropiado es que los juegos vayan dirigidos al desarrollo de destrezas motoras y del lenguaje. Se espera que lleven a cabo juegos de imitación, que fomenten su imaginación y fantasía. Mientras que en la etapa de la niñez intermedia, entre los 6 y 12 años, deben realizar actividades menos supervisadas que les permitan ir ganando un mayor sentido de autonomía (...) Dentro de este contexto, no considero que esta muñeca sea un intento por sexualizar a las niñas desde temprana edad. La lactancia debe ser vista tanto por los niños como las niñas como algo natural”.

Incluso, Pérez Pedrogo explica que de verse como un intento por sexualizar, entonces deberían evaluarse todas las muñecas en el mercado.

Por su parte, la Dra. Yvette Piovanetti, pediatra y especialista en lactancia, fundadora del Proyecto Lacta, reiteró que los “bebés nacen para ser amamantados. Ya es hora de que se vea como algo normal y que las niñas y niños aprendan que el rol de los pechos es producir leche para sus infantes”.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Una de estas cosas NO es como la otra...

"En el Puerto Rico de hoy, asediado por la violencia, el maltrato de niños y la cultura del biberón, es necesario un libro como este."

-pediatra en su crítica positiva al libro La Guía Práctica para una lactancia exitosa de la Dra. Ana Parilla.

lunes, 13 de julio de 2009

Dangerous Resentment

Judith Warner blog

Two years ago in June, Bridget Kevane, a professor of Latin American and Latino literature at Montana State University, drove her three kids and two of their friends — two 12-year-old girls, and three younger kids, age 8, 7 and 3 — to a mall near their home in Bozeman. She put the 12-year-olds in charge, and told them not to leave the younger kids alone. She ordered that the 3-year-old remain in her stroller. She told them to call her on their cell phone if they needed her.

And then she drove home for some rest.

About an hour later, she was summoned back to the mall by the police, who charged her with endangering the welfare of her children.

“Be quiet,” she was told, as she scrambled to explain herself, and a policeman threatened, as Kevane describes it in the current issue of Brain, Child: The Magazine for Thinking Mothers, “that if I ‘went crazy’ on him, he would handcuff me right in front of the children and take me away to jail for the night.”

The children were fine — “smiling, eating candy” — or were, at least, until the police decided to make an example of their mom.

The city attorney who took on Kevane’s case decided to do the same thing. She refused to hear of slapping Kevane on the wrist or accepting a guilty plea for anything less than “violating a duty of care,” a child endangerment charge punishable by jail time.

Now, we can debate until we’re blue in the face whether or not Kevane should have left those three young children alone with the 12-year-olds. The pre-teens in question, it seems pretty clear, didn’t have the maturity to be entrusted with the care of younger kids; despite what Kevane calls their solid “experience” babysitting, they ditched their charges in the purse section by the cosmetics counter in Macy’s while they went off to try on some shirts, setting off the whole sorry adventure with law enforcement.

That still doesn’t mean that Kevane’s error in judgment adds up to anything like child endangerment.

The issue I want to take up today, however, is not that of tricky choices, or over- or under-involved parenting, questions that have already been discussed with much gusto elsewhere. What really sent my head spinning after reading Kevane’s story was the degree to which it drove home the fact that our country’s resentment, and even hatred, of well-educated, apparently affluent women is spiraling out of control.

The prosecutor pursued her child endangerment case ultra-zealously because she “said she believed professors are incapable of seeing the real world around them because their ‘heads are always in a book,’” Kevane writes. “I just think that even individuals with major educations can commit this offense, and they should not be treated differently because they have more money or education,” the prosecutor wrote to Kevane’s lawyer.

Kevane reflects, “I now realize that her pressure — her near obsession with having me plead guilty — had less to do with what I had done and more to do with her perception of me as an outsider who thought she was above the law, who had money to pay her way out of a mistake, who thought she was smarter than the Bozeman attorney because of her ‘major education.’ This perception took hold even though I had never spoken one word to her directly. Nor did I ever speak in court; only my lawyer did. I was visible but silent, and thus unable to shake the image that the prosecutor had created of me: a rich, reckless, highly educated outsider mother who probably left her children all the time in order to read her books.”

This simmering resentment is common and pervasive in our culture right now. The idea that women with a “major education” think they’re better than everyone else, have a great sense of entitlement, feel they deserve special treatment, and are too out of touch with the lives of “normal” women to have a legitimate point of view, is a 21st-century version of the long-held belief that education makes women uppity and leads them to forget their rightful place. It’s precisely the kind of thinking that has fueled Sarah Palin’s unlikely — and continued — ability to pass herself off as the consummately “real” American woman. (And it is what has made it possible for her supporters to discredit other women’s criticism of her as elitist cat fighting.)

The idea that these women really should “be quiet” comes through loud and clear every time. Men, you may or may not have noticed, are virtually never accused of “whining” when they talk or speak out about their lives. When well-educated, affluent men write about other well-educated, affluent men — and isn’t that what most political reporting and commentary is? — they are never said to be limited by the “narrowness” of their scope and experience. Well-educated fathers are not perceived as less real, authentic or decent than less-educated fathers. Even professor-dads, as far as I can tell, don’t have to labor to prove that they’re human.

The idea that women with “major educations” are somehow suspect, the desire to smack them down and tell them “to be quiet” is hardly new. At the end of the 19th century, as increasing numbers of women began for the first time to pursue higher education, a campaign began, waged by prominent doctors, among others, against these new unnatural monsters, whose vital energies were being diverted from their wombs to their brains. In the last quarter of the 20th century, feminists were routinely delegitimized as brainy elitists ignorant of and unconcerned with the plight of ordinary women.

It made no difference how much work groups like the National Organization for Women did on behalf of battered or economically powerless women. It made no difference how much advocacy was done for legislation promoting pay equity (a particularly acute problem for women at the lower end of the economic spectrum) or for affordable child care. The media — then as now — was interested only in more educated, more affluent women, and so it was these women who came to define the women’s movement in the popular imagination. And it was these women, too, who came to be identified with social change, and who came to be despised when that change proved frightening and difficult.

This is why Palin — in her down-home aw-shucks posturing — is the 21st-century face of the backlash against women’s progress. This is why Kevane could be threatened and humiliated in front of her kids, menaced with jail time and ultimately railroaded into cutting a deal with the prosecution, once she realized she’d never be popular enough with local jurors to have a shot at making a successful not-guilty plea in court. (Paradox of paradoxes, as part of her deferred prosecution agreement, she was sentenced to even more education: in the form of a parenting class.)

The hatred of women — in all its archaic, phantasmagoric forms — is still alive and well in our society, and when directed at well-educated women, it’s socially acceptable, too. Think of this for a second the next time you’re inexplicably moved to put an “elite” woman in her place.

Enlace: http://warner.blogs.nytimes.com/2009/07/09/dont-hate-her-because-shes-educated/?em

Simone de Beauvoir y el acto de amamantar

Hay mujeres para quienes las alegrías del embarazo y la lactancias son tan intensas, que quieren repetirlas indefinidamente; tan pronto como destetan al bebé, se sienten frustradas […] [La mujer] [y]a no es un objeto sometido a un sujeto; tampoco es un sujeto angustiado por la libertad, sino esa realidad equívoca que se llama vida. Por fin, su cuerpo es de ella, puesto que es del hijo que le pertenece. La sociedad le reconoce su posesión y la reviste, además, de un carácter sagrado. El seno, que antes era un objeto erótico puede exhibirlo ahora, porque es fuente de vida, hasta el punto de que hay cuadros piadosos que nos muestran a la Virgen Madre descubriéndose el pecho para suplicar a su Hijo que salve a la Humanidad. Enajenada en su cuerpo y en su dignidad social, la madre tiene la sosegadora ilusión de sentirse un ser en sí misma, un valor perfectamente logrado.




Texto:
El Segundo Sexo, Simone de Beauvoir (1949)

Obra:

La Virgen de la Leche
L. Asenjo (1864)
Museo de Porta Coeli, San Germán

jueves, 9 de julio de 2009

Sobre la ideología detrás de la decisión

En la entrada anterior, les invité a leer la carta de una joven madre estadounidense llamada Anna. Anna, madre hace apenas unos meses, busca consejo sobre cómo lidiar con la toma de una importante decisión: convertirse en una "stay at home mom" para criar a su hija. Es una carta franca. Pero tanto o más interesante que la carta son los comentarios y reacciones de las lectoras (y alguno que otro lector).

Como son muchos, he hecho una selección de algunos de ellos para poder discutir lo que algunas feministas han llamado "ideology of choice". Es increíble, pero hemos estado hablando de lo mismo por ya casi 40 años y todavía estamos paradas sobre la discusión. Si acaso, hemos retrocedido porque sin haber alcanzado el derrumbe de la doble jornada ya las madres jóvenes están recogiendo velas. Veamos algunos de los comentarios.

There are hundreds (thousands?) of women who would love to be in the position to stay home (although we are no longer allowed to admit it, lest the pro-work feminists attack us). Feminism, for me, is all about being able to choose. You chose a great career, but now you’re choosing motherhood. And it’s not like all of the work experience you’ve gained since you were 16 will magically disappear. Depending on your career, stay up-to-date on the latest developments in the field (software, research, whatever). Only you can decide what’s right for you. Don’t listen to those who tell you you are wasting your time/talents, nor those who would tell you that simply considering staying at work is the most selfish thing you can do. Your heart already knows what it wants to do. You just need the reassurance that it is ok. It’s ok. It’s ok to work. It’s ok to stay home. Do what’s best for you and your family. As someone who has gone back to work, I’ll say this, it never gets any easier, and that longing never goes away

As parents, we need to stop being ‘ashamed’ of the desire to be an active part of a relationship that is a natural and vital part of humanity.
This letter literally had me in tears, as I, too, spent my entire life dedicated to my career (I am an attorney), only to have my priorities shift when my daughter was born nearly 3 months ago. I would love to stay at home with Bitlet full-time, but that is not possible. I commend Anna for reevaluating her priorities, and for her honest evaluation of those early days, and wish her nothing but the best of luck.


I am a professional and have two young children and went back to work 8 weeks after having each of them. They are extremely precious to me. I do all that I can for them and spend as much time as I can with them. I love my career and I spent many years in school and worked hard to get where I am. When I think about what adjectives define who I am, a mother is only one of the many adjectives that I would chose to describe myself. Even before I had children I did not want to be defined by them. I wanted them to be part of what defines me and my career is another part of what defines me. I would not take that away just like I would not take away the definition of being a mother. Everyone needs to make their own choices. There is no wrong or right but what make us happy and gives us pride.

I must say that when I started reading this article, I started getting mad. I thought it was going to be the usual, tired song and dance about how “I’m a woman, raising a kid is a pain in the ass, and my real job is working in an office.”
Then I continued to read further and was amazed that you ended up going in the other direction. I have always been skeptical that women who were hard-core about their jobs and positions could ever be turned from then for the most important job ever: child care. This has made me think otherwise.
If only more mothers, even those who are stay-at-home, would think like this, families would be far better off, in my opinion.


I take comfort in knowing I’m not alone in this and that many women struggle daily with this decision. I also know that I have the power to change my situation if I want to and that no one situation is truely perfect. I think we’ll always feel like we’re leaving a little something behind, whether it’s the career we downsized in order to stay home, or the loss time with baby that we sacrifice in order to work.


if you have just taken three months PAID maternity leave and you quit now are you making it harder for all the working moms who come after you at the company. Every mom who doesn’t come back or quits shortly after returning from paid leave seems to be brought up a regular basis at my company when another woman is pregnant and going on leave.

Don’t sell yourself short. You are the best person to care for your child. I am a stay at home mom and I see wonderful nannies all day long and I see terrible ones. But even the children who have the wonderful nannies still want their mommies instead.

Decide what is right for you - not for society or anyone else and don’t feel guilty about your decision. Enjoy your time because your child is gonig to grow up before you realize it.

As a childfree woman, I can’t help but wonder if your employers will be hesitant to hire a woman to replace you for fear of her doing the same thing you’ve done.

I am SO glad, now that we’ve all settled in, that I kept working. I am contributing needed income for my family, accruing SS and disability benefits, making sure my professional skills stay sharp, partaking in our larger society outside of my role as a mom, and I get to go the bathroom all my myself, ha ha. AND I get to be a mother to a wonderful toddler who is very happy to see her teachers each weekday morning but also runs to hug me each evening.

My simplistic, male, point of view:
Can you image, 30 years from now (maybe while watching you daughter walk down the aisle at her wedding), wishing that you had spent more time at work, rather than with her?


It would be nice if this blog could write about moms who have no choice but to work, who don’t bother agonizing over the question of whether to return to work or not but rather, need to focus their attention on being both good workers and good mothers because they have to be both no matter what- maybe a discussion/suggestions about ways in which moms like that/us make that juggle work. I feel for Anna, but I’m tired of this same old middle class opt out discussion.