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martes, 26 de noviembre de 2013

Respuesta a "¿Dónde están los textos de Rocky? de Julio Rivera Saniel

El reconocido periodista Julio Rivera Saniel me ha enviado su columna más reciente para Metro. Y ha pedido mi opinión. Julio me ha entrevistado en múltiples ocasiones y sus espacios noticiosos siempre han estado abiertos para que las organizaciones de derechos humanos y feministas  (yo dirijo dos de ellas: Comisión de la Mujer del Colegio de Abogados y CLADEM de Puerto Rico) tengamos acceso a los medios para exponer nuestras visiones y hacer nuestras exigencias. Me consta, de primera mano, el compromiso de Julio con las mujeres maltratadas, pues fuera del aire y sin mucha fanfarria, me ha referido casos y siempre ha mostrado preocupación.  Así que leí su columna con el corazón abierto y no con un puñal en la mano. 

Sin dudas, la columna en cuestión podría considerarse problemática, desde el punto de vista de las defensoras de la Ley 54.  A partir del caso de Roque José Gallart, mejor conocido como Rocky The Kid, Rivera Saniel reflexiona sobre lo que él entiende constituyen malos usos que algunas mujeres hacen de la ley 54. Nos pregunta: 
¿realmente basta una llamada y un alegato para detener a una persona por un día y luego soltarla porque lo alegado nunca ocurrió? Si la respuesta a esto es sí, entonces, mis amigos, tenemos un problema. ¿Qué pasa con la necesidad de que se denuncie solo lo cierto? ¿No hay consecuencias para quien mienta y active las fuerzas del Estado detrás de una premisa falsa? 

En términos generales, me preocupa que Julio utilice como pie forzao el caso Gallart.  Como él bien reconoce, no tenemos los criterios para exculparlo. En realidad, no sabemos qué pasó. Ni que motivó la querella, ni cómo la mujer se sentía. Lo que sí sabemos es que, en este caso, el sistema aparentemente funcionó, porque después de la entrevista a las partes y la correspondiente investigación no se radicaron cargos. Si la Policía no hubiera actuado como actuó, o si hubiera ignorado la querella y se hubiera quedado de brazos caídos, hubiera abdicado en su obligación legal de actuar con premura y seriedad cada vez que una persona se querella por violencia doméstica. De hecho, entiendo que el proceso rindió frutos: se llegó a un acuerdo sobre cómo se deben dar las relaciones paterno filiales sin que Gallart tenga contacto con la madre de su hijo. En entrevista televisiva, la mujer aparentaba estar tranquila con ese resultado, a pesar de reiterar que se siente maltratada por él. 

Ahora bien, ¿que opino de los llamados abusos de los remedios disponibles en la Ley 54?

Yo trato el tema desde la perspectiva de que el llamado abuso de la Ley 54 es una excepción, no la norma. Es muchísimo más común que mujeres que sí son maltratadas no soliciten los remedios de la Ley 54. Acepto que, como en todo sistema, existen fisuras por las que se cuela la mala utilización de la Ley. Sobre esto último debo señalar que en varias ocasiones he tenido que decirles a algunas mujeres que en su situación de vida no tienen base para solicitar los remedios de la Ley 54. Esto suele suceder, por ejemplo, en procesos de divorcios complejos y hostiles. Es posible que la mujer, en efecto, se sienta maltratada y vulnerada por su ex pareja porque ésta no cumple con sus responsabilidades, porque se tarda en firmar el divorcio, o porque incumple con las capitulaciones post-divorcio. Pero no existe maltrato físico, ni insultos ni amenazas a la integridad de la mujer, sus hijos/as o su propiedad. La mujer, en medio de la desesperación, tal vez piense que como la persona es su ex pareja la Ley 54 aplica para , entre otras cosas, proteger su hogar. No sabe la mujer que para que la ley 54 opere debe existir un patrón de violencia doméstica y que para proteger su hogar, por ejemplo, lo que necesita es una orden del Tribunal que reconozca el hogar seguro (si tiene hijos) o su derecho propietario, si existe una comunidad de bienes. Todos sabemos que las relaciones de pareja son complejas. No siempre terminarán en paz. Ahora, el hecho de que la mujer esté confundida o desconozca sus derechos no quiere decir que, a propósito, activó la Ley 54 para meter preso a su ex pareja. Es muy posible que ella sí se sienta vulnerada y maltratada, aunque- ante los ojos de los propósitos de la Ley 54- no se activen sus remedios. 

Arriba decía que me preocupara que se utilizara el caso de Gallart para hablar sobre este tema. Me preocupa porque de lo que el propio Gallart reconoce es cierto que él utilizó la amenaza - sacar a su hijo y a su ex pareja- del hogar que, por alguna razón que desconozco, él entiende no tiene obligación alguna de garantizar. El tiene justificaciones para repartir sobre por qué hizo lo que hizo, pero amenazar con tirar a una persona a la calle "si no brega bien" no es cualquier cosa y, en determinadas circunstancias, un mensaje como ese sí podría considerarse como un acto de maltrato psicológico. Así:  hizo bien la mujer en querellarse si se sentía amenazada e hizo bien la Policía de Puerto Rico en investigar con premura la situación.  Por cierto, aprovecho para aclarar a quien no lo sepa que nuestro Tribunal Supremo ha reconocido el derecho a hogar seguro a todo menor de edad cuyos padres se hayan separado. Ese hogar seguro podría constituirse con una propiedad privativa del padre o la madre no custodia. Así, Gallart no es el único ni será el único que cede o paga una casa de su propiedad para que hijo tenga un lugar dónde vivir. 

La ley 54 es una herramienta importante para asegurarnos de que las personas maltratadas por sus parejas tengan remedios legales que les protejan. El maltrato tiene muchas caras, a veces sólo reconocibles por la propia víctima. Para evitar los llamados malos usos de la Ley lo que hay que hacer es unirse a los reclamos de las personas que, como yo, nos consideramos defensoras de derechos humanos y de las mujeres. Hay que reclamar del Estado más recursos para que la Policía y fiscalía puedan investigar con seriedad y rapidez las querellas por violencia doméstica. Si eso se hiciera con eficacia en cada uno las querellas, menos mujeres quedarían desprotegidas y, a la vez, cualquier querella  y/o solicitud de orden de protección que no proceda podría quedar en nada en menos de 24 horas como sucedió en el caso de Gallart. 

Y sí, para que la Ley 54 funcione y cumpla con sus propósitos es imperativo que el Estado active un proceso, en cuanto la persona que se siente maltratada, levanta el teléfono o acude al Cuartel para hacer la querella.  Cuando eso no sucede, como- de hecho- no sucede demasiadas veces, la vida de quien hace la querella podría estar en juego. Y si la víctima resultara asesinada, como de hecho pasa demasiadas veces, estaríamos lamentándonos (como Julio ha lamentado y denunciado tantas veces) que los agentes del Estado se hayan quedado cruzados de brazos. 

En lo que va del año más de 18 mujeres han sido asesinadas por sus parejas. Ayer, en una vigilia, las recordábamos a todas. Todavía las defensoras sufrimos el asesinato de Ivonne Negrón Cintrón, la hermana de una de nuestras compañeras. Vivimos en tierra que puede ser sumamente hostil y violenta para las mujeres, por lo que la Ley 54 es una herramienta importante, cuya eficacia depende de quienes la tienen que ejecutar. En vez de enfocar nuestros ojos en las querellantes, es mejor enfocarnos en las obligaciones del Estado de erradicar la violencia contra las mujeres. 


lunes, 25 de noviembre de 2013

El doble asesinato de Ivonne


 “Ella seguía usando las cosas pero no quiso cumplir con su parte, así tú lo ves.”“Ella usaba la droga, usaba el dinero y después no te correspondía.”
Palabras del periodista Luis Guardiola en su entrevista al asesino confeso de Ivonne Negrón Cintrón

A una semana del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, cientos de personas nos movilizamos, tanto en la calle como en las redes sociales, para hallar a Ivonne Negrón Cintrón.  La situación me recordó que hace un año estábamos en las mismas por el joven José Enrique Gómez Saladín.  Al igual que en el caso de José Enrique, la búsqueda me tocaba cerca.  José era un ser querido de una amiga e Ivonne era la hermana de una amiga y compañera del movimiento de mujeres.

Temprano en la mañana del lunes llegó la triste y horrible noticia, comunicada por la propia hermana de Ivonne.  Los detalles, macabros y dolorosos, llegaron después. Ivonne, de desaparecida pasó a ser la víctima más reciente de la ola machista que arropa a Puerto Rico. La frustración no fue poca. He crecido dentro del activismo feminista muy cerca de la mano de Leila, hermana de la víctima; guerrera incansable por la justicia, musa desnuda, activista multada por pintar un mural, ahora coordinadora de vivienda transitoria en Proyecto Matria y una de las compañeras que más admiro en el mundo.

Pudiera utlizar este espacio, como hice cuando el asesinato de José Enrique, para buscar consuelo en usted que me lee; para invitarle a la reflexión; o para invitarle a que no deje de caminar la ruta de los derechos humanos.Sin embargo, esta vez quiero hablar sobre la necesidad de agarrar el toro por los cuernos en cuanto a la cobertura mediática que nuestros principales medios de prensa realizan sobre el fenómeno criminal y, específicamente, los crímenes de odio y género. Ya en otra ocasión lamenté que se refirieran a mi vecino, también asesinado, como un mero sujeto, pues esos clichés periodísticos no se justifican cuando sabemos el nombre y el apellido de la víctima.

Ha llegado la hora de que nos unamos para exigirle a los medios que inviertan recursos y esfuerzos para adiestrar a todos sus empleados y empleadas, en especial a los que van al aire,  sobre la manera correcta de trabajar la violencia en el país. Es injustificable  que por obtener una primicia se explote lo peor de una persona, sus prejuicios y odios, como hizo desafortunadamente Luis Guardiola en su entrevista del asesino confeso de Ivonne. Tampoco se justifica darle trato de “estrella de la hora” a un hombre que evidentemente se sintió y se siente validado para cometer un asesinato porque una mujer no se quiso acostar con él, cual si fuera su propiedad; cual si fuera una cosa sobre la cual podía ejercer el poder desnudo de la violencia. Mucho menos se justifica que el periodista le ponga palabras en su boca; le termine las frases; le regale el “pie forzao” para botar su odio. Más que un periodista, parecía un abogado interrogando a su propio cliente. El valor “noticioso” de dicho intercambio es cuestionable. Después de que se silencia para siempre a un ser humano, lo fácil es hablar por él; arrastrar su reputación; lastimar a sus seres amados, sólo para que la sociedad vea a sus muertos en su peor luz. No veo otro valor noticioso en tal situación que no sea que nos resta mucho trabajo por realizar para sembrar semillas se sensibilidad y solidaridad. De hecho, me consta que cada cierto tiempo colectivos que trabajan desde la perspectiva de género realizan talleres para periodistas. Pero los recursos son limitados. Así como los patronos en Puerto Rico están obligados a asumir una política en contra del discrimen, es imperativo que la asuman la perspectiva de género en sus trabajos. El llamado cuarto poder también tiene responsabilidades con el país, que van más allá de proveer información.

Nadie niega que la vida es compleja. Nadie niega que todas y todos podemos estar, en determinados momentos, en situaciones de vulnerabilidad. Precisamente por eso, los colectivos de derechos humanos reiteramos una y otra vez que no existen víctimas culpables y tampoco víctimas inocentes. Nadie tiene derecho a arrebatarle la vida a otra. El odiante siempre encontrará razones para su odio.[1] Pero queda en nosotros y nosotras, las personas que respetamos los derechos humanos,  contribuir a contener ese odio. No existe excusa válida para prestarle un micrófono a un asesino confeso para que “asesine” a su víctima nuevamente.  

En otros países, existen medios que tienen códigos autorregulatorios; existe también un manual de géneros para periodistas con recomendaciones básicas para el ejercicio del periodismo con enfoque de género, que Proyecto Matria circuló entre los medios la semana pasada.  Me pregunto: ¿quiénes lo habrán leído?

Reconozco que existen medios y, sobre todo, periodistas sensibles, que se preocupan por educarse sobre el tema. Destaco  la cobertura que de la tragedia realizaron Waldo Covas y Manuel Ernesto Rivera para Noticel,  Zugey Lamela de Univisión, y Arys Rodríguez Andino de Primera Hora. En todos esos casos se preocuparon por informar de manera respetuosa y desde los ojos de quien ya no podía defenderse. Sin embargo, hace falta mucho más, pues esto es un asunto medular de nuestra vida como sociedad que no puede depender de que el jefe de noticia le asigne la historia al periodista que sabría como trabajarla mejor.  Esto debe ser un compromiso institucional, que no se limite a un editorial cada cierto tiempo.

Hoy 25 de noviembre, Día Internacional de No más Violencia Contra las Mujeres, en Puerto Rico las mujeres iremos al Tribunal Supremo para denunciar su machismo y entregarle el Permio Garrote  por negarle el derecho a la adopción a una madre lesbiana; más tarde estaremos en un piquete en la Fortaleza para denunciar la violencia machista. Y en la noche nos uniremos en una vigilia por Ivonne Negrón Cintrón y todas las víctimas de violencia machista en la Plaza de Armas del Viejo San Juan.  Queda en agenda trabajar un plan de acción que garantice una cobertura mediática justa y respetuosa de todas las víctimas de violencia machista en Puerto Rico. Como bien dijo la compañera Shariana Ferrer del Movimiento Amplio de Mujeres en entrevista con Suheil Lamela, la tan mencionada perspectiva de género no es sólo deber del Estado, que espera ser implantada en las escuelas. Otras instituciones vitales para nuestra vida en democracia como la Prensa tienen el deber social de educarse y no contribuir al machismo imperante que todos los años nos arrebata la vida de decenas de mujeres.  Se lo debemos a Ivonne; se lo debemos a todas. Ya es hora. Es tiempo.


[1] Léase “Las razones de Amador” de Anayra Santori.

viernes, 4 de octubre de 2013

Un "buenos días" que ya no recibiré


Primera Hora reporta, como una nota policíaca más, "Matan a sujeto para robarle vehículo". Pero al que mataron no era un "sujeto". Era un hombre joven, de ascendencia portuguesa y puertorriqueña. Se llamaba Roy. Hijo de Mirita. Y el único vecino que me daba los "buenos días" todos los días.

Roy era como el guardián omnipresente del condominio donde vivo. Como su casa ubica justo en el centro del lugar, todos los vecinos y las vecinas le conocíamos. Yo, que llevo dos años viviendo aquí , y aunque no lo parezca soy bastante tímida, sólo limitaba el intercambio a responder su amable Buenos Días. Todos los días, temprano en la mañana, subía las escaleras  y allí estaba él, ejercitándose o botando basura, o lavando su carro, que estacionaba junto al de mi compañero. Pero el día menos pensado, Roy dejó de ser.

No hace mucho, al regresar a mi hogar, me topé con un escenario familiar ante las tragedias:  el estacionamiento repleto de personas con caras tristes que se hablaban en susurros.   "Aquí pasó algo", le envié un texto a mi compañero.

Cuando pregunté qué pasaba, la respuesta de otro vecino triste y apenado me dejó helada: "¿Conoces a Roy? Lo han matado."

Horror. Silencio. Horror.

De repente, me sorprendo preguntándome por qué siento tanta tristeza. Pero, cómo no. No es cualquier cosa perder a un ser humano, menos cuando lo pierdes porque otro ser humano decidió que podía disponer de su vida. No sólo Mirita perdió a su hijo, sino que nuestra mascota comunitaria la hermosa perrita "D" perdió a su verdadero amo. Nosotros perdimos a un vecino. Yo perdí sus "buenos días" mañaneros.   

Nunca me había puesto a pensar, hasta este punto, que la cifra de asesinatos cuyos dígitos crecientes son portada de casi todos los días en Puerto Rico, no sólo hablan de enormes tragedias familiares: una madre que pierde a su hijo, un enamorado que pierde a su novia, una hija a quien le arrebatan a su padre anciano.... sino que miles de personas conectamos con la tragedia por la pérdida  de simples pero hermosas interacciones cotidianas, tal vez no demasiado profundas, pero que nos hermanan con otros seres humanos. ¿Qué efecto tiene sobre un país que sus habitantes hayamos todos sufrido alguna perdida humana por la violencia? ¿Qué efecto tiene en el alma de un ser humano vivir con la certeza de que el horror le espera a la vuelta de la esquina? Yo misma he intentado contestar esas interrogantes en mi columna "Los derechos humanos como defensa ante en horror", pero nadie niega que la ruta de los derechos humanos a veces tiene cuestas muy empinadas.

En definitiva, lloro la pérdida. Y la lloro por la madre que nunca vio a su hijo regresar, la lloro por Aníbal ese vecino que me dio la noticia y jugó un rol paternal en la vida de Roy, la lloro por todas las personas que le conocieron mejor que yo. Pero también lloro por la pérdida de esperanza, fe y tranquilidad. Lloro porque cada vez que perdemos a un ser humano por la violencia, perdemos un poquito más del país dónde un "buenos días" puede ser la diferencia entre la alegría y la tristeza.

(Fado que fuera dedicado a Roy por Benjamín Muñiz en Saravá en Concierto  de Radio Isla)

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Breve reflexión sobre el llamado "caso del niño de Rincón"

Cuando una camina la ruta de los derechos humanos es como si tuviera, a la mano, una guía que te ayuda a contestar ciertas preguntas cuando las cosas se ponen difíciles. Eso da cierta tranquilidad de espíritu.

Tomo, como ejemplo, el caso de la mujer inmigrante que fue arrestada por maltrato contra su hijo, que fue bestialmente agredido y abandonado a su suerte. El niñito todavía lucha por su vida en el hospital.

No sólo la mujer fue denunciada sino también su pareja, a quien ella apunta como un agresor de violencia doméstica.

Sucede que cuando nos enteramos sobre las condiciones en las que el niño fue encontrado, todo se nos revolcó. Ese es Puerto Rico. La Isla Estrella, nos quieren convencer. Un lugar dónde a los niños los tiramos literalmente en zafacones.  Cuando nos enteramos de quiénes se suponía que cuidaran del niño nos enteramos que su madre es una mujer mexicana cuya pareja, un puertorriqueño,  no era el padre del menor. La mesa estaba servida. Esa realidad sirvió, como tantas otras veces, como carta de autorización para validar cuánto prejuicio tenemos en contra de: las personas inmigrantes y/o sin documentos, las madres solteras, las mujeres que viven con parejas que no son padres de sus hijos.  De repente, nos inventamos a la mujer, como una de esas que cambia de pareja a cada rato y que pone a los tipos por encima de sus hijos. Es decir, la peor de las mujeres. Otra Ana Cacho de la vida. ¿A cuenta de qué nos la inventamos así? A cuenta de nuestros prejuicios.

Cuando se dan olas de indignación y rabia como esta, los y las defensoras de derechos humanos siempre la tenemos difícil. Siempre. De repente, personas aliadas se tornan frías e intolerantes. "No me la vengas a defender que ella merece que le echen un caldero de agua hirviendo por encima" "Tú siempre defendiendo a las mujeres, aunque sean unas sucias". También existen las personas más educadas que, tranquilamente, nos sueltan un "Yo apoyo la causa de las mujeres, tú lo sabes, pero tampoco se puede ser ciego". 

Sin embargo, la ruta de los derechos humanos, si algo, nos quita la venda de los ojos, y lo que vemos no es bonito: inequidad, dobles varas, desigualdad social y económica.... Si de verdad queremos evitar que existan casos como este, ¿no deberíamos explorar toda circunstancia, elemento o factor que pudo llevar al deprimente resultado de un niño moribundo abandonado a su suerte? ¿Queremos o no cambiar las cosas para bien? 

Yo desconozco si la madre de eso niño fue víctima de violencia doméstica, o no. Pero lo que sí sé, porque está documentado, porque conozco a sobrevivientes que así lo testimonian, porque es algo que se ha estudiado y probado, que uno de las tácticas de terror que un agresor puede utilizar contra su pareja es amenazar con agredir y, de hecho,  agredir  a sus hijos e hijas. ¿Acaso ya nos olvidamos de la mujer que recibió un mensaje de texto de su ex pareja avisándole el asesinato de su hijita? Entonces, si sabemos eso, no acallemos a las personas que buscan respuestas y piensan la tragedia desde una perspectiva integral y amplia de los derechos humanos.  Buscar respuestas no es sinónimo de justificar lo injustificable.  Si la mujer en cuestión es responsable de algún crimen, ya le tocará al sistema de justicia dilucidarlo. Pero no perdamos esta oportunidad, que se da en medio de nefastas circunstancias, para crecer como sociedad.  










lunes, 13 de mayo de 2013

Revista Cruce: Todas somos Todas


Comparto con ustedes mi columna más reciente para la Revista Cruce.

Desde que nuestro Tribunal Supremo resolvió que la Ley para la Prevención e Intervención con la Violencia Doméstica, conocida como la Ley 54, no aplicaba a parejas del mismo sexo, las personas y colectivos de derechos humanos hemos estado esperando el momento histórico que vivimos hoy. 
Por fin, luego de diez largos años, el legislador Luis Vega Ramos ha presentado una medida que pretende aclarar lo que para muchas personas ya estaba claro: que la Ley 54 se creó para proteger a todas las víctimas de violencia doméstica, sin importar su orientación sexual, su estado marital y su identidad de género. Recientemente, en la vista pública sobre el tema, le comenté al propio Vega Ramos que la Ley 54 es el objeto del deseo de muchos legisladores, tanto así que en lo poco que lleva el cuatrienio ya se han presentado más de treinta medidas para enmendarla.
Pero, ciertamente, los proyectos que tienen que ver con su aplicabilidad son los que más llaman a la acción a los colectivos de derechos humanos y, por supuesto, de los grupos fundamentalistas que quieren imponer sus visiones religiosas como política pública del Estado, algo totalmente prohibido por nuestra Constitución.
Así como el proyecto de Vega Ramos ha contado con el apoyo masivo de diversos sectores de la sociedad civil, nos hemos visto obligados a explicar por qué otras medidas como la de la legisladora María Milagros Charbonier son peligrosas. Tan peligrosas que el legislador José Báez- coautor del Proyecto 488- ha expresado públicamente que considera que tanto su proyecto como el de Charbonier son compatibles. Nada más lejano de la verdad.
La agenda de Charbonier y compañía
En Pueblo v. Flores Flores (2011) el Tribunal Supremo, sobre las premisas interpretativas erróneas de Pueblo v. Ruiz (2003), resolvió mediante sentencia que la Ley 54 no aplicaba al caso de una mujer casada cuyo agresor no fue su esposo. En esa ocasión, el Juez Kolthoff expresó:
“Se entiende que la violencia doméstica incluye los actos de violencia intrafamiliar, siendo los niños y las mujeres los más afectados. Por lo que en términos generales, el concepto se refiere a la violencia entre personas que participan del mismo núcleo familiar y, en la mayor parte de los casos, comparten una misma unidad de vivienda".
Tal como expresé a nombre de CLADEM en las vistas públicas, el proyecto de Charbonier lo que busca es validar legislativamente la interpretación errónea que surge de la opinión en conformidad del Juez Kolthoff. Es decir, hay un reconocimiento tácito de que la interpretación del juez no se ajusta al lenguaje ni a la intención de la Ley 54. Lo hemos dicho ya pero vale la pena repetirlo: La ley 54 no se creó para proteger a la llamada familia nuclear (tipo Papá, Mamá, Pepín, Rosa, Lobo y Mota, como diría el colectivo Humanistas Seculares) sino para proteger a las personas, todas las personas, que son objeto de violencia por parte de sus parejas. Punto.
Si bien es cierto que entre diversos colectivos y personas se han dado debates sobre las mejores maneras de nombrar a la violencia particular que se da en el contexto de una pareja y que entre ellas, hay quienes han hablado de violencia intrafamiliar, lo cierto es que nuestra Ley 54 no está dirigida a atender sólo la violencia que se da dentro del llamado hogar.
La nuestra es más amplia; es una ley de avanzada. Pretende proteger a las personas que resultan agredidas por parte de su cónyuge, ex-cónyuge, una persona con quien cohabita o haya cohabitado, con quien sostiene o haya sostenido una relación consensual o una persona con quien se haya procreado una hija o un hijo, para causarle daño físico a una persona, sus bienes o a la persona de otro o para causarle grave daño emocional”. (Art. 1.3 de la Ley 54) ¿Dónde ahí se habla de familia?
Charbonier, en el proyecto 650 de la Cámara de Representantes, pretende convencernos de que busca ampliar las protecciones de la Ley 54 alterando la política pública del Estado como una en contra del “del maltrato y la violencia doméstica e intrafamiliar por ser contraria a los valores de paz, dignidad y respeto que este pueblo quiere mantener para los individuos, las familias y la comunidad en general” y redefiniendo la “violencia doméstica como un patrón de conducta constante de empleo de fuerza física o violencia psicológica, intimidación o persecución contra una persona por parte de otra persona con quien haya sostenido una relación afectiva, emocional, vinculante y/o  mediante un pacto de convivencia, expreso y/o implícito, por un tiempo razonable y/o indeterminado”.
No hay que ser demasiado maliciosa para darse cuenta que esas enmiendas no sólo apartan al Estado de la política pública detrás de la Ley 54 a favor de la erradicación de la violencia en las parejas sino que complica el panorama interpretativo haciendo referencias sospechosas a “relaciones afectivas” “vinculantes” “pacto de convivencia” “tiempo razonable”. ¿Cuántas víctimas de violencia doméstica podrían quedarse sin protección si una definición así llegara ante el Tribunal Supremo?
Además, cabe preguntarse: ¿será posible que la misma persona que caracteriza la pedofilia como una orientación sexual pueda estar verdaderamente preocupada por ampliar las protecciones de la Ley 54? Pregúntese ¿por qué los grupos fundamentalistas, que reiteradamente se han manifestado en contra de la comunidad LGBTT apoyan la enmienda Charbonier? La respuesta es simple.  Lo que busca Charbonier es desviarnos de la ruta de los derechos humanos para dejar la puerta abierta a otra interpretación errónea y discriminatoria de nuestro Tribunal Supremo.  No lo permitamos.
La identidad de género como supuesta ficha de tranque

Después de diez años de lucha en contra de la violencia e invisibilización de algunas de las poblaciones más marginadas del país, hemos llegado al día de hoy. Además del Proyecto 488 de la Cámara de Representantes, existe el Proyecto del Senado 238 presentado por el legislador Ramón Luis Nieves que pretende prohibir el discrimen contra la comunidad LGBTT. En las discusiones de ambos proyectos, los grupos en su contra han intentando manipular a la Legislatura y a la comunidad en general con la desinformación sobre lo que significa identidad de género.
La manipulación ha llegado a tales niveles que estoy segura de que hay quien piensa que deberíamos renunciar a estar protegidas de la violencia y el discrimen independientemente de nuestra identidad de género. Sin embargo, eso sería invitarnos a conformarnos y a ceder ante el odio y la ignorancia. 
Por años, grupos de acción comunitaria han realizado extraordinarios esfuerzos para educar sobre la orientación sexual y la identidad de género. Una de ellas, la Coalición Orgullo Arcoiris (COA), a través de su coordinadora Olga Orraca, incluyó en su ponencia las siguientes definiciones, las cuales se trabajaron en el Taller Lésbico Creativo (LGBT 101) 1994, Rev. 3/13:
orientación sexual - capacidad que tiene el ser humano de desarrollar relaciones erótico-afectivas con otras personas. La orientación sexual no es un estilo de vida así como no es un estilo de vida ser de una raza o de una nacionalidad.
heterosexual – orientación sexual hacia personas del otro sexo (hombre-mujer).
homosexual – orientación sexual hacia personas del mismo sexo. Este término se refiere tanto a hombres con hombres como a mujeres con mujeres.  Para nombrar a una persona homosexual se utiliza también el término “gay”, que puede incluir a ambos.
lesbiana - define específicamente a la mujer de orientación sexual homosexual (que se relaciona con otra mujer). Este término se usa por razones de visibilidad; podemos llamarla una estrategia política contra la invisibilidad.
bisexual – orientación sexual de una persona que puede desarrollar relaciones erótico-afectivas con personas de su mismo sexo y del otro sexo.
identidad–formas en que se reconoce un ser humano a sí mismo y según las que define quién es.
identidad de género – cómo se identifica una persona, cómo se reconoce a sí misma en cuanto al género (masculino, femenino).  Puede o no corresponder a su sexo biológico (o asignado en su nacimiento). Todas las personas tenemos una identidad de género.  No es una orientación sexual (es personal, interna).
transexual – persona que se identifica y se siente del otro sexo (no biológico o asignado), busca en muchos casos, que su físico sea congruente con su psiquis (sentimientos, emoción y espíritu) utilizando hormonas y/o cirugía; la reasignación de sexo no es necesaria para asumir una identidad.  No es una orientación sexual.
expresión de género – forma en que una persona presenta o expresa su género (comportamiento- actitudes, manerismos, gestos-, intereses, afinidades, ropa, nombre o apodo, entre otros).  No es igual a identidad de género ni a orientación sexual (es externa).
En el caso de la Ley 54 la necesidad de incluir una prohibición de discrimen por identidad de género requiere que entendamos las dinámicas discriminatorias en nuestros tribunales, en la Policía y demás personas e instituciones (públicas y privadas) que están llamadas a actuar una vez una persona es víctima de violencia doméstica. Como ya dije, lo que activa la aplicación de la ley 54 es que la violencia se de dentro de una relación de pareja.  Pero una lectura minuciosa de la ley refleja que existen instancias que trascienden y/o son independientes al marco penal.
Podría darse la situación, por ejemplo, de una mujer transexual, agredida por su pareja, necesite una orden de protección, a través de un mecanismo civil -no criminal- o su Patrono podría solicitarla por ella. Si no garantizamos expresamente, por vía del texto de la ley, que esa mujer o su Patrono tengan acceso a dichos mecanismos la estaríamos dejando completamente vulnerable ante  el discrimen ya documentado de nuestras instituciones.
De hecho, según COA, la Comisión de Derechos Civiles de Puerto Rico dio a conocer en mayo de 2007 los resultados del estudio que realizara sobre homofobia. En el mismo se indica que empleados de las agencias gubernamentales participantes en el mismo (Administración de Familias y Niños, Departamento de Justicia y Departamento de la Policía) mostraban poco conocimiento sobre las comunidades lésbica, gay, bisexual, transgénero y transexual (LGBTT). 
Se manifestaron mitos y estereotipos aún por las personas que expresaron no tener prejuicio hacia esas poblaciones. Hubo referencias, entre otros, a promiscuidad, enfermedad, pedofilia y comentarios estereotipados que señalan que ‘todos los hombres gay parecen mujeres y que todas las lesbianas parecen hombres’¨. Ponencia de COA ante la Comisión de lo jurídico, seguridad y veteranos. 9 de abril de 2013. Pág.4.
En el ambiente tan hostil, violento y discriminatorio que viven las  personas transexuales y transgénero en Puerto Rico cualquier vacío e invisibilización que de ellas surja en la Ley 54 servirá sin duda para generar otras y nuevas violencias. Sobre todo, dejarlas fuera en este momento – en que hemos estado tan cerca de reivindicar sus derechos humanos- sería imperdonable.
Hoy no estamos dispuestas ni dispuestos a dejar a nadie en el camino. La ruta de los derechos humanos no es fácil, nadie lo ha dicho. Tampoco somos inocentes. Sabemos que estas leyes no garantizarán la equidad, pues esa se tiene que vivir y enseñar a distintos niveles, no sólo el legal. Pero estas leyes son un paso importante que debemos dar.
Si nos unimos, firmemente, si apostamos a la inclusión, si nos unimos en medio de la adversidad a pesar de las diferencias y abrazando las diferencias, no habrá piedra que nos detenga, ni legisladora que nos aparte  de la meta. La exigencia es básica pero, no por eso, menos tremenda: todas las personas tenemos derecho a tener derechos.
Todas somos todas. Ese debe ser el mensaje al Gobernador, para que renuncie al miedo a nombrarnos de una vez. Todas somos todas. Ese debe ser el mensaje para los legisladores y legisladores, para que resistan la manipulación. Todas somos todas. Ese debe ser el mensaje para la comunidad en general, para que se una a nuestros reclamos. Todas somos todas, para que nuestro país valga la pena.
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domingo, 18 de marzo de 2012

Confesiones sobrias pa'estas primarias...

Todavía no son las ocho de la mañana, pero los y las periodistas del país están en las redes sociales calentando motores. Hoy son las primarias de los dos partidos principales de Puerto Rico y eso les pone a gozar. Y no sólo a la prensa. Se siente en el ambiente feisbukero y tuitero una especie de frenesí. Se siente como si fuera la preliminar del Miss Universe. También se siente como si todas las noticias, chiquitas y grandes, sobre la política partidista que nos han acompañado por 3 años y 3 meses hoy tengan su primera catarsis.

Y yo no votaré.

Quienes no hemos nacido en cunas izquierdosas, con referencias constantes a la lucha por la independencia ni la de la clase trabajadora... podemos hablar de cómo la política bipartidista del país se puede convertir en una dinámica familiar más. En algún momento, existieron grabaciones de audio en las que la voz de mi amado padre amenaza con llamar a Romero Barceló y yo contestarle llorando "no, a Romero, no". O sea, en mi casa Romero era el cuco. (Eso todavía no ha cambiado). En fin, en el contexto familiar, votar no era sólo un deber cívico sino uno de amor y fidelidad al clan que conformámos papá, mamá y yo.

Pero la niña creció. De hecho, desde hace mucho tiempo vivo desencantada con la política partidista. En cuanto entré a la Universidad, descubrí mis fuertes inclinaciones hacia el socialismo, la soberanía de los pueblos y, por supuesto, el feminismo. Eso unido a que tuve la oportunidad de trabajar para una campaña política (de las importantes) cuando apenas tenía 19 años de edad ayudaron a darme cuenta a) que la política es mucho más que los partidos y, sí, es más que votar y b) que los partidos de Puerto Rico son muy decepcionantes.

Con todo y eso, movida por muchas razones, voté en primarias y en elecciones. No lo hacía de mala gana. Confieso que el relajo medio farandulero y de avivamiento casi pentecostal me convocaba lo suficiente. Mirando hacia atrás me doy cuenta que lo mío era un verdadero perfomance, con disfraces incluidos. En las elecciones generales votaba con miedo. Y en las primarias.... porque me dejaba convencer que ese era un primer paso importante para asegurarme que la papeleta del próximo noviembre fuera respetable. Pero, confieso, que la pepeleta de los noviembres siempre me resultaba que se quedaba demasiado corta. Votaba y después, la depre.

Hasta hoy.


Hoy son las primarias y no votaré. La política no partidista, mi activismo político, me ha permitido canalizar mi compromiso con Puerto Rico y me ha regalado las herramientas suficientes para no votar y saber porqué no voto. No estoy dispuesta a que se me imponga una afiliación a un partido en el que no creo. Mi partido es la justicia para todas las mujeres y sus familias. Por ello, seguiré caminando en la Ruta de las Mujeres de cara a las elecciones de noviembre de 2012...

lunes, 21 de febrero de 2011

El malestar de la activista

En días recientes, dos escritos han logrado transportarme a mi tiempo como universitaria en tiempos de conflicto huelgario. Uno fue "Fungir como Docentes" del profesor Carlos Pabón y el otro, Resolución de los profesores de la Escuela de Derecho. Ambos escritos me causaron mucho malestar, malestar que intenté digerir de distintas maneras, sin tener claro su origen. Ayer, en medio de cierto intercambio en facebook, vi la luz. Mi amiga Graciela Rodríguez Martinó escribió un comentario en el que nos convocaba a aceptar varias cosas : a) que ser acádemico y ser activista son dos cosas distintas b) que ser acádemico no significa ser intelectual ni ser intelectual significa ser acádemico c) que para aceptar las primeras dos cosas no hace falta verborrea. (Ja, esa es mi Graciela). De repente, al enfocarme en sus primeros dos puntos, comprendí la raíz de mi malestar. Y quiero compartirla con ustedes, aunque también peque de verborrea.

Mi malestar refiere a dos dimensiones políticas: una muy particular y personal y la otra, amplia y pública. Ambas, obviamente, se entremezclan. La primera me lleva a mis siete años universitarios en el Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico. Entré a la universidad en el año 1998, en medio de una crisis universitaria, provocada por recortes presupuestarios a la Universidad. Estaba en mi último año de escuela superior cuando se dieron las manifestaciones contra Norma Burgos y el ex gobernador dentro del recinto riopedrense y, ya entonces, veía al movimiento estudiantil como el frente de resistencia más próximo a mis circunstancias. Tuvo eso mucho que ver que, a pesar de la amorosa presión de mi padre para que siguiera sus pasos en la contabilidad, me decidiera por las Ciencias Políticas en la Facultad de Ciencias Sociales. Mi instinto informado me decía que necesitaba formarme políticamente de manera rigurosa si quería lograr adelantar algo. Mi sorpresa no fue poca cuando comprendí que esa formación comenzaba desde Estudios Generales. Allí una Ivette Torres Toro, un Kalman Barsy y un Alfredo Matilla (qepd), entre otras y otros, abrieron mi vida de manera al conocimiento, con pasión, humor, solidaridad.... la profesora Torres llegó a compartir su almuerzo conmigo, cuando yo me escapaba a su oficina al mediodía porque prefería hablar con ella antes que comer. Fue en su salón cuando lei por primera vez , con apenas 17 años, a Simone de Beauvoir y su Segundo Sexo. Todavía recuerdo la taquicardia, las manos sudadas, la dilatación de mis púpilas mientras conectaba con el texto. Me había enamorado, perdidamente enamorado, del salón de clases.

Mientras ese enamoramiento se iba cuajando, otros también. Y es que en septiembre de 1998 me invitaron a mi primera pintata. Se cumplía un año desde los acontecimientos con Norma Burgos y el movimiento estudiantil quería conmemorarlo en la rampa de Generales. Uno de los "pelús" de los que hablaba Mike Villegas en su emblemática "Elenita" me invitó a pintar. Y yo, ni corta ni perezosa, agarré una brocha, la llené de pintura roja (¿cómo no?) pinté alguna consigna en la rampa. Mi primer acto político en la Universidad fue pintar "prohibido olvidar". Que orgullosa me sentí. Al otro día, la rampa amaneció completamente pintada de gris. Ni un sólo rastro de nuestras pinturas, consignas y dibujos. Pero cuando yo subía la rampa me fijaba exactamente en dónde estaba la pintura gris que había borrado mi consigna. Me sonreía. Nadie más la veía pero yo sabía que estaba allí. Desde ese momento, busqué de todas las maneras volver a sentir ese júbilo. Me había enamorado de la acción política.

Precisamente, de esa experiencia dual en el alma de la universitaria activista es que habla una de mis feministas favoritas, la profesora Jane Gallop, en su controversial libro "Feminist Acussed of Sexual Harrassment".

The books were a big part of it, but I wasn´t just reading books, I was also going to meetings. Meetings of various sort of women´s groups, both on campus and downtown at the Women´s Center.
...
The books and the meetings are inextricably jumbled together in my memory of that hectic period. there, on the fringes of my college education, I experienced an exhilarating mix of private readings and social community, which I would call learning, in the strong sense of that word. Not only did it change me, but it vastly improved my life then and there in two essential and entwined ways. (Págs.2-3)

Así, por cuatro años, me mantuve activa dentro de los salones de clases, cumpliendo con todas mis responsabilidades, asistiendo a clases aún estando enferma, o llegando empapada por la lluvia, cultivando una relación fuerte con mis profesores y profesoras, visitándoles en sus oficinas, citándome con ellos y ellas en el merendero de Sociales, hablando y hablando, con Raúl Cotto, Javier Colón, María del Pilar Arguelles, Luis Raúl Cámara, Itza Alegría... con Madeline Román, nunca hablé fuera del salón de clases, pero creo que ha sido una de las maestras que más ha influenciado en mi vida, tanto así que su clase de Criminología fue lo que me permitió mantenerme a flote cuando el estudio del Derecho se quedaba corto pero que muy corto en el análisis del fenómeno criminal.

Mientras todo eso pasaba, yo fui a todas las Asambleas a la que fui convocada, marché por los edificios enfermos, porque nos querían cerrar las bibliotecas más temprano, escribí cartas al periódico criticando la falta de participación estudiantil en la toma de decisiones, llegué a reunirme, por cosas del azar, con el rector de turno. Claro, no podían faltar, las marchas contra el ROTC. Si no me adentré más en el movimiento estudiantil fue porque no tenía carro, dependía de la guagua de Río Piedras a Caguas, y muchas veces las reuniones eran tarde. Pero también porque yo no venía de la izquierda organizada, no conocía a nadie y me parecía que era un movimiento bastante machista.

En Derecho, todo cambió. Perdí mucho amor al salón de clases y curiosamente, a la vez, me desconecté del movimiento estudiantil. Las razones para lo primero son muchísimas pero no abundaré sobre ellas. Ahora, sobre lo segundo, fue mi culpa. Me dejé tragar por la enajenación que imperaba en esa Escuela, y de repente mi vida era leer casos y casos. Ni me enteraba de cuándo eran las Asambleas generales de estudiantes..... hasta que llegó la Asamblea del 2005. Ese era mi último año de estudios, ya andaba preocupada por la reválida, cuando de repente, me hallo en medio de una Asamblea de Estudiantes en la que, de repente se votó a favor de una huelga. Yo, al igual que muchos líderes estudiantiles de aquel entonces, voté en contra. Pero la mayoría dijo que no, que nos íbamos a la huelga. Fiel a mis principios, regresé a la Escuela de Derecho a despedirme de ese mundo cruel (ja!) y avisar que había huelga y que las huelgas NO se rompen. Después de todo, yo sí estaba decididamente a favor de los postulados principales del movimiento estudiantil, a saber, reclamos de mayor participación en la toma de decisiones y oposición a un aumento arbitrario en la matrícula.

A los pocos días del inicio de la huelga, un grupo de profesores y profesoras comenzaron a producir artículos, actividades, foros, en los que se pintaban a los y las estudiantes huelguistas como anti intelectuales, seres que no iban a la Universidad a leer ni a aprender. Recuerdo a uno en particular que nos señalaba y nos decía que nosotros realizábamos una especie de perfomance, que simulábamos que éramos estudiantes pero que no lo éramos. Un grupo de ellos, junto a un estudiante de Derecho, idearon la marcha del libro en la que los y las participantes fueron convocados a caminar junto a un libro. Todavía recuerdo que una de mis compañeras de Derecho se llevó el Código Civil (!!!). Y ahí comenzó a configurarse mi fuerte malestar, malestar que al leer los dos documentos que arriba menciono vuelve a activarse. Pregunta Pabón: ¿Por qué el menosprecio y desprecio a las clases y lo que allí ocurre de parte de los sectores que han insistido en esta coyuntura que la “lucha por defender” la Universidad es igual a paralizar las clases? Y yo respondo con otra pregunta: ¿por qué parte de la premisa de que quienes hemos apoyado, en algún momento, la paralización de las clases lo hacemos porque menospreciamos lo que ocurre en el salón? Pabón sabe que, históricamente, dentro del movimiento estudiantil que ha convocado y luchado las llamadas huelgas estudiantiles, se encuentran muchas de las mentes más privilegiadas de nuestra juventud. El lo sabe mejor que nadie, porque- en su tiempo- él fue uno de esos jóvenes. El otro día Noticel publicó una nota sobre las estudiantes lideresas, todas con promedio de estudiantes de honor. En vez de reconocer eso, se prefiere desdeñar a la estudiante huelguista como una persona anti-intelectual y hasta una mediocre.

En realidad, de lo que aquí se trata no es de la creencia de Pabón de que los huelguistas no aprecian el estudio dentro del espacio privilegiado del salón. De lo que se trata es que Pabón simplemente privilegia ciertos sujetos y haceres sobre otros (el estudiante-estudiante vis a vis el estudiante-activista), y para legitimar su posición construye un imaginario reduccionista alrededor de la estudiante huelguista. Se pretende, pues, convocar a los docentes a que se aparten de sus estudiantes activistas, a que se vean como una cuerpo autonómo con problemas específicos que pueden resolver entre ellos, hablando entre ellos, escribiéndose entre ellos. Y para lograr ese alejamiento se recurre a la injusta treta de construir a un otro fácilmente rechazable. ¿Por qué habría una profesora de acoger a un estudiante que presuntamente rechaza la supuesta función propia de ese profesora?

En el 2005 la marcha del libro fue lo que me decidió a trabajar a favor de la huelga. Fue también lo que hizo que me pusiera la camiseta del CUCA. No iba a permitir que discursos injustos, prejuiciados y maliciosos manipularan mi conciencia. Cuando leí a Pabón, reconocí ciertos de esos discursos. He ahí la dimensión personal de mi malestar.

La otra dimensión que explica mi malestar tiene que ver con mi realidad actual como una activista.

Hace cinco años que no soy parte de la comunidad universitaria, es decir, no soy profesora, estudiante ni empleada no docente. A pesar de ello, me une al proyecto universitario, además de mi sincero aprecio y agradecimiento, lazos de amistad con integrantes de la Universidad y porque mis trabajos de activismo me han llevado a trabajar directamente con ellos y ellas. En los pasados conflictos huelgarios he servido como colaboradora de las profesoras, profesores, estudiantes en el conflicto, llevándoles agua, comida, prestándoles asesoría legal, denunciando agresiones en su contra, interviniendo con la policía en momentos de crisis, he sido una entre miles de personas que han respondido a los llamados de solidaridad. Y ahora hay quien pretende reducir el conflicto de la universidad al salón de clases, a una cuestión de docentes o a una cuestión de estudiantes y no a una cuestión del país. He ahí la segunda dimensión de mi malestar.

Reconozco, y acepto, que no todas podemos trabajar desde los mismos frentes. La acádemica no es necesariamente activista. Ni la activista tiene por qué ser una acádemica. Aunque, por lo menos dentro del movimiento feminista, se han logrado exitosas tangencias. Reconozco que la teoría, el estudio, el debate dentro del salón de clases puede revolucionar el alma de una ser humano, pero la gestión propiamente política , el piquete, los murales, las pasquinadas, el cabildeo, los paros, la huelga, la desobediencia civil cumplen una función muy distinta a aquella que se da dentro del salón de clases. La teoría nos da los fundamentos, nos ayuda a convencer a quien quiere y puede escuchar, en un espacio ya demarcado que se reconoce como privilegiado. La acción política es participativa, masifica los postulados, y es lo que finalmente sacude el status quo, es lo que reta la normalidad, es lo que consigue el cambio social. Activismo sin teoría es un panfleterismo pero teoría sin activismo es... pues eso... teoría. El salón de clases me dio a Simone de Beauvoir, pero sin el activismo, El Segundo Sexo se hubiera quedado en meramente una lectura que me hizo pensar.

Ya termino repitiendo algo que por trillado no deja de ser cierto: El futuro del país depende del proyecto universitario. Todos y todas estamos llamadas a defenderlo. El llamado debe ser a respetar lo que la comunidad universitaria entienda es lo mejor para gestionar políticamente su lucha, si es que deciden gestionarla políticamente. Eso, por supuesto, incluye la posibilidad de una retirada parcial para evaluar y repensar estrategias, lo cual debe ser parte importantísima de todo plan de incidencia política. Pero para reconocer esto último no hace falta inventarnos que entrar, permanecer y quedarse en el salón de clases es un evento lo suficientemente subversivo para alterar el orden de las cosas. Hace falta más, mucho más. Defender esto no nos hace ortodoxas, dogmáticas ni intransigentes. Esto nos lo ha enseñado las historias de lucha de los pueblos.


Les dejo Arena y Cal de Fiel a la Vega...

Y cuando tengas que tranzar,
Por conciencia o por lealtad,
Te voy a recomendar, una de arena y una de cal,
Usa una mano pa' jugar y otra mano… pa' levantar y pa' agarrar,
Pa' rempujar, pa' no frenar!




jueves, 17 de febrero de 2011

Confesión en honor a Julia

En honor a Julia, hoy confieso:

No ser como los hombres quieren que una sea es díficil. Ser una su propia ruta requiere de un proceso constante de descubrimiento personal. Las ansías nunca se detienen.

Hablar en público, romper una relación dañina en el momento justo y necesario, decir NO, mientras dejas a un lado los remordimientos, son actos que requieren mucha fuerza, convicción y arrojo en un largo y a veces tortuoso camino lleno de renacimientos.

Reprogramar nuestras mentes, almas, corazones para sabernos verdaderas dueñas de nuestras vidas, sin temor a represalias, sin temor al ostracismo, sin temor a la soledad, precisa una serie de encuentros (y desencuentros) que desafortunadamente muchas de nosotras nunca asumimos. Y quienes sí lo asumimos, no podemos confiarnos. Cada piedra en el camino se puede convertir en un peñón si no nos asegurarnos de que nuestros "pie[s] planos sobre la tierra promisora no resist[an] caminar hacia atrás".

A veces la piedra principal está dentro de nuestras más secretas vulnerabilidades. Sabemos que algo anda mal pero no lo detenemos porque tenemos miedo. La calle es una cosa, pero la casa, otra. Y salimos, clamamos "justicia, paz, equidad" para ellas pero cuando nos acostamos a dormir nos preguntamos, y para nosotras, ¿cuándo? . Y la respuesta se nos escapa porque estamos gordas, porque él me quiere, porque el colectivo algún día entenderá que mi turno al bate tiene que llegar. Sí, sí, porque la lucha no nos hace inmunes.

A veces entre lágrimas nos miramos al espejo. Lloramos mucho, mucho, pero terminamos sonriendo. Mirándonos fijamente reconocemos la salida al final del túnel.

Nosotras, Julia lo sabía, estamos hechas de presentes. Somos la ruta.



viernes, 23 de julio de 2010

Claridad/EN ROJO: artículos sobre la violencia contra las mujeres

Agradezco a Mariana Iriarte su invitación para ser una de las articulistas en el En Rojo publicado hoy por CLARIDAD y dedicado a la violencia de género, en específico, contra las mujeres. Les invito a que lean las aportaciones de queridas compañeras... todas son maravillosas!!
Aquí les comparto mi aportación:

No sólo con gas pimienta
Recientemente, a preguntas del periodista Rafael Lenín López, el Gobernador de Puerto Rico justificó el abuso policiaco del pasado 30 de junio a las afueras del Capitolio aludiendo a que las personas allí manifestándose tenían piedras y gas pimienta en sus mochilas. “Yo no sé tú pero yo no llevo “pepper spray” encima”, contestó el Gobernador. Tal vez, detrás de esas palabras dichas presuntamente de manera espontánea se esconden las verdaderas razones por las cuales el actual Gobierno ha fallado en representar los intereses de las mujeres en Puerto Rico desprotegiéndolas en situaciones de violencia o victimizándolas directamente con despidos a madres jefas de familia, desmantelando la Oficina de la Procuradora de las Mujeres, invirtiendo los escasos recursos gubernamentales en campañas ultra con servadoras y fallidas como “Promesa de Hombre” o literalmente tirándonos por unas escaleras en medio de una manifestación. Si para el Gobernador de Puerto Rico sólo se anda con gas pimienta encima para provocar violencia, es porque desconoce que cientos de mujeres en este país tienen gas pimienta, navajas, cuchillas o hasta armas de electrochoque en la cartera y en sus casas no para generar violencia, sino para defenderse de ella.


La violencia hacia las mujeres en Puerto Rico ya ha sido asumida por muchas y muchos como parte de nuestra cotidianidad. Desde que nacemos hasta que morimos las mujeres nos sabemos en riesgo. Aunque nos cueste aceptarlo Puerto Rico es, decididamente, un país violento que se ensaña específicamente contra las mujeres. Dan cuenta de ello, los titulares de todos los días: Mujer embarazada es interceptada, mientras hace ejercicios, la secuestran, la violan y la asesinan; Mujer es violada en estacionamiento público en el Viejo San Juan; Violador en serie aterroriza a estudiantes en Río Piedras ; Hombre mata a disparos a su ex-esposa y balea al hijo de ambos. Por ello, la mera posibilidad de convertirnos en víctimas de una agresión se ha convertido en una agresión por mérito propio, una agresión constante y continua que mutila nuestra autonomía y decide por nosotras desde qué ropa utilizar (para que nos tomen en serio), qué trabajos aceptar (en un ambiente dónde no nos hostiguen), por cuál acera caminar (en donde no tengamos que someternos a comentarios no deseados), en dónde estacionar (que no nos agarren desprevenidas), en dónde vivimos (que tenga seguridad 24/7).


Al fin y al cabo, la lista de consejos para evitar ser victimizadas es larga: no te pongas faldas cortas; no te mudes sin antes poner rejas; no aceptes tragos a desconocidos, o mejor, a nadie (que a veces los conocidos son los peores); no hagas jogging en la noche; deja las luces encendidas; duerme con una navaja al lado de la cama; no te estaciones en Covadonga, en las calles sospechosas de Ocean Park, en cualquier calle del casco de Río Piedras, ni en el multipisos de Plaza Las Américas; no rías las gracias; no salgas hasta la madrugada y, tal vez, ahora habría que añadir no asistas a marchas. Una no puede evitar preguntarse qué pasa si se obvian los consejos. Si nos agreden, ¿cuál será nuestra justificación para ganar la solidaridad de la sociedad? De esto obviamente nada sabe el Gobernador de turno.


En un país donde cada quince días una mujer es asesinada por razón de su género (en los primeros seis meses del 2010 ya suman unas 15) y otras tantas son maltratadas, agredidas sexualmente y hostigadas en sus trabajos, es imperativo que nuestras instituciones ejecuten estrategias efectivas para contrarrestar esta situación de emergencia. En su momento la feminista Bell Hooks en Feminist Theory: From Margin to Center (1984) sostuvo que era imposible combatir la violencia contra nosotras sin trabajar la relación entre el sistema capitalista y la violencia generalizada. Decía que poco podía esperarse de una sociedad que se fundamenta en la explotación económica de sus ciudadanas y ciudadanos. En Puerto Rico, cabe preguntarse si el conservadurismo económico y social del actual Gobierno nos está llevando tanto a mujeres como a hombres a callejones sin salida que rebotan invariablemente en violencia. También, si es posible que los mismos funcionarios que nos rompen la cabeza en medio de una manifestación sean capaces de evitar que nuestras parejas o ex parejas nos golpeen. El nombramiento fallido de Johanne Vélez como Procuradora de las Mujeres únicamente porque el fundamentalismo religioso la emprendió contra ella fue la punta de lanza de lo que estaba por venir. A eso le siguió el limbo en que se ha dejado la incorporación de la enseñanza desde una perspectiva de género al currículo de las escuelas públicas, la institucionalización de campañas conservadoras como “Promesa de Hombre” que en vez de cuestionar, reafirman las camisas de fuerza que suponen los roles de género, el despido de más de 20,000 trabajadoras y trabajadores gubernamentales, y la reciente represión ilegal de protestas legítimas, con las mujeres llevándose la peor parte de los golpes. Todo ello ha hecho claro que no contamos con un Gobierno sensible a las necesidades de las mujeres. Por el contrario, nos encontramos ante un Gobierno que nos violenta, a la menor oportunidad; un Gobierno que se ha convertido en uno de nuestros principales agresores cuando nos coloca en posiciones de vulnerabilidad.


Por tanto, nos resta a las mujeres organizarnos para lograr - sin depender exclusivamente del Estado - el mejoramiento de nuestras circunstancias de vida. Si es verdad que tenemos derecho a salir a la calle sin temor a ser objetos de violencia, no podemos limitarnos a repudiar la acción o falta de acción del Gobierno de turno. Debemos dirigir nuestros esfuerzos contestatarios a las fuerzas invisibles que empujan a los Fortuño de la vida, desde la Iglesia que miente, tergiversa y manipula lo que significaría una educación con perspectiva de género hasta los llamados grandes intereses que persiguen una Alianza Público-Privada para reclutar a madres y padres de familia sin las condiciones laborales que éstos creían garantizados en sus anteriores empleos y, a su vez, privatizar servicios de primera necesidad. La violencia contra nosotras, las condiciones que nos hacen víctimas directas o indirectas o en potencia, no se genera de manera unidimensional ni únicamente dentro de las paredes del hogar. De igual manera, debemos de enfrentarla desde varios frentes. Nuestro Gobierno se ha encargado de visibilizar dramáticamente una gran verdad: las condiciones que nos vulneran son parte de la vida pública y colectiva de nuestra sociedad, por lo que debemos sacudirla para poder librarnos de ellas. Esto tan sólo se logra, organizadas, en alianzas, saliendo a la calle, siendo una presencia constante y sonante en la vida pública del país. ¡Qué se sepa que no sólo contamos con el gas pimienta en la cartera! Somos muchas y estamos dispuestas a luchar.


La autora es abogada Vice-Presidenta de la Comisión de la Mujer del Colegio de Abogados(as) y fundadora del blog Mujeres en Puerto Rico (http://www.mujeresenpr.blogspot.com)

jueves, 1 de julio de 2010

Si cuentas con mi miedo, siéntate a esperar

Desde muy niña me recuerdo en piquetes. Mi madre, que no era ni es sindicalista, ni feminista, ni ambientalista, ni independentista, me enseñó con su ejemplo que una cree en algo, una sale a la calle a defenderlo; que cuando una reconoce una injusticia, una sale a la calle a denunciarla. Con ella, fui a piquetes para evitar la venta de la Telefónica, marché por Vieques, por los presos políticos y, en su momento, a reclamar la libertad de Filiberto. A esa madre que tanta valentía y fuerza me enseñó, ayer tuve que mentirle. Me llamó, asustada, para asegurarse de que yo había cumplido mi promesa de no llegar al Capitolio. Le mentí. No pude contarle que pocos minutos antes de su llamada estaba yo corriendo por las calles del Viejo San Juan para escapar de gases lacrimógenos y policías montados a caballo. Ya mi madre no quiere que su hija proteste. Tiene miedo. (Es curioso, no tiene miedo de protestar ELLA, lo que no quiere es que proteste yo)

Este Gobierno con el aval de TODAS sus ramas materializa, cada vez de manera más clara, su propósito de establecer su agenda neoliberal y conservadora a costa de lo que sea y quien sea. Para lograrlo, se ha asegurado tener a su lado a una persona como Figueroa Sancha, reconocido y probado enemigo de los derechos humanos y civiles que llegó a Superintendente de la Policía precisamente por su nefasto historial. No puede caber duda. Quiere el Gobernador destruir nuestro país, y que no lo denunciemos. Nos quiere aterradas y aterrados en nuestras casas, viendo las vistas del Senado por la tv, y con la Prensa limitándose a hacerle las relaciones públicas. Nuestro actual Gobierno ha censurado libros; han desmantelado Procuradurías; liquidado la colegiación compulsoria de las abogadas y los abogados; y ahora no hay manera de que nos manifestemos sin que la Fuerza de Choque no nos amenace con golpearnos, abusarnos y hasta matarnos. No hay duda: vivimos en un Estado de Terror.

Lo que sucedió ayer no puede ser pasado por alto ni olvidado en cuestión de días. En el Capitolio, nos encontrábamos puertorriqueñas y puertorriqueños preocupados por el presente y el futuro del país. Estábamos procurando nuestros derechos constitucionales, defendiendo a mujeres, a estudiantes y trabajadoras/es. No puede ser que ahora, cada vez que nos pisoteen, se nos abuse por denunciar. No hay manera de justificar el abuso de ayer ni podemos premiar al Gobierno dándoles la victoria de nuestro miedo. Quiternos no es una opción, sí debemos organizarnos mejor. Me niego a quedarme al borde del camino, me lo debo a mí y a la mujer que me parió.

Hoy mismo regreso A LA CALLE.

jueves, 24 de junio de 2010

¿Promesa de Hombre? No, gracias.

Ante la ola reciente de asesinatos de mujeres a manos de sus parejas o ex-parejas, el país ha reclamado acción. La actual administración gubernamental ha apostado nuevamente a su ya fallida campaña Promesa de Hombre, la cual el Gobernador anunció en su mensaje de presupuesto el 29 de abril de 2009. En aquel momento dijo nuestro Gobernador:

"Es a los hombres a quienes nos toca romper con visiones equivocadas sobre la mujer que aún quedan en nuestra sociedad, y terminar con los ciclos de violencia. La promesa hecha por el hombre debe venir acompañada de un compromiso de enseñar a sus hijos a honrar y respetar a las mujeres", señaló.

"Hagamos que (el hombre) prometa nunca cometer, tolerar o mantener silencio ante la violencia doméstica, hagamos que reconozca que puede ser fuerte sin agredir, y hagamos que se comprometa a ser un hombre íntegro, que trata a la mujer con respeto y dignidad, y que valora su contribución como madre, hija, esposa y trabajadora", puntualizó.


Las organizaciones pro mujeres y personas solidarias cuestionamos esa iniciativa por entender que fortalecía los roles de género que tanto se relacionan con la violencia contra nosotras. En aquel momento, mi amigo Aníbal Rosario Lebrón comentó aquí mismo en el blog:

ícaro-ardiendo dijo...

¿Por qué hay que criar hombres fuertes? ¿Por qué tiene que ser a través de las instituciones de bases de fe a la que los hombres no van? ¿Por qué tiene que ser una promesa de "hombre"? ¿Por qué no enseñar perspectiva de género y romper con esas categorías? ¿por qué Fortuño cree en educar y no cree en la perspectiva de género en nuestras escuelas públicas? ¿Por qué no nos preguntamos por qué el apoderamiento hacia la mujer ha fallado? ¿Por qué abandonamos el apoderamiento de la mujer? ¿Por qué es la Agencia de la Familia la que debe implementar esto? ¿Dónde quedó la Procuradoría de la mujer? ¿Por qué no debes respetar a las mujeres sólo por ser seres humanos y tenemos que respetarlas por ser "madres", "hijas", "esposas" y "trabajadoras"? ¿Dónde quedan las mujeres que no desean esas categorías?

Asimismo, integrantes del Movimiento Amplio de Mujeres caracterizaron como "simplista" dicha campaña por partir "de un paradigma que apunta hacia la desigualdad”. Además, nos resultaba problemático que la campaña "Promesa de Hombre" proveniera de corrientes religiosas ultra conservadoras. Leer la posición del National Organization for Women (NOW) aquí.

A pesar de nuestras críticas y preocupaciones, el Gobernador (nuevamente) nos ignoró y, sin más, arrancó la campaña con anuncios televisivos (verlos en http://www.abrazalavida.com/)* y hasta en las carreteras:



Existen quienes, con toda la buena fe del mundo, no comprenden por qué las feministas podemos oponernos a una iniciativa que aparentemente invita a los hombres a comprometerse con ser "buenos" hombres, a protegernos y cuidarnos, sin faltarnos al respeto y valorando como dice el Gobernador nuestros roles como "madres", "hijas" "esposas" y "trabajadoras" (en ese orden).

Pues bien, nos oponemos por ya existen estudios que establecen una clara relación entre dichos roles y la violencia contra nosotras. Recientemente, Ana Irma Rivera Lassén circuló la noticia sobre cómo el llamado "sexismo benévolo" ("comportamientos que son socialmente considerados como "buenos" hacia sus parejas aunque estos comportamientos sigan siendo sexistas") tiene un claro efecto sobre cómo la sociedad percibe y justifica los malos tratos del hombre a la pareja. Ese artículo que nos envió Ana trata sobre la violencia sexual dentro del seno doméstico y, obviamente, tiene resonancia en Puerto Rico. Basta con que salgamos a la calle para escuchar cómo personas justifican el abuso conyugal con argumentos tales: "por lo menos le tiene una casa".

La campaña de nuestro actual gobierno es un ejemplo de ese "sexismo benévolo" porque reafirma el rol del hombre fuerte que debe proteger a su esposa, hija o madre, y el del rol de la mujer débil que necesita protección. Dichos roles, en vez de propender a la armonía entre los géneros, se convierten en una camisa de fuerza que encierra a la pareja en unos paradigmas que, de ser sacudidos, producen violencia.

La realidad es que para poder echar hacia adelante en nuestra gesta con la equidad, la justicia y la paz de todas personas que vivimos en Puerto Rico es URGENTEMENTE IMPERATIVO rescatar la carta circular del Departamento de Educación sobre la perspectiva de género en las escuelas del país. Ese sería el primer GRAN paso hacia la dirección correcta.

VRt

* La campaña Promesa de Hombre es parte de una campaña más amplia del Departamento de la Familia de Puerto Rico, conocida como "Abraza la vida". Próximamente, les comentaré lo que "abrazar la vida" significa para el Gobierno de Puerto Rico.


** foto de Verónica Rt

jueves, 10 de junio de 2010

Playboy en Puerto Rico

Como si en este país las mujeres no tuviéramos dificultades, retos y problemas que enfrentar y superar, el productor Pepe Dueño ha facilitado que Playboy haya elegido a San Juan como una de las 50 ciudades dónde se celebrará el aniversario de dicha revista. Hoy es la fiesta.

Las llamadas "conejitas" (!!!!!!) se bajaron del avión en Isla Verde y hoy, en la prensa, nos espetan que desnudarse para una revista es la mejor oportunidad del mundo: no sólo te invitan a fiestas dónde conoces a gente importante sino que recibes 25, 000 dólares si te desnudas para la página del centro de la revista y 100,000 dólares si consigues la portada. Ok.

¿En dónde nos deja esto a las feministas y a las personas solidarias que luchamos contra la inequidad entre los géneros? El debate está abierto. ¿Piqueteamos en la actividad de Playboy?

Mi posición en cuanto a este tema aún está en proceso evolutivo. Tengo conflicto.

Pero tengo varias cosas claras:

1) La explotación sexual del cuerpo de la mujer no debe tener lugar en sociedad alguna.

2) Cabe hablar de explotación sexual cuando una mujer "decide" (énfasis en las comillas) utilizar su cuerpo para obtener algo a cambio, ya sea dinero, influencia, acceso a esferas de poder. Prostitución y pornografía corren a mi mente pero también muchas otras instancias que, a nivel privado, se dan por las mismas razones.

3) Anteriormente, he problematizado, desde una perspectiva bastante mackinneana, la centralización de los reclamos feministas exclusivamente en el supuesto del derecho de la mujer a decidir. El tiempo ha demostrado que dicho supuesto se ha convertido en un trampa discursiva que, cada cierto tiempo, nos explota en la cara. Ver mi entrada anterior sobre el tema.

4) Una de esos momentos en que nos explota en la cara es cuando nos encontramos con mujeres que nos exigen respeto a su decisión de desnudarse en una revista porque sí, porque se trata de su decisión. Y si las feministas las criticamos pues estamos siendo intolerantes, cerradas y poco solidarias. Todo eso se presta para que se nos acuse de alienar a las mujeres quienes, por razones muchas veces económicas, objetivan su cuerpo y, como tal, lo alquilan para el beneficio del hombre.

5) Noto que, al menos en Puerto Rico, a las mujeres feministas se nos hace más fácil cuestionar esas "decisiones" cuando las mismas se inclinan a favor de una exposición pública de la sexualidad de las mujeres y no, por ejemplo, cuando las mismas se inclinan a favor de la domesticidad. Eso me preocupa.

6) No obstante, me inclino a pensar que sí, que en efecto, debemos ser cuidadosas cuando trabajamos estos temas porque es posible que alienemos a las mujeres que toman decisiones que, en lo particular, encontramos problemáticas. No es cuestión de dividirnos entre las mujeres que hemos despertado de la "falsa conciencia" y las que no. Dentro de este contexto, nuestros planteamientos contra la explotación sexual de las mujeres, cuando hay "consentimiento" (otra vez, énfasis en las comillas) de ellas envuelto, deben centrarse en las condiciones socioeconómicas y culturales que fertilizan el camino para que las mujeres tomemos "decisiones" que nos ponen en desventaja y vulnerabilidad. Lograr esto último es complicado, pues se trata de una fina raya muy susceptible de cruzar.

7) La meta, a largo plazo, debe ser que no exista ese camino fertilizado, es decir, que vivamos en una sociedad dónde la explotación sexual no se traduzca en beneficio alguno para quien explota y para quien sea explotada/o.

7) Dicho lo anterior, reconozco que no me siento convocada por discursos paternalistas ni maternalistas que hablan de mujeres que no respetan su "dignidad", que se "autodegradan", que "no se dan a respetar". Eso me suena a absolutismos, hipocresía y, sí, como diría Nahomi Galindo Malavé en una discusión en Facebook, a moralismos. Creo en el derecho de las mujeres a hacer con sus cuerpos lo que les da la gana. Y ahí está mi conflicto.

8) Aunque reconozco que existen decisiones que pueden y deben ser problematizadas desde una perspectiva de género, me sigo sintiendo inclinada a defender el derecho de una mujer a acostarse con quien quiera, a desnudarse ante quien quiera, y estoy dispuesta a cargar con parte de las consecuencias de esas decisiones. Después de todo, cada una de nosotras en algún momento de nuestras vidas hemos tomado decisiones muy problemáticas desde una perspectiva de género. Decisiones, algunas pequeñas, y otras muy grandes. A veces, logramos justificarnos pero en otras, vivimos en perpetuo cuestionamiento sobre nuestras motivaciones.

9) No me parece justo que sean las modelos de Playboy, las únicas que tengan que cargar sobre sus hombros el peso de una sociedad sexista y patriarcal. Todavía recuerdo como la modelo Taína le daba las gracias a Gabriel Suau, el productor de No Te Duermas, por haberla sacado del residencial público dónde vivía. Y hombres y mujeres gustaban de criticarla duramente. Sin embargo, agunas de esas personas que tanto la criticaban eran las mismas que sintonizaban No Te Duermas, compraban los calendarios, y las revistas dónde ella aparecía en un diminuto tanga...

10) Tampoco me parece adecuado activar nuestras manifestaciones políticas únicamente cuando la explotación viene del extranjero o de una empresa capitalista, porque entonces las motivaciones de la manifestación política no quedan del todo claras. La lucha contra la inequidad de género se tiene que dar, desde todos los frentes. Y, sí, la explotación sexual de la mujer por razones económicas es motivo más que suficiente para manifestarse contra cualquier corporación que así se maneje. Playboy me parece es la compañía símbolo de las corporaciones que viven a costa de los cuerpos desnudos de las mujeres. Pero existen muchas otras instancias en las que también se necesita activismo político para denunciar prácticas sexistas y violentas contra las mujeres, y en muchas de esas instancias, las mujeres miramos a nuestro alrededor y estamos solas. Hace no mucho compartimos el espacio alrededor del Capitolio para nuestra manifestación anual en defensa del derecho al aborto, y me sorprendí cuando vi, a lo lejos, decenas y decenas de personas. Animada me acerqué para encontrarme que era un sindicato que había promovido una actividad para denunciar la Ley 7. Ninguno de los compañeros o compañeras del sindicato se unieron a nuestra manifestación. Sin embargo, nosotras procuramos estar en todas las de ell@s.

Así que, a la pregunta de ¿piqueatear o no piquetar a Playboy? Me adscribo a las palabras de Amárilis Pagán Jiménez:
Se ha dicho que el cuerpo de las mujeres es un campo de batalla. Y así es. Nuestros cuerpos no sólo son violados, humillados y agredidos para destruir al enemigo en los escenarios de guerra. En sociedades como la nuestra, se convierten en presa de otras batallas económicas y de poder como las que vivimos día a día y en la que los medios, la iglesia y los emporios económicos aspiran a controlarnos. Ante esto sólo queda como estandarte de la libertad la conciencia de cada mujer a la hora de decidir dónde se posiciona y por qué. (Yo Mujer)

Nuestro cuerpo es un campo de batalla. Nos corresponde a nosotras decidir cómo librarla. No siempre estaremos de acuerdo, pero queda de nosotras que del desacuerdo salgan nuevas y creativas maneras para lograr la meta de paz, equidad y justicia para todas y todos.

miércoles, 2 de junio de 2010

Atisbo de respuestas

Una vez más me veo precisada a cuestionar algunos discursos, entiéndase palabras+ la ideología que las motiva, de algunas personas pro lactancia que me parece ponen en estado de vulnerabilidad a las mujeres madres de Puerto Rico.

Me sirve de trasfondo la lamentable y terrible noticia que sirve hoy de portada en Primera Hora.

Nos presenta hoy el periodico la terrible historia de una madre de 20 años, cuya hija de apenas 14 días de nacida falleció, atrapada entre los cuerpos de sus padres, cuando ambos se quedaran dormidos mientras la madre lactaba a la pequeña. Nos dice la noticia que la joven está desolada y que contestó las preguntas de la prensa estando medicada. El padre, un obrero de la construcción de 37 años, no pudo contestar a las preguntas por el gran dolor que siente. El brazo del Estado, por voz del agente que investigó el asunto, reacciona:

“Es una aparente negligencia de parte de la madre, en medio de un pequeño
descuido, ya que la bebé estaba llorando y la llevó a la cama para lactarla, y
es cuando aparentemente se quedan dormidos y muere por asfixia’

No me sorprende que aunque el Agente acepta que tanto la madre como el padre se quedaron dormidos, sólo habla de la supuesta negligencia de la madre. No me sorprende,porque en este país y en muchos otros las mujeres no hemos logrado trascender la línea divisoria entre nuestra capacidad natural para parir y nuestro deber social para criar ("child bearing" & "child caring"). Tampoco me sorprende, a mi pesar, que el "reportaje" que se encuentra justo al pasar la página: No es malo dormir con el bebé, en que la Dra. Ana Parilla intenta convencernos de
que lo mejor para los y las bebés es dormir en la cama con sus padres, y si no se puede con papá y mamá pues saquemos a papá del cuarto. Total.

Dice la Dra:

Luego de amamantar, la madre debe asegurarse de que el bebé esté acostado
hacia arriba o de lado para evitar el riesgo de sofocación y que no haya colchas
o frisas pesadas, mucho menos que le cubran el rostro al infante.
Para prevenir que el cansancio de los papás ponga en peligro la vida del bebé,
Parrilla recomienda que en esas primeras semanas la madre tome varias siestas
durante el día. “
Cuando bebé descansa, mamá descansa. No es ponerse a hacer las cosas de la casa. Atender un bebé es la tarea más difícil”, expresó.
Recomendó, además, buscar ayuda para las tareas domésticas y no
añadir más cansancio al agotamiento.
“Hay que descansar dentro de lo más
posible”, reiteró. Sugirió que si la madre se siente demasiado exhausta,
acuerde con su pareja dormir en otro cuarto hasta que el bebé pida el
pecho.
El colecho es, para la educadora en lactancia, la mejor manera en que
una madre puede amamantar porque le permite dar el pecho sin interrumpir
dramáticamente su sueño. Parrilla insistió en que no se ha demostrado que el
colecho es peligroso, por lo que no le parece justo recomendarles a los padres
que no lo hagan. Lo que sí es necesario es tomar precauciones.
“Si empezamos a decir que no y no les damos alternativas, lo va a seguir haciendo pero no va a ser un colecho seguro”, expuso la doctora

En un trabajo que está en vías de ser publicado me pregunto sobre las circunstancias particulares de las mujeres lactantes: ¿Trabajan fuera del hogar o sólo se dedican al trabajo doméstico? ¿Están casadas o solteras? ¿A qué clase socio-económica pertenecen? Veo en las palabras que cito de la Dra. Parilla cierto atisbo de respuestas. Madres Solteras, out! (hace referencia a la pareja) Madres pobres, out! (cómo es que se consigue ayuda en el hogar si no es pagando?) Madres trabajadoras? out! (no todas las mujeres trabajadoras somos empleadas con derecho a licencia de maternidad). Con razón, miles de mujeres terminan frustradas cuando no pueden cumplir con su meta de lactar. Al final, ¿qué queda? Mujeres con pareja, cuyas condiciones laborales y socioeconómicas le permiten lactar a sus bebés. Si es así, ya viene siendo hora que dejemos atrás discursos totalizantes sobre las posibilidades de las mujeres madres, cual si sólo existiera un solo tipo de mujer, un solo tipo de madre, un solo paradigma para medir las distintas maternidades. Viendo siendo hora de dejar atrás el binomio buena madre v. mala madre, e invertamos nuestros esfuerzos en construir una sociedad dónde la carga de criar a los y las nuevas ciudadanas no recaiga inequitativa e injustamente sobre los hombros de las mujeres que los paren.