¿realmente basta una llamada y un alegato para detener a una persona por un día y luego soltarla porque lo alegado nunca ocurrió? Si la respuesta a esto es sí, entonces, mis amigos, tenemos un problema. ¿Qué pasa con la necesidad de que se denuncie solo lo cierto? ¿No hay consecuencias para quien mienta y active las fuerzas del Estado detrás de una premisa falsa?
martes, 26 de noviembre de 2013
Respuesta a "¿Dónde están los textos de Rocky? de Julio Rivera Saniel
lunes, 25 de noviembre de 2013
El doble asesinato de Ivonne
“Ella seguía usando las cosas pero no quiso cumplir con su parte, así tú lo ves.”“Ella usaba la droga, usaba el dinero y después no te correspondía.”
Palabras del periodista Luis Guardiola en su entrevista al asesino confeso de Ivonne Negrón Cintrón
viernes, 4 de octubre de 2013
Un "buenos días" que ya no recibiré
miércoles, 4 de septiembre de 2013
Breve reflexión sobre el llamado "caso del niño de Rincón"
lunes, 13 de mayo de 2013
Revista Cruce: Todas somos Todas


Tal como expresé a nombre de CLADEM en las vistas públicas, el proyecto de Charbonier lo que busca es validar legislativamente la interpretación errónea que surge de la opinión en conformidad del Juez Kolthoff. Es decir, hay un reconocimiento tácito de que la interpretación del juez no se ajusta al lenguaje ni a la intención de la Ley 54. Lo hemos dicho ya pero vale la pena repetirlo: La ley 54 no se creó para proteger a la llamada familia nuclear (tipo Papá, Mamá, Pepín, Rosa, Lobo y Mota, como diría el colectivo Humanistas Seculares) sino para proteger a las personas, todas las personas, que son objeto de violencia por parte de sus parejas. Punto.
Charbonier, en el proyecto 650 de la Cámara de Representantes, pretende convencernos de que busca ampliar las protecciones de la Ley 54 alterando la política pública del Estado como una en contra del “del maltrato y la violencia doméstica e intrafamiliar por ser contraria a los valores de paz, dignidad y respeto que este pueblo quiere mantener para los individuos, las familias y la comunidad en general” y redefiniendo la “violencia doméstica como un patrón de conducta constante de empleo de fuerza física o violencia psicológica, intimidación o persecución contra una persona por parte de otra persona con quien haya sostenido una relación afectiva, emocional, vinculante y/o mediante un pacto de convivencia, expreso y/o implícito, por un tiempo razonable y/o indeterminado”.

identidad de género – cómo se identifica una persona, cómo se reconoce a sí misma en cuanto al género (masculino, femenino). Puede o no corresponder a su sexo biológico (o asignado en su nacimiento). Todas las personas tenemos una identidad de género. No es una orientación sexual (es personal, interna).
domingo, 18 de marzo de 2012
Confesiones sobrias pa'estas primarias...
Y yo no votaré.
Quienes no hemos nacido en cunas izquierdosas, con referencias constantes a la lucha por la independencia ni la de la clase trabajadora... podemos hablar de cómo la política bipartidista del país se puede convertir en una dinámica familiar más. En algún momento, existieron grabaciones de audio en las que la voz de mi amado padre amenaza con llamar a Romero Barceló y yo contestarle llorando "no, a Romero, no". O sea, en mi casa Romero era el cuco. (Eso todavía no ha cambiado). En fin, en el contexto familiar, votar no era sólo un deber cívico sino uno de amor y fidelidad al clan que conformámos papá, mamá y yo.
Pero la niña creció. De hecho, desde hace mucho tiempo vivo desencantada con la política partidista. En cuanto entré a la Universidad, descubrí mis fuertes inclinaciones hacia el socialismo, la soberanía de los pueblos y, por supuesto, el feminismo. Eso unido a que tuve la oportunidad de trabajar para una campaña política (de las importantes) cuando apenas tenía 19 años de edad ayudaron a darme cuenta a) que la política es mucho más que los partidos y, sí, es más que votar y b) que los partidos de Puerto Rico son muy decepcionantes.
Con todo y eso, movida por muchas razones, voté en primarias y en elecciones. No lo hacía de mala gana. Confieso que el relajo medio farandulero y de avivamiento casi pentecostal me convocaba lo suficiente. Mirando hacia atrás me doy cuenta que lo mío era un verdadero perfomance, con disfraces incluidos. En las elecciones generales votaba con miedo. Y en las primarias.... porque me dejaba convencer que ese era un primer paso importante para asegurarme que la papeleta del próximo noviembre fuera respetable. Pero, confieso, que la pepeleta de los noviembres siempre me resultaba que se quedaba demasiado corta. Votaba y después, la depre.
Hasta hoy.
lunes, 21 de febrero de 2011
El malestar de la activista
Mi malestar refiere a dos dimensiones políticas: una muy particular y personal y la otra, amplia y pública. Ambas, obviamente, se entremezclan. La primera me lleva a mis siete años universitarios en el Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico. Entré a la universidad en el año 1998, en medio de una crisis universitaria, provocada por recortes presupuestarios a la Universidad. Estaba en mi último año de escuela superior cuando se dieron las manifestaciones contra Norma Burgos y el ex gobernador dentro del recinto riopedrense y, ya entonces, veía al movimiento estudiantil como el frente de resistencia más próximo a mis circunstancias. Tuvo eso mucho que ver que, a pesar de la amorosa presión de mi padre para que siguiera sus pasos en la contabilidad, me decidiera por las Ciencias Políticas en la Facultad de Ciencias Sociales. Mi instinto informado me decía que necesitaba formarme políticamente de manera rigurosa si quería lograr adelantar algo. Mi sorpresa no fue poca cuando comprendí que esa formación comenzaba desde Estudios Generales. Allí una Ivette Torres Toro, un Kalman Barsy y un Alfredo Matilla (qepd), entre otras y otros, abrieron mi vida de manera al conocimiento, con pasión, humor, solidaridad.... la profesora Torres llegó a compartir su almuerzo conmigo, cuando yo me escapaba a su oficina al mediodía porque prefería hablar con ella antes que comer. Fue en su salón cuando lei por primera vez , con apenas 17 años, a Simone de Beauvoir y su Segundo Sexo. Todavía recuerdo la taquicardia, las manos sudadas, la dilatación de mis púpilas mientras conectaba con el texto. Me había enamorado, perdidamente enamorado, del salón de clases.
Mientras ese enamoramiento se iba cuajando, otros también. Y es que en septiembre de 1998 me invitaron a mi primera pintata. Se cumplía un año desde los acontecimientos con Norma Burgos y el movimiento estudiantil quería conmemorarlo en la rampa de Generales. Uno de los "pelús" de los que hablaba Mike Villegas en su emblemática "Elenita" me invitó a pintar. Y yo, ni corta ni perezosa, agarré una brocha, la llené de pintura roja (¿cómo no?) pinté alguna consigna en la rampa. Mi primer acto político en la Universidad fue pintar "prohibido olvidar". Que orgullosa me sentí. Al otro día, la rampa amaneció completamente pintada de gris. Ni un sólo rastro de nuestras pinturas, consignas y dibujos. Pero cuando yo subía la rampa me fijaba exactamente en dónde estaba la pintura gris que había borrado mi consigna. Me sonreía. Nadie más la veía pero yo sabía que estaba allí. Desde ese momento, busqué de todas las maneras volver a sentir ese júbilo. Me había enamorado de la acción política.
Precisamente, de esa experiencia dual en el alma de la universitaria activista es que habla una de mis feministas favoritas, la profesora Jane Gallop, en su controversial libro "Feminist Acussed of Sexual Harrassment".
The books were a big part of it, but I wasn´t just reading books, I was also going to meetings. Meetings of various sort of women´s groups, both on campus and downtown at the Women´s Center.
...
The books and the meetings are inextricably jumbled together in my memory of that hectic period. there, on the fringes of my college education, I experienced an exhilarating mix of private readings and social community, which I would call learning, in the strong sense of that word. Not only did it change me, but it vastly improved my life then and there in two essential and entwined ways. (Págs.2-3)
Así, por cuatro años, me mantuve activa dentro de los salones de clases, cumpliendo con todas mis responsabilidades, asistiendo a clases aún estando enferma, o llegando empapada por la lluvia, cultivando una relación fuerte con mis profesores y profesoras, visitándoles en sus oficinas, citándome con ellos y ellas en el merendero de Sociales, hablando y hablando, con Raúl Cotto, Javier Colón, María del Pilar Arguelles, Luis Raúl Cámara, Itza Alegría... con Madeline Román, nunca hablé fuera del salón de clases, pero creo que ha sido una de las maestras que más ha influenciado en mi vida, tanto así que su clase de Criminología fue lo que me permitió mantenerme a flote cuando el estudio del Derecho se quedaba corto pero que muy corto en el análisis del fenómeno criminal.
Mientras todo eso pasaba, yo fui a todas las Asambleas a la que fui convocada, marché por los edificios enfermos, porque nos querían cerrar las bibliotecas más temprano, escribí cartas al periódico criticando la falta de participación estudiantil en la toma de decisiones, llegué a reunirme, por cosas del azar, con el rector de turno. Claro, no podían faltar, las marchas contra el ROTC. Si no me adentré más en el movimiento estudiantil fue porque no tenía carro, dependía de la guagua de Río Piedras a Caguas, y muchas veces las reuniones eran tarde. Pero también porque yo no venía de la izquierda organizada, no conocía a nadie y me parecía que era un movimiento bastante machista.
En Derecho, todo cambió. Perdí mucho amor al salón de clases y curiosamente, a la vez, me desconecté del movimiento estudiantil. Las razones para lo primero son muchísimas pero no abundaré sobre ellas. Ahora, sobre lo segundo, fue mi culpa. Me dejé tragar por la enajenación que imperaba en esa Escuela, y de repente mi vida era leer casos y casos. Ni me enteraba de cuándo eran las Asambleas generales de estudiantes..... hasta que llegó la Asamblea del 2005. Ese era mi último año de estudios, ya andaba preocupada por la reválida, cuando de repente, me hallo en medio de una Asamblea de Estudiantes en la que, de repente se votó a favor de una huelga. Yo, al igual que muchos líderes estudiantiles de aquel entonces, voté en contra. Pero la mayoría dijo que no, que nos íbamos a la huelga. Fiel a mis principios, regresé a la Escuela de Derecho a despedirme de ese mundo cruel (ja!) y avisar que había huelga y que las huelgas NO se rompen. Después de todo, yo sí estaba decididamente a favor de los postulados principales del movimiento estudiantil, a saber, reclamos de mayor participación en la toma de decisiones y oposición a un aumento arbitrario en la matrícula.
A los pocos días del inicio de la huelga, un grupo de profesores y profesoras comenzaron a producir artículos, actividades, foros, en los que se pintaban a los y las estudiantes huelguistas como anti intelectuales, seres que no iban a la Universidad a leer ni a aprender. Recuerdo a uno en particular que nos señalaba y nos decía que nosotros realizábamos una especie de perfomance, que simulábamos que éramos estudiantes pero que no lo éramos. Un grupo de ellos, junto a un estudiante de Derecho, idearon la marcha del libro en la que los y las participantes fueron convocados a caminar junto a un libro. Todavía recuerdo que una de mis compañeras de Derecho se llevó el Código Civil (!!!). Y ahí comenzó a configurarse mi fuerte malestar, malestar que al leer los dos documentos que arriba menciono vuelve a activarse. Pregunta Pabón: ¿Por qué el menosprecio y desprecio a las clases y lo que allí ocurre de parte de los sectores que han insistido en esta coyuntura que la “lucha por defender” la Universidad es igual a paralizar las clases? Y yo respondo con otra pregunta: ¿por qué parte de la premisa de que quienes hemos apoyado, en algún momento, la paralización de las clases lo hacemos porque menospreciamos lo que ocurre en el salón? Pabón sabe que, históricamente, dentro del movimiento estudiantil que ha convocado y luchado las llamadas huelgas estudiantiles, se encuentran muchas de las mentes más privilegiadas de nuestra juventud. El lo sabe mejor que nadie, porque- en su tiempo- él fue uno de esos jóvenes. El otro día Noticel publicó una nota sobre las estudiantes lideresas, todas con promedio de estudiantes de honor. En vez de reconocer eso, se prefiere desdeñar a la estudiante huelguista como una persona anti-intelectual y hasta una mediocre.
En realidad, de lo que aquí se trata no es de la creencia de Pabón de que los huelguistas no aprecian el estudio dentro del espacio privilegiado del salón. De lo que se trata es que Pabón simplemente privilegia ciertos sujetos y haceres sobre otros (el estudiante-estudiante vis a vis el estudiante-activista), y para legitimar su posición construye un imaginario reduccionista alrededor de la estudiante huelguista. Se pretende, pues, convocar a los docentes a que se aparten de sus estudiantes activistas, a que se vean como una cuerpo autonómo con problemas específicos que pueden resolver entre ellos, hablando entre ellos, escribiéndose entre ellos. Y para lograr ese alejamiento se recurre a la injusta treta de construir a un otro fácilmente rechazable. ¿Por qué habría una profesora de acoger a un estudiante que presuntamente rechaza la supuesta función propia de ese profesora?
En el 2005 la marcha del libro fue lo que me decidió a trabajar a favor de la huelga. Fue también lo que hizo que me pusiera la camiseta del CUCA. No iba a permitir que discursos injustos, prejuiciados y maliciosos manipularan mi conciencia. Cuando leí a Pabón, reconocí ciertos de esos discursos. He ahí la dimensión personal de mi malestar.
La otra dimensión que explica mi malestar tiene que ver con mi realidad actual como una activista.
Hace cinco años que no soy parte de la comunidad universitaria, es decir, no soy profesora, estudiante ni empleada no docente. A pesar de ello, me une al proyecto universitario, además de mi sincero aprecio y agradecimiento, lazos de amistad con integrantes de la Universidad y porque mis trabajos de activismo me han llevado a trabajar directamente con ellos y ellas. En los pasados conflictos huelgarios he servido como colaboradora de las profesoras, profesores, estudiantes en el conflicto, llevándoles agua, comida, prestándoles asesoría legal, denunciando agresiones en su contra, interviniendo con la policía en momentos de crisis, he sido una entre miles de personas que han respondido a los llamados de solidaridad. Y ahora hay quien pretende reducir el conflicto de la universidad al salón de clases, a una cuestión de docentes o a una cuestión de estudiantes y no a una cuestión del país. He ahí la segunda dimensión de mi malestar.
Reconozco, y acepto, que no todas podemos trabajar desde los mismos frentes. La acádemica no es necesariamente activista. Ni la activista tiene por qué ser una acádemica. Aunque, por lo menos dentro del movimiento feminista, se han logrado exitosas tangencias. Reconozco que la teoría, el estudio, el debate dentro del salón de clases puede revolucionar el alma de una ser humano, pero la gestión propiamente política , el piquete, los murales, las pasquinadas, el cabildeo, los paros, la huelga, la desobediencia civil cumplen una función muy distinta a aquella que se da dentro del salón de clases. La teoría nos da los fundamentos, nos ayuda a convencer a quien quiere y puede escuchar, en un espacio ya demarcado que se reconoce como privilegiado. La acción política es participativa, masifica los postulados, y es lo que finalmente sacude el status quo, es lo que reta la normalidad, es lo que consigue el cambio social. Activismo sin teoría es un panfleterismo pero teoría sin activismo es... pues eso... teoría. El salón de clases me dio a Simone de Beauvoir, pero sin el activismo, El Segundo Sexo se hubiera quedado en meramente una lectura que me hizo pensar.
Ya termino repitiendo algo que por trillado no deja de ser cierto: El futuro del país depende del proyecto universitario. Todos y todas estamos llamadas a defenderlo. El llamado debe ser a respetar lo que la comunidad universitaria entienda es lo mejor para gestionar políticamente su lucha, si es que deciden gestionarla políticamente. Eso, por supuesto, incluye la posibilidad de una retirada parcial para evaluar y repensar estrategias, lo cual debe ser parte importantísima de todo plan de incidencia política. Pero para reconocer esto último no hace falta inventarnos que entrar, permanecer y quedarse en el salón de clases es un evento lo suficientemente subversivo para alterar el orden de las cosas. Hace falta más, mucho más. Defender esto no nos hace ortodoxas, dogmáticas ni intransigentes. Esto nos lo ha enseñado las historias de lucha de los pueblos.
Les dejo Arena y Cal de Fiel a la Vega...
Y cuando tengas que tranzar,
Por conciencia o por lealtad,
Te voy a recomendar, una de arena y una de cal,
Usa una mano pa' jugar y otra mano… pa' levantar y pa' agarrar,
Pa' rempujar, pa' no frenar!
jueves, 17 de febrero de 2011
Confesión en honor a Julia
No ser como los hombres quieren que una sea es díficil. Ser una su propia ruta requiere de un proceso constante de descubrimiento personal. Las ansías nunca se detienen.
Hablar en público, romper una relación dañina en el momento justo y necesario, decir NO, mientras dejas a un lado los remordimientos, son actos que requieren mucha fuerza, convicción y arrojo en un largo y a veces tortuoso camino lleno de renacimientos.
Reprogramar nuestras mentes, almas, corazones para sabernos verdaderas dueñas de nuestras vidas, sin temor a represalias, sin temor al ostracismo, sin temor a la soledad, precisa una serie de encuentros (y desencuentros) que desafortunadamente muchas de nosotras nunca asumimos. Y quienes sí lo asumimos, no podemos confiarnos. Cada piedra en el camino se puede convertir en un peñón si no nos asegurarnos de que nuestros "pie[s] planos sobre la tierra promisora no resist[an] caminar hacia atrás".
A veces la piedra principal está dentro de nuestras más secretas vulnerabilidades. Sabemos que algo anda mal pero no lo detenemos porque tenemos miedo. La calle es una cosa, pero la casa, otra. Y salimos, clamamos "justicia, paz, equidad" para ellas pero cuando nos acostamos a dormir nos preguntamos, y para nosotras, ¿cuándo? . Y la respuesta se nos escapa porque estamos gordas, porque él me quiere, porque el colectivo algún día entenderá que mi turno al bate tiene que llegar. Sí, sí, porque la lucha no nos hace inmunes.
A veces entre lágrimas nos miramos al espejo. Lloramos mucho, mucho, pero terminamos sonriendo. Mirándonos fijamente reconocemos la salida al final del túnel.
Nosotras, Julia lo sabía, estamos hechas de presentes. Somos la ruta.
viernes, 23 de julio de 2010
Claridad/EN ROJO: artículos sobre la violencia contra las mujeres
Aquí les comparto mi aportación:
No sólo con gas pimienta
Recientemente, a preguntas del periodista Rafael Lenín López, el Gobernador de Puerto Rico justificó el abuso policiaco del pasado 30 de junio a las afueras del Capitolio aludiendo a que las personas allí manifestándose tenían piedras y gas pimienta en sus mochilas. “Yo no sé tú pero yo no llevo “pepper spray” encima”, contestó el Gobernador. Tal vez, detrás de esas palabras dichas presuntamente de manera espontánea se esconden las verdaderas razones por las cuales el actual Gobierno ha fallado en representar los intereses de las mujeres en Puerto Rico desprotegiéndolas en situaciones de violencia o victimizándolas directamente con despidos a madres jefas de familia, desmantelando la Oficina de la Procuradora de las Mujeres, invirtiendo los escasos recursos gubernamentales en campañas ultra con servadoras y fallidas como “Promesa de Hombre” o literalmente tirándonos por unas escaleras en medio de una manifestación. Si para el Gobernador de Puerto Rico sólo se anda con gas pimienta encima para provocar violencia, es porque desconoce que cientos de mujeres en este país tienen gas pimienta, navajas, cuchillas o hasta armas de electrochoque en la cartera y en sus casas no para generar violencia, sino para defenderse de ella.
La violencia hacia las mujeres en Puerto Rico ya ha sido asumida por muchas y muchos como parte de nuestra cotidianidad. Desde que nacemos hasta que morimos las mujeres nos sabemos en riesgo. Aunque nos cueste aceptarlo Puerto Rico es, decididamente, un país violento que se ensaña específicamente contra las mujeres. Dan cuenta de ello, los titulares de todos los días: Mujer embarazada es interceptada, mientras hace ejercicios, la secuestran, la violan y la asesinan; Mujer es violada en estacionamiento público en el Viejo San Juan; Violador en serie aterroriza a estudiantes en Río Piedras ; Hombre mata a disparos a su ex-esposa y balea al hijo de ambos. Por ello, la mera posibilidad de convertirnos en víctimas de una agresión se ha convertido en una agresión por mérito propio, una agresión constante y continua que mutila nuestra autonomía y decide por nosotras desde qué ropa utilizar (para que nos tomen en serio), qué trabajos aceptar (en un ambiente dónde no nos hostiguen), por cuál acera caminar (en donde no tengamos que someternos a comentarios no deseados), en dónde estacionar (que no nos agarren desprevenidas), en dónde vivimos (que tenga seguridad 24/7).
Al fin y al cabo, la lista de consejos para evitar ser victimizadas es larga: no te pongas faldas cortas; no te mudes sin antes poner rejas; no aceptes tragos a desconocidos, o mejor, a nadie (que a veces los conocidos son los peores); no hagas jogging en la noche; deja las luces encendidas; duerme con una navaja al lado de la cama; no te estaciones en Covadonga, en las calles sospechosas de Ocean Park, en cualquier calle del casco de Río Piedras, ni en el multipisos de Plaza Las Américas; no rías las gracias; no salgas hasta la madrugada y, tal vez, ahora habría que añadir no asistas a marchas. Una no puede evitar preguntarse qué pasa si se obvian los consejos. Si nos agreden, ¿cuál será nuestra justificación para ganar la solidaridad de la sociedad? De esto obviamente nada sabe el Gobernador de turno.
En un país donde cada quince días una mujer es asesinada por razón de su género (en los primeros seis meses del 2010 ya suman unas 15) y otras tantas son maltratadas, agredidas sexualmente y hostigadas en sus trabajos, es imperativo que nuestras instituciones ejecuten estrategias efectivas para contrarrestar esta situación de emergencia. En su momento la feminista Bell Hooks en Feminist Theory: From Margin to Center (1984) sostuvo que era imposible combatir la violencia contra nosotras sin trabajar la relación entre el sistema capitalista y la violencia generalizada. Decía que poco podía esperarse de una sociedad que se fundamenta en la explotación económica de sus ciudadanas y ciudadanos. En Puerto Rico, cabe preguntarse si el conservadurismo económico y social del actual Gobierno nos está llevando tanto a mujeres como a hombres a callejones sin salida que rebotan invariablemente en violencia. También, si es posible que los mismos funcionarios que nos rompen la cabeza en medio de una manifestación sean capaces de evitar que nuestras parejas o ex parejas nos golpeen. El nombramiento fallido de Johanne Vélez como Procuradora de las Mujeres únicamente porque el fundamentalismo religioso la emprendió contra ella fue la punta de lanza de lo que estaba por venir. A eso le siguió el limbo en que se ha dejado la incorporación de la enseñanza desde una perspectiva de género al currículo de las escuelas públicas, la institucionalización de campañas conservadoras como “Promesa de Hombre” que en vez de cuestionar, reafirman las camisas de fuerza que suponen los roles de género, el despido de más de 20,000 trabajadoras y trabajadores gubernamentales, y la reciente represión ilegal de protestas legítimas, con las mujeres llevándose la peor parte de los golpes. Todo ello ha hecho claro que no contamos con un Gobierno sensible a las necesidades de las mujeres. Por el contrario, nos encontramos ante un Gobierno que nos violenta, a la menor oportunidad; un Gobierno que se ha convertido en uno de nuestros principales agresores cuando nos coloca en posiciones de vulnerabilidad.
Por tanto, nos resta a las mujeres organizarnos para lograr - sin depender exclusivamente del Estado - el mejoramiento de nuestras circunstancias de vida. Si es verdad que tenemos derecho a salir a la calle sin temor a ser objetos de violencia, no podemos limitarnos a repudiar la acción o falta de acción del Gobierno de turno. Debemos dirigir nuestros esfuerzos contestatarios a las fuerzas invisibles que empujan a los Fortuño de la vida, desde la Iglesia que miente, tergiversa y manipula lo que significaría una educación con perspectiva de género hasta los llamados grandes intereses que persiguen una Alianza Público-Privada para reclutar a madres y padres de familia sin las condiciones laborales que éstos creían garantizados en sus anteriores empleos y, a su vez, privatizar servicios de primera necesidad. La violencia contra nosotras, las condiciones que nos hacen víctimas directas o indirectas o en potencia, no se genera de manera unidimensional ni únicamente dentro de las paredes del hogar. De igual manera, debemos de enfrentarla desde varios frentes. Nuestro Gobierno se ha encargado de visibilizar dramáticamente una gran verdad: las condiciones que nos vulneran son parte de la vida pública y colectiva de nuestra sociedad, por lo que debemos sacudirla para poder librarnos de ellas. Esto tan sólo se logra, organizadas, en alianzas, saliendo a la calle, siendo una presencia constante y sonante en la vida pública del país. ¡Qué se sepa que no sólo contamos con el gas pimienta en la cartera! Somos muchas y estamos dispuestas a luchar.
La autora es abogada Vice-Presidenta de la Comisión de la Mujer del Colegio de Abogados(as) y fundadora del blog Mujeres en Puerto Rico (http://www.mujeresenpr.blogspot.com)
jueves, 1 de julio de 2010
Si cuentas con mi miedo, siéntate a esperar
Este Gobierno con el aval de TODAS sus ramas materializa, cada vez de manera más clara, su propósito de establecer su agenda neoliberal y conservadora a costa de lo que sea y quien sea. Para lograrlo, se ha asegurado tener a su lado a una persona como Figueroa Sancha, reconocido y probado enemigo de los derechos humanos y civiles que llegó a Superintendente de la Policía precisamente por su nefasto historial. No puede caber duda. Quiere el Gobernador destruir nuestro país, y que no lo denunciemos. Nos quiere aterradas y aterrados en nuestras casas, viendo las vistas del Senado por la tv, y con la Prensa limitándose a hacerle las relaciones públicas. Nuestro actual Gobierno ha censurado libros; han desmantelado Procuradurías; liquidado la colegiación compulsoria de las abogadas y los abogados; y ahora no hay manera de que nos manifestemos sin que la Fuerza de Choque no nos amenace con golpearnos, abusarnos y hasta matarnos. No hay duda: vivimos en un Estado de Terror.
Lo que sucedió ayer no puede ser pasado por alto ni olvidado en cuestión de días. En el Capitolio, nos encontrábamos puertorriqueñas y puertorriqueños preocupados por el presente y el futuro del país. Estábamos procurando nuestros derechos constitucionales, defendiendo a mujeres, a estudiantes y trabajadoras/es. No puede ser que ahora, cada vez que nos pisoteen, se nos abuse por denunciar. No hay manera de justificar el abuso de ayer ni podemos premiar al Gobierno dándoles la victoria de nuestro miedo. Quiternos no es una opción, sí debemos organizarnos mejor. Me niego a quedarme al borde del camino, me lo debo a mí y a la mujer que me parió.
Hoy mismo regreso A LA CALLE.
jueves, 24 de junio de 2010
¿Promesa de Hombre? No, gracias.
"Es a los hombres a quienes nos toca romper con visiones equivocadas sobre la mujer que aún quedan en nuestra sociedad, y terminar con los ciclos de violencia. La promesa hecha por el hombre debe venir acompañada de un compromiso de enseñar a sus hijos a honrar y respetar a las mujeres", señaló.
"Hagamos que (el hombre) prometa nunca cometer, tolerar o mantener silencio ante la violencia doméstica, hagamos que reconozca que puede ser fuerte sin agredir, y hagamos que se comprometa a ser un hombre íntegro, que trata a la mujer con respeto y dignidad, y que valora su contribución como madre, hija, esposa y trabajadora", puntualizó.
Las organizaciones pro mujeres y personas solidarias cuestionamos esa iniciativa por entender que fortalecía los roles de género que tanto se relacionan con la violencia contra nosotras. En aquel momento, mi amigo Aníbal Rosario Lebrón comentó aquí mismo en el blog:
ícaro-ardiendo dijo...
¿Por qué hay que criar hombres fuertes? ¿Por qué tiene que ser a través de las instituciones de bases de fe a la que los hombres no van? ¿Por qué tiene que ser una promesa de "hombre"? ¿Por qué no enseñar perspectiva de género y romper con esas categorías? ¿por qué Fortuño cree en educar y no cree en la perspectiva de género en nuestras escuelas públicas? ¿Por qué no nos preguntamos por qué el apoderamiento hacia la mujer ha fallado? ¿Por qué abandonamos el apoderamiento de la mujer? ¿Por qué es la Agencia de la Familia la que debe implementar esto? ¿Dónde quedó la Procuradoría de la mujer? ¿Por qué no debes respetar a las mujeres sólo por ser seres humanos y tenemos que respetarlas por ser "madres", "hijas", "esposas" y "trabajadoras"? ¿Dónde quedan las mujeres que no desean esas categorías?
A pesar de nuestras críticas y preocupaciones, el Gobernador (nuevamente) nos ignoró y, sin más, arrancó la campaña con anuncios televisivos (verlos en http://www.abrazalavida.com/)* y hasta en las carreteras:

Existen quienes, con toda la buena fe del mundo, no comprenden por qué las feministas podemos oponernos a una iniciativa que aparentemente invita a los hombres a comprometerse con ser "buenos" hombres, a protegernos y cuidarnos, sin faltarnos al respeto y valorando como dice el Gobernador nuestros roles como "madres", "hijas" "esposas" y "trabajadoras" (en ese orden).
Pues bien, nos oponemos por ya existen estudios que establecen una clara relación entre dichos roles y la violencia contra nosotras. Recientemente, Ana Irma Rivera Lassén circuló la noticia sobre cómo el llamado "sexismo benévolo" ("comportamientos que son socialmente considerados como "buenos" hacia sus parejas aunque estos comportamientos sigan siendo sexistas") tiene un claro efecto sobre cómo la sociedad percibe y justifica los malos tratos del hombre a la pareja. Ese artículo que nos envió Ana trata sobre la violencia sexual dentro del seno doméstico y, obviamente, tiene resonancia en Puerto Rico. Basta con que salgamos a la calle para escuchar cómo personas justifican el abuso conyugal con argumentos tales: "por lo menos le tiene una casa".
La campaña de nuestro actual gobierno es un ejemplo de ese "sexismo benévolo" porque reafirma el rol del hombre fuerte que debe proteger a su esposa, hija o madre, y el del rol de la mujer débil que necesita protección. Dichos roles, en vez de propender a la armonía entre los géneros, se convierten en una camisa de fuerza que encierra a la pareja en unos paradigmas que, de ser sacudidos, producen violencia.
La realidad es que para poder echar hacia adelante en nuestra gesta con la equidad, la justicia y la paz de todas personas que vivimos en Puerto Rico es URGENTEMENTE IMPERATIVO rescatar la carta circular del Departamento de Educación sobre la perspectiva de género en las escuelas del país. Ese sería el primer GRAN paso hacia la dirección correcta.
VRt
* La campaña Promesa de Hombre es parte de una campaña más amplia del Departamento de la Familia de Puerto Rico, conocida como "Abraza la vida". Próximamente, les comentaré lo que "abrazar la vida" significa para el Gobierno de Puerto Rico.
** foto de Verónica Rt
jueves, 10 de junio de 2010
Playboy en Puerto Rico
Las llamadas "conejitas" (!!!!!!) se bajaron del avión en Isla Verde y hoy, en la prensa, nos espetan que desnudarse para una revista es la mejor oportunidad del mundo: no sólo te invitan a fiestas dónde conoces a gente importante sino que recibes 25, 000 dólares si te desnudas para la página del centro de la revista y 100,000 dólares si consigues la portada. Ok.
¿En dónde nos deja esto a las feministas y a las personas solidarias que luchamos contra la inequidad entre los géneros? El debate está abierto. ¿Piqueteamos en la actividad de Playboy?
Mi posición en cuanto a este tema aún está en proceso evolutivo. Tengo conflicto.
Pero tengo varias cosas claras:
1) La explotación sexual del cuerpo de la mujer no debe tener lugar en sociedad alguna.
2) Cabe hablar de explotación sexual cuando una mujer "decide" (énfasis en las comillas) utilizar su cuerpo para obtener algo a cambio, ya sea dinero, influencia, acceso a esferas de poder. Prostitución y pornografía corren a mi mente pero también muchas otras instancias que, a nivel privado, se dan por las mismas razones.
3) Anteriormente, he problematizado, desde una perspectiva bastante mackinneana, la centralización de los reclamos feministas exclusivamente en el supuesto del derecho de la mujer a decidir. El tiempo ha demostrado que dicho supuesto se ha convertido en un trampa discursiva que, cada cierto tiempo, nos explota en la cara. Ver mi entrada anterior sobre el tema.
4) Una de esos momentos en que nos explota en la cara es cuando nos encontramos con mujeres que nos exigen respeto a su decisión de desnudarse en una revista porque sí, porque se trata de su decisión. Y si las feministas las criticamos pues estamos siendo intolerantes, cerradas y poco solidarias. Todo eso se presta para que se nos acuse de alienar a las mujeres quienes, por razones muchas veces económicas, objetivan su cuerpo y, como tal, lo alquilan para el beneficio del hombre.
5) Noto que, al menos en Puerto Rico, a las mujeres feministas se nos hace más fácil cuestionar esas "decisiones" cuando las mismas se inclinan a favor de una exposición pública de la sexualidad de las mujeres y no, por ejemplo, cuando las mismas se inclinan a favor de la domesticidad. Eso me preocupa.
6) No obstante, me inclino a pensar que sí, que en efecto, debemos ser cuidadosas cuando trabajamos estos temas porque es posible que alienemos a las mujeres que toman decisiones que, en lo particular, encontramos problemáticas. No es cuestión de dividirnos entre las mujeres que hemos despertado de la "falsa conciencia" y las que no. Dentro de este contexto, nuestros planteamientos contra la explotación sexual de las mujeres, cuando hay "consentimiento" (otra vez, énfasis en las comillas) de ellas envuelto, deben centrarse en las condiciones socioeconómicas y culturales que fertilizan el camino para que las mujeres tomemos "decisiones" que nos ponen en desventaja y vulnerabilidad. Lograr esto último es complicado, pues se trata de una fina raya muy susceptible de cruzar.
7) La meta, a largo plazo, debe ser que no exista ese camino fertilizado, es decir, que vivamos en una sociedad dónde la explotación sexual no se traduzca en beneficio alguno para quien explota y para quien sea explotada/o.
7) Dicho lo anterior, reconozco que no me siento convocada por discursos paternalistas ni maternalistas que hablan de mujeres que no respetan su "dignidad", que se "autodegradan", que "no se dan a respetar". Eso me suena a absolutismos, hipocresía y, sí, como diría Nahomi Galindo Malavé en una discusión en Facebook, a moralismos. Creo en el derecho de las mujeres a hacer con sus cuerpos lo que les da la gana. Y ahí está mi conflicto.
8) Aunque reconozco que existen decisiones que pueden y deben ser problematizadas desde una perspectiva de género, me sigo sintiendo inclinada a defender el derecho de una mujer a acostarse con quien quiera, a desnudarse ante quien quiera, y estoy dispuesta a cargar con parte de las consecuencias de esas decisiones. Después de todo, cada una de nosotras en algún momento de nuestras vidas hemos tomado decisiones muy problemáticas desde una perspectiva de género. Decisiones, algunas pequeñas, y otras muy grandes. A veces, logramos justificarnos pero en otras, vivimos en perpetuo cuestionamiento sobre nuestras motivaciones.
9) No me parece justo que sean las modelos de Playboy, las únicas que tengan que cargar sobre sus hombros el peso de una sociedad sexista y patriarcal. Todavía recuerdo como la modelo Taína le daba las gracias a Gabriel Suau, el productor de No Te Duermas, por haberla sacado del residencial público dónde vivía. Y hombres y mujeres gustaban de criticarla duramente. Sin embargo, agunas de esas personas que tanto la criticaban eran las mismas que sintonizaban No Te Duermas, compraban los calendarios, y las revistas dónde ella aparecía en un diminuto tanga...
10) Tampoco me parece adecuado activar nuestras manifestaciones políticas únicamente cuando la explotación viene del extranjero o de una empresa capitalista, porque entonces las motivaciones de la manifestación política no quedan del todo claras. La lucha contra la inequidad de género se tiene que dar, desde todos los frentes. Y, sí, la explotación sexual de la mujer por razones económicas es motivo más que suficiente para manifestarse contra cualquier corporación que así se maneje. Playboy me parece es la compañía símbolo de las corporaciones que viven a costa de los cuerpos desnudos de las mujeres. Pero existen muchas otras instancias en las que también se necesita activismo político para denunciar prácticas sexistas y violentas contra las mujeres, y en muchas de esas instancias, las mujeres miramos a nuestro alrededor y estamos solas. Hace no mucho compartimos el espacio alrededor del Capitolio para nuestra manifestación anual en defensa del derecho al aborto, y me sorprendí cuando vi, a lo lejos, decenas y decenas de personas. Animada me acerqué para encontrarme que era un sindicato que había promovido una actividad para denunciar la Ley 7. Ninguno de los compañeros o compañeras del sindicato se unieron a nuestra manifestación. Sin embargo, nosotras procuramos estar en todas las de ell@s.
Se ha dicho que el cuerpo de las mujeres es un campo de batalla. Y así es. Nuestros cuerpos no sólo son violados, humillados y agredidos para destruir al enemigo en los escenarios de guerra. En sociedades como la nuestra, se convierten en presa de otras batallas económicas y de poder como las que vivimos día a día y en la que los medios, la iglesia y los emporios económicos aspiran a controlarnos. Ante esto sólo queda como estandarte de la libertad la conciencia de cada mujer a la hora de decidir dónde se posiciona y por qué. (Yo Mujer)
Nuestro cuerpo es un campo de batalla. Nos corresponde a nosotras decidir cómo librarla. No siempre estaremos de acuerdo, pero queda de nosotras que del desacuerdo salgan nuevas y creativas maneras para lograr la meta de paz, equidad y justicia para todas y todos.
miércoles, 2 de junio de 2010
Atisbo de respuestas
Me sirve de trasfondo la lamentable y terrible noticia que sirve hoy de portada en Primera Hora.
Nos presenta hoy el periodico la terrible historia de una madre de 20 años, cuya hija de apenas 14 días de nacida falleció, atrapada entre los cuerpos de sus padres, cuando ambos se quedaran dormidos mientras la madre lactaba a la pequeña. Nos dice la noticia que la joven está desolada y que contestó las preguntas de la prensa estando medicada. El padre, un obrero de la construcción de 37 años, no pudo contestar a las preguntas por el gran dolor que siente. El brazo del Estado, por voz del agente que investigó el asunto, reacciona: No me sorprende que aunque el Agente acepta que tanto la madre como el padre se quedaron dormidos, sólo habla de la supuesta negligencia de la madre. No me sorprende,porque en este país y en muchos otros las mujeres no hemos logrado trascender la línea divisoria entre nuestra capacidad natural para parir y nuestro deber social para criar ("child bearing" & "child caring"). Tampoco me sorprende, a mi pesar, que el "reportaje" que se encuentra justo al pasar la página: No es malo dormir con el bebé, en que la Dra. Ana Parilla intenta convencernos de“Es una aparente negligencia de parte de la madre, en medio de un pequeño
descuido, ya que la bebé estaba llorando y la llevó a la cama para lactarla, y
es cuando aparentemente se quedan dormidos y muere por asfixia’
que lo mejor para los y las bebés es dormir en la cama con sus padres, y si no se puede con papá y mamá pues saquemos a papá del cuarto. Total.
Dice la Dra:
En un trabajo que está en vías de ser publicado me pregunto sobre las circunstancias particulares de las mujeres lactantes: ¿Trabajan fuera del hogar o sólo se dedican al trabajo doméstico? ¿Están casadas o solteras? ¿A qué clase socio-económica pertenecen? Veo en las palabras que cito de la Dra. Parilla cierto atisbo de respuestas. Madres Solteras, out! (hace referencia a la pareja) Madres pobres, out! (cómo es que se consigue ayuda en el hogar si no es pagando?) Madres trabajadoras? out! (no todas las mujeres trabajadoras somos empleadas con derecho a licencia de maternidad). Con razón, miles de mujeres terminan frustradas cuando no pueden cumplir con su meta de lactar. Al final, ¿qué queda? Mujeres con pareja, cuyas condiciones laborales y socioeconómicas le permiten lactar a sus bebés. Si es así, ya viene siendo hora que dejemos atrás discursos totalizantes sobre las posibilidades de las mujeres madres, cual si sólo existiera un solo tipo de mujer, un solo tipo de madre, un solo paradigma para medir las distintas maternidades. Viendo siendo hora de dejar atrás el binomio buena madre v. mala madre, e invertamos nuestros esfuerzos en construir una sociedad dónde la carga de criar a los y las nuevas ciudadanas no recaiga inequitativa e injustamente sobre los hombros de las mujeres que los paren.Luego de amamantar, la madre debe asegurarse de que el bebé esté acostado
hacia arriba o de lado para evitar el riesgo de sofocación y que no haya colchas
o frisas pesadas, mucho menos que le cubran el rostro al infante.
Para prevenir que el cansancio de los papás ponga en peligro la vida del bebé,
Parrilla recomienda que en esas primeras semanas la madre tome varias siestas
durante el día. “Cuando bebé descansa, mamá descansa. No es ponerse a hacer las cosas de la casa. Atender un bebé es la tarea más difícil”, expresó.
Recomendó, además, buscar ayuda para las tareas domésticas y no
añadir más cansancio al agotamiento. “Hay que descansar dentro de lo más
posible”, reiteró. Sugirió que si la madre se siente demasiado exhausta,
acuerde con su pareja dormir en otro cuarto hasta que el bebé pida el
pecho. El colecho es, para la educadora en lactancia, la mejor manera en que
una madre puede amamantar porque le permite dar el pecho sin interrumpir
dramáticamente su sueño. Parrilla insistió en que no se ha demostrado que el
colecho es peligroso, por lo que no le parece justo recomendarles a los padres
que no lo hagan. Lo que sí es necesario es tomar precauciones.
“Si empezamos a decir que no y no les damos alternativas, lo va a seguir haciendo pero no va a ser un colecho seguro”, expuso la doctora