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domingo, 13 de marzo de 2011

Reacción a Universidad de Mayra Montero

En su columna Universidad publicada hoy en El Nuevo Día, Mayra Montero nos dice:

Esa marcha del pasado martes, que en otro momento hubiera tenido una repercusión notable, se vio opacada por la agresión contra la rectora. Ni siquiera en eso pensaron los que lanzaron botellas por los aires, rompieron los cristales del vehículo por el lado en que iba la mujer, y la insultaron con epítetos sexistas. No pensaron en que al día siguiente iban a colocar en una posición muy desairada a las mujeres que pretendían darles solidaridad. La marcha debió de cancelarse.


La violencia contra la rectora Ana Guadalupe tiene muchas explicaciones. El día en que la agredieron, ella cosechó el fruto de largos meses de violencia de todo tipo contra los y las estudiantes. Por ejemplo, el día en que los policías arrestaron ilegalmente a la líder estudiantil Adriana Mulero por pintar murales y, en el proceso, le dijeron "puta", Ana Guadalupe estaba encerrada en su oficina , comiendo pizza y riéndose a la vista de muchas personas. ¿Quién no puede entender la rabia? Ana Guadalupe, a pesar de ser el eslabón menos poderoso, es sin duda parte de la cadena de mando que ha puesto en peligro al proyecto de cambio social más importante de nuestro país. La historia, si es que no la borra, la señalará como lo que ha sido hasta ahora, una cómplice en el descalabro de la Universidad.

Así que sí, existen explicaciones. Pero ...

¿Existe alguna justificación?

Desde el primer momento en que vi las imágenes me preguntaba si es que la lucha política no exige autocontrol en momentos de crisis; si la rabia, por más arraigada, justificaba retrocesos estratégicos. No he leido respuestas, sobre todo, no las he leido del movimiento estudiantil. Todo han sido explicaciones, pero ninguna justificación. Claro, habrá quien piense que la violencia del pasado lunes no necesita de justificaciones, que se dio porque se tenía que dar. Si es así, eso huele a derrotismo. Y me dolería mucho que esa fuera la respuesta.

El lunes pasado los estudiantes que agredieron físicamente a la Rectora se vieron desesperados, frustrados, abandonados. Se recurre a la violencia en uno de dos escenarios: la incidencia política, cuando la violencia es lo que necesitas para adelantar un paso en tu agenda o cuando no tienes agenda, simplemente las ganas de violentar. Me consta que el movimiento estudiantil es capaz de ejecutar su lucha de manera combativa pero no violenta. Wanda Torres lo demostró cuando increpó al Gobernador Fortuño.

¿Guadalupe es MUJER?

Que Ana Guadalupe sea Rectora (una muy mala Rectora) no quita que sea una mujer a la que halaron el pelo. No toda la violencia contra la mujer es violencia machista, estamos clar@s. Y resiento que Mayra Montero haga una pobre comparación entre complejidades muy profundas. Ahora bien, me pregunto si la cuestión de género incidió en lo que pasó hace ya casi una semana. Me inclino a pensar que sí. Desde el "Lupita", pasando por el halón de pelo (que es la agresión por excelencia contra las mujeres desde muy niñas) y terminando con que no la dejaran irse del lugar, mientras era protegida por una red de mujeres que también cogieron golpes en el proceso, me hace muy díficil no ver la cuestión de género ahí, cometida tanto por mujeres como por hombres. También veo, desde la perspectiva de género. la falta de seguridad alrededor de Guadalupe, la manera en que la guardia universitaria manejó la situación.... estoy segura hubiera sido distinta si le hubiera tocado proteger, digamos, a Miguel Muñoz. ¿Que l@s estudiantes hubieran hecho o intentando hacer algo similiar si la Rectora fuera Rector? Sí. Pero estoy segura de que los insultos hubieran sido otros, y las agresiones otras. Hasta el pelo empapado por el agua sin la gomita que lo sujetaba representa una vulnerabilidad que sólo algunas mujeres podemos comprender. Pero, en fin, quiero comentar a Montero.

¿El inmovilismo es la respuesta?

En vez de Universidad, debió titular su columna como "Inmovilismo". No sólo declara por decreto que la huelga fracasó, así como si dijera cualquiera cosa., sino que también invita a otros sectores al silencio. Ahí es dónde se delata, dónde nos demuestra con palabras que hace tiempo que no coge sol, si es que lo hizo alguna vez. La lucha por nuestra Universidad, la universidad pública, ha sido una lucha difícil pero con victorias, que ahora está en proceso de reevaluación y transición. En la primera jornada, los y las estudiantes activistas defendieron efectivamente las matrículas de honor, a pesar de que desde afuera y desde adentro ya les estaban diciendo que pararan la huelga. En la segunda jornada, para combatir una cuota arbitraria e injusta, la cuesta fue mucho más empinada, pero aún con muchos factores en contra, los y las estudiantes consiguieron que miles de personas caminaran junto a ellos y ellas a favor de una causa. L@s estudiantes, son el único sector social, que han sacado a este pueblo de su bobera pasmosa, nos han hecho soñar que todavía hay cosas efectivas que pueden hacerse para lograr proteger espacios importantes. Ahora, el movimiento estudiantil no es perfecto, ni homogéneo, ni siempre tiene la verdad agarrada por el mango.

Tiene razón Montero cuando afirma que la marcha de las mujeres del pasado 8 de marzo fue opacada por los eventos violentos del día previo. Igual tiene razón cuando dice que los y las estudiantes que protagonizaron dichos eventos no pensaron en las mujeres que pretendíamos darles solidaridad. También tiene razón cuando dice que nos colocaron a las mujeres portavoces, organizadoras y participantes en una posición desairada. Pero ¿de dónde se saca que "la marcha debió cancelarse"? ¿A cuentá de que? ¿Desde cuándo las mujeres feministas metemos la cabeza debajo de la arena cuando las cosas se ponen difíciles? Las mujeres marchamos e hicimos bien en marchar.

Por meses organizamos nuestra marcha anual por el 8 de marzo (día internacional de las mujeres que se celebra desde principios del siglo pasado y que desde la decada de los 70 se celebra oficialmente en PR).... partiríamos del Departamento del Trabajo, con una parada en el Centro Judicial, y terminaríamos en la UPR. La intención era cubrir muchos frentes, desde distintas dimensiones de lo que significa la violencia contra nosotras, la importancia de los tribunales, el futuro que representan nuestras estudiantes universitarias.... por eso nuestro lema era por nuestras niñas y jóvenes rompamos el silencio. Marchamos, y en el camino, dimos nuestros mensajes, entregamos hojas sueltas sobre nuestros reclamos, y tarjetas sobre la violencia machista. Marchamos convencidas de que nuestra meta, la Universidad de Puerto Rico, valía la pena. Que la Prensa hubiera invisibilizado todo lo anterior no puede adjudicársenos.

Nosotras marchamos, porque nos tocaba hacerlo. Igual que a los y las estudiantes les toca hacer su parte.

lunes, 31 de mayo de 2010

Memoria

Excelente análisis de Mayra Montero. No se nos puede olvidar que el machismo es un mal que daña las raíces de toda la sociedad, por lo que no únicamente se manifiesta en violencia contra la mujer. Esos macanazos abusivos de la Policía nos suena a macharranería pura.

30 Mayo 2010
Memoria
Publicado en El Nuevo Día

A parte de todo, de los desaciertos y los inconcebibles errores del Gobierno respecto a la huelga en la Universidad (que a lo mejor, en puridad, son errores buscados), el argumento de la provocación verbal, que justificaría ciertos excesos policíacos, puede acarrear en el futuro horribles consecuencias. Y es que con ese cuento, por ejemplo, algunos hombres justifican la violencia machista. La mujer es la que los provoca, alegan ellos, y como “son humanos”, de repente estallan y la emprenden a patadas o a tiros contra la provocadora.

¿Es o no es el argumento que hemos escuchado a través de los años de labios de los agresores que acaban de descerrajarle un tiro a su pareja? Ella me provocaba, me insultaba, me desafiaba y me desobedecía. Todo lo cual justificaría que la destrocen, como han destrozado ya a tantas mujeres en lo que va de año.

Ese concepto de la agresión machista, trasplantado a la calle y a los encontronazos entre manifestantes y policías, es lo que puede llegar a desencadenar grandes abusos y hechos de sangre. Se supone que los agentes del orden público, sobre todo aquellos que pertenecen a unos grupos de elite, con una fuerza física descomunal (sólo hay que verlos), y equipo especializado para protegerse, sepan contenerse ante los gritos, los insultos o los desafíos. De lo contrario, ¿dónde está la preparación científica, la sangre fría, la disciplina propia de la profesión?

En todos los países del mundo, en todos, incluso en aquellos donde los ciudadanos son más flemáticos o impasibles, cuando surge este tipo de protesta masiva, estudiantil u obrera, y se les enfrentan efectivos de la policía, los manifestantes increpan a la autoridad, porque de eso se trata. Unos intentan pasar, los otros luchan por impedir el paso, y entonces hay forcejeo, insultos, empujones. ¿Nadie ve los noticiarios del mundo? ¿Lo que pasó en las protestas de Atenas, por ejemplo, hace alrededor de un mes; o lo que ocurrió en febrero, durante la Marcha del Coraje en Ciudad Juárez; o lo que ha habido en Argentina, o en Chile, donde el otro día ya los estudiantes “estrenaban” a Sebastián Piñera? Y a menos que se anuncie como una marcha silenciosa, que son raras y por cuestiones muy distintas, las protestas son protestas y la gente desafía a los que las controlan.

Aquí rápidamente se recurre al chantaje emocional de lo que pensarán los turistas. Oigo eso y me revuelve el estómago. Y luego seguimos con el chantaje machista de que los culpables son aquellos que se dedican a provocar verbalmente a los agentes, quienes, como son humanos, explotan. Sí, pero es que no pueden explotar. No se supone que lo hagan. Porque resulta que cuando lo hacen tienen a su disposición armas letales, y las masacres se dan cuando eso pasa.

Con lo que llegamos a la famosa patada en los genitales, propinada por el segundo al mando en la Policía, y que ha producido una secuencia de, al menos, cuatro fotos grotescas. Vamos a ver: un jefe policíaco que se supone que está donde está para mantener la calma y asegurarse de que sus subordinados hagan un trabajo limpio, se acerca al lugar donde ya tienen inmovilizado a un hombre. Es inadmisible la excusa de que él “creyó” que el estudiante tenía intención de apoderarse del arma de uno de los policías -quien, por cierto, no es un guardia de palito, sino un agente entrenado para no dejarse arrancar ni una sonrisa- y que por eso le patea los testículos. Una maniobra como la de arrebatar el arma a un policía, la intenta desesperadamente un gatillero, un delincuente peligroso que ha cometido crímenes atroces y que no tiene nada que perder.

Pero un estudiante con varios agentes a su alrededor, que además yace inutilizado, ¿tiene en verdad la astucia y la facilidad de hacerlo? ¿Y para qué, para matar a todos? Es una excusa vil, improvisada de cualquier manera cuando las fotos no tenían marcha atrás. La escena fue esencialmente machista. De esas que también se han visto en los noticiarios del mundo y en no pocas películas: trajeado, con los zapatos brillositos, el cuerpo ligeramente echado hacia atrás (dando la impresión de que no quiere ensuciarse, ni que lo salpique el sudor), se toma unos segundos en apuntar y le propina la patada allí, en un lugar en torno al cual existe toda una construcción del poder ejercido a través de la vergüenza, de la humillación y del dolor intenso. Es un golpe que sabe lo que busca. Y, como si fuera poco, la víctima no lo ve venir; y aunque lo viera, ¿cómo va a esquivarlo? El otro se ha tomado su tiempo para colocar el pie: no quiere errar, no quiere pegar ni un milímetro fuera, sino entre las piernas, el blanco perfecto para reprimir con ira. Y para proyectar esa impotencia básica del pensamiento. Son extremos que nos recuerdan otros extremos.

Hagamos, por favor, memoria.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Columna: "Conversión" por Mayra Montero

29-Noviembre-2009 | Mayra Montero
Antes que llegue el lunes

Conversión

En el Canal 6, que es la televisora del Estado, hace unos días estuve viendo un programa, me parece que nuevo, que se compone de una mujer que da consejos y de situaciones que ella más o menos comenta. No voy a hablar del nivel del programa, ni de las actuaciones, ni de la bochornosa producción. De lo que voy a hablar es de una escena en que hay dos tipos acodados a una barra, hablando de mujeres, y uno le cuenta al otro que conoció a su esposa, que es un dechado de virtudes, en la iglesia. De paso, aconseja a su amigo -quien supuestamente quiere sentar cabeza- que se aleje de las mujeres “fáciles e independientes”.

La cita es textual. Supongo que el programa estará disponible para que la Procuradora de la Mujer, que es invisible y sorda -pero no fácil, ni mucho menos independiente-, vaya al Canal, pida la grabación y le explique a la gente, tal como es su deber, por qué razón unos guiones como ése contribuyen a la violencia machista.

El tipo que asesinó hace unos meses a su esposa, a puñaladas y tijeretazos, la metió en la cama y la arropó como si fuera una muñeca rota (y ahora será juzgado, pero por asesinato en segundo grado, puesto que el juez estima que no hubo premeditación), pensaba exactamente igual que el guionista de ese programa atroz. Las “mujeres fáciles e independientes” no merecen una relación de respeto. Ni siquiera merecen estar vivas.

Algo similar, también, debió de haber pensado el individuo que asesinó el lunes pasado a Mabel Merced, y por poco no mató a la hija. En este caso, ocurrido en Humacao, ambos iban a la misma iglesia, y se dice que él “se había convertido”.

Este sujeto ya había matado a otra mujer en el 91, pero tenía casos por agresión y robo que datan del 95, con lo que queda claro que la primera muerte le salió gratis. Si en el 95 estaba haciendo de las suyas, ¿en qué tribunal lo condenaron y qué pena le dieron por el primer asesinato? En 2001, cogió por el cuello a su pareja de entonces para estrangularla, y parece que lo acusaron por violencia doméstica. ¿Qué hacía entonces viviendo libremente en Humacao, y cuántos en su entorno -hasta en la propia iglesia- estaban al tanto de su pedigrí?

No se sabe a ciencia cierta si Mabel Merced había tenido relación de pareja con su agresor, pero eso no es importante. Lo importante es que este caso refleja graves y urgentes problemas relacionados con la violencia de género. El primero de ellos, la palabrita “pasional”. Por ley debería prohibirse esa palabra en los informes policiacos, pues ésa es la que ayuda, en parte, a que luego los abogados aleguen, y los jueces acepten, que el crimen se cometió en un “arrebato de pasión”.

Pero otro punto que no cesa de asombrarme, que surgió en medio del caso de Humacao, y que también surgió en el crimen de odio cometido en Guavate, es la confusión y las actitudes tan enajenantes (muy convenientes al Gobierno, eso sí) que está inculcando el integrismo religioso. Por ejemplo, vi en un noticiario al padre del muchacho asesinado en Guavate, que en ese instante coincidía con el asesino de su hijo. Pues bien, dirigiéndose al asesino, el hombre señaló a lo alto con el dedo índice y dijo: “el que tiene que perdonarte es el que está allá arriba, yo ya te perdoné”. ¿Ya lo perdonó, por descuartizar a un hijo?

El pasado miércoles, en una entrevista concedida a este diario, el padre de Mabel Merced, la víctima de Humacao, decía que no le guardaba rencor al asesino de su hija y que prefería que le hubiera pasado a ella en vez de a sus otros hijos, puesto que ella “se había convertido al Señor y mis otros hijos no están convertidos”.

¿Qué decimos de esto? ¿Cómo el juez puede imponer la pena más severa a un asesino que de inmediato es perdonado por el propio padre de la víctima? Pues que lo dejen en la calle; después de todo, el que lo tiene que perdonar está allá arriba. El padre de Mabel también comunicó a la reportera que la violencia contra la mujer no se iba a terminar hasta que Jesús viniera. Sí, hasta que venga y nos ponga a todas como Magdalenas. Total, ya somos magdalenas para sus señorías en el Capitolio.

Muchas de estas iglesias fomentan la obediencia, la sumisión de la mujer, lo cual tiene consecuencias graves sobre todo en los sectores rurales y deprimidos en que tienen gran arraigo. La mujer asesinada en Humacao probablemente no denunció al hombre que la acechaba, y probablemente no se fue huyendo de esa comunidad, porque sabía que lo que todos esperaban de ella era que “perdonara”; que le diera otra oportunidad al que ya, desde el 91, era un maldito criminal.

Así las atrapan, las hacen parte de un sistema que oprime, y luego se lavan las manos. En la iglesia del barrio me imagino que hoy se lavarían las manos. Eso sí es convertirse. Pero convertirse en zombie.