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miércoles, 5 de febrero de 2014
Información sobre la Conferencia de la National Women´s Studies Association (NWSA)
martes, 22 de mayo de 2012
“La entrada de las mujeres cambia las agendas”
–Retomando su concepto de traducción, ¿qué piensa que deben traducir los movimientos de mujeres?
–El movimiento de mujeres tiene dos tareas muy importantes de traducción. La primera, dentro del movimiento feminista. Sabemos que en su interior hay divisiones enormes. Ahora mismo, en Porto Alegre, estuve con mujeres mapuches que no se conectan de ninguna manera con las luchas de mujeres argentinas porque, según ellas, las mujeres blancas trabajan por los derechos sexuales y otro tipo de demandas que para ellas pueden ser importantes, pero lo más importante es la defensa de la tierra y del agua, y dicen que a las mujeres blancas ese tema no les preocupa. Esto impide cualquier articulación de movimientos de mujeres, porque hay prejuicios de prioridades de lucha.
–Hay distintas prioridades de acuerdo con el contexto en el que se vive...
–Comprendo plenamente que para un feminismo urbano hay otro tipo de demandas importantes. El problema es que noso-tros, después del Foro Social Mundial, estamos convencidos de que es muy difícil hacer prioridades abstractas entre luchas. Hay luchas que ahora pueden ser más importantes para un grupo que para otro, pero nunca se sabe si esa lucha no será también importante para el otro grupo en el futuro. Por ejemplo, si las mujeres mapuches están luchando ahora por el agua, sabemos que el agua no es necesaria solamente para los campesinos. Las ciudades dependen brutalmente del agua. Una de las luchas recientes más exitosas que tuvimos fue en Colombia, donde en Bucaramanga se pudo conectar el movimiento campesino por agua de riego con los movimientos urbanos que luchaban por agua potable. Ese es el primer ejercicio de traducción intercultural dentro del movimiento feminista.
–¿Cuál sería el segundo?
–La segunda dimensión de traducción intercultural es entre el movimiento de mujeres y los otros movimientos sociales. Las mujeres han sido desde inicios del siglo XX un gran movimiento social. El fracaso, de alguna manera, del movimiento socialista en los países del este europeo, combinado con la declinación relativa del movimiento obrero, abrió una brecha para otros movimientos sociales, entre los cuales las mujeres, los indígenas, los campesinos, son los más destacados. Las mujeres han traído una nueva forma de activismo. Es un activismo alegre, de fiesta. Cuando estudiamos el movimiento obrero del siglo XIX, vemos que había teatro, poesía, bailes, porque para los obreros no había otros momentos de cultura, recreo, y fiesta sino dentro de sus organizaciones. Después, el sindicalismo se transformó en una cosa muy seria, diría aburrida, y se perdió la fiesta. Las mujeres han traído de regreso la fiesta, la celebración de la vida, los colores. Fue una nueva energía para el movimiento social en su totalidad que las mujeres aportaron y han logrado cambios en la agenda. Desde la Cumbre Mundial de Mujeres, de Beijing en 1995, hasta hoy, los logros son fundamentales. Pero no podemos decir que fue un éxito total. Porque mismo aquí en Europa, donde estamos –para mí Turquía es parte de Europa–, las mujeres tienen salarios inferiores a los de los hombres por el mismo trabajo, hay formas de machismo en todas las universidades, en las fábricas, en las calles, por todos lados. Ni en Europa nos podemos enorgullecer de haber resuelto el problema del sexismo. Me pregunto cómo vamos a pasar de aquí a una victoria más ancha, más densa, más sostenible en una época que, a mi juicio, será más difícil. Mismo en América latina, esta segunda década aparece más hostil a los movimientos progresistas, con más grupos de derecha. Creo que es necesario más que nunca unificar las fuerzas de los movimientos sociales como también las fuerzas de izquierda y es por eso que vengo escribiendo para Página/12 las Cartas a las Izquierdas. Es parte del mismo proyecto, de mi inquietud, de ver que las izquierdas se van a separar cada vez más y los movimientos también. Es muy importante que las mujeres no consideren avanzar solas por sus propias demandas.
–El problema es que nadie se concentra en las demandas de las mujeres si ellas, nosotras, no lo hacemos...
–Absolutamente. Lo tienen que seguir haciendo. Pero lo que tienen que ver es que involucrándose en otras demandas que no son originalmente suyas hacen dos cosas. Por un lado cambian las demandas. Por ejemplo, observemos las luchas contra el extractivismo en Perú o en Argentina. Cuando las mujeres entran en las luchas, la vida cotidiana, la vida de las familias, la calidad de la alimentación y del agua, entran dentro de la agenda. Porque las mujeres son las que las traen. Creo que la entrada de las mujeres en las agendas cambian esas agendas. Al mismo tiempo, se van sembrando las semillas de solidaridad para que mañana, frente a una agenda feminista, por ejemplo, el derecho al aborto que está en peligro, puedan ir a buscar a otros movimientos, el indígena, ecologista, de derechos humanos, para que se movilicen por ellas también.
–A su criterio, ¿cuáles cree que son los desafíos de los feminismos en América latina?
–La lucha es de dos tipos, muy claramente económica. Sabemos que hay un enfrentamiento muy fuerte, tenaz, en Argentina por supuesto y también en otros países, por un nuevo desarrollismo que debido al impulso de China está muy concentrado en los recursos naturales, que destruye a la Madre Tierra y a la Naturaleza. Es un modelo que desplaza gente de sus fincas, de sus tierras ancestrales, porque es un sistema de plantación de grandes hectáreas, de monocultivo. También tenemos al extractivismo de la minería, del oro, que está también destruyendo las tierras y contaminando el agua. En Argentina está el caso de Famatina, en La Rioja. Estuve involucrado con esa lucha, firmé cartas. ¿Quiénes son los activistas? Si ves las fotos, son mujeres. El primer reto es el modelo de de-sarrollo: este modelo sigue siendo el neoliberal, moderno, colonial. Las formas de desarrollo sostenible ya no son creíbles: lo único que quieren es desarrollo. No tienen ninguna preocupación por el medio ambiente. Las mujeres hoy, porque son una de las más afectadas por el neoliberalismo, por toda la destrucción ecológica, son las que deben meter el modelo económico en su agenda. Y esto puede ser a mi juicio también una traducción intercultural y una articulación interesante entre las mujeres latinoamericanas y africanas. Este enfoque en los modelos económicos dominantes, que son androcéntricos, patriarcales, homofóbicos, es una agenda bastante fuerte de articulación entre mujeres de varias partes del mundo.
–¿Cuál es el otro desafío?
–Hay otro desafío, que es muy importante, que es más de raíz cultural y político. Porque nosotros lo que estamos mirando en la especificidad de Latinoamérica es que con las Constituciones de Ecuador y de Bolivia, lo que está pasando ahora en Chile y en Argentina, hay un intento de reformar el Estado. Nosotros somos sociedad civil, pero sabemos que como tal no podemos florecer si el Estado es un muro que no te deja pasar, que te impide hacer oír tus demandas. Para este Estado patrimonialista y oligárquico, como siempre fue en América latina, hubo dos soluciones: la primera fue el autonomismo, que está bien representado por los zapatistas, o sea, “si el Estado no quiere nada con nosotros, no queremos nada con el Estado”. Ahora en Argentina tienen un debate desatado dentro de los movimientos sociales para saber qué posición tomar sobre el Gobierno y sobre el Estado, que son dos cosas distintas. Para algunos hay que mantener la autonomía que viene del movimiento piquetero, de las empresas recuperadas. Frente al colapso del Estado, al “que se vayan todos”, obviamente que la autonomía es el recurso. Pero otros movimientos, al contrario, parten de la idea de que el Estado es una relación social, y por eso contradictoria, y que el Estado de Kirchner no es lo mismo que el de Menem, y que por eso es posible hacer alianzas.
–El Gobierno acaba de impulsar la expropiación del 51 por ciento de las acciones de Repsol de la petrolera YPF...
–Durante la gestión de Menem, en la que se privatizó todo, hubiese sido imposible pensar una medida de ese tipo. Hay movimientos autonomistas en Argentina para los cuales ese tema no es muy importante. Para otros, incluiría mi persona en esos, una nacionalización de la petrolera es algo significativo, que da una señal de un cambio de relaciones de Estado en Argentina. Los movimientos deben conectarse con eso. ¿Cuál serán los papeles de las mujeres? Aquí las mujeres solitas no pueden. Por más fuertes que sean. Y en Argentina lo fueron. Por la dictadura sabemos muy bien que le ha dado un protagonismo enorme al movimiento de mujeres, empezando con las Madres de Plaza de Mayo. El autonomismo a mi juicio va a dividir más algunos movimientos. Si sos autónomo y no quieres conectarte con el Estado, tú tienes que apoyarte en tus propias fuerzas y quieres consolidar tu base. Si tú estás en un movimiento como el LGBT y recibes plata del gobierno de Belo Horizonte y hay otros que son afrodescendientes, que también reciben plata, tienen un tema para tratar juntos: ¿cómo vamos a lidiar con este problema que es recibir la plata manteniendo la autonomía? El desafío de la economía y el de la reforma del Estado son los dos grandes retos del movimiento feminista y de todos los movimientos en América latina.
–Usted decía que las demandas de los movimientos feministas urbanos tienen que ver con los derechos sexuales y reproductivos, temas que a las mujeres mapuches no les resultan prioritarios para su agenda. Sin embargo, pienso que decidir sobre el propio cuerpo tiene que ver con el concepto de autodeterminación.
–Tienes toda la razón. Lo nuevo en este movimiento es que no hay transformación colectiva sin transformación individual. Aquí tendrás que hacer traducción intercultural con las mujeres mapuches. Tú puedes concebir tu cuerpo, mi cuerpo, como nuestro territorio. No es simplemente el río, el árbol. ¿Tú puedes mantenerlo sin respetar el carácter espiritual, autónomo de tu propio cuerpo o no? Esta es la traducción intercultural. Las mujeres mapuches no son hostiles. Lo que suelen ser hostiles son los discursos públicos. Pero cuando empezamos a transformar el cuerpo en una metáfora del territorio, que además transgrede a lo individual y a lo colectivo, porque nuestro cuerpo es una colectividad: es mío pero yo no vivo sin tanta gente que me alimente, que me viste, etc. Por eso la autodeterminación del cuerpo, que es mucho más importante para las mujeres, porque su cuerpo fue más disputado como mercancía, más veces, más tiempo, por una cultura machista, androcéntrica y patriarcal. Si logras hacer esto, no hay contradicción. Hay diferentes perspectivas con el centro en la autonomía.
domingo, 8 de abril de 2012
La nueva maternidad que desafía al feminismo
Comentá342 Podrían atravesar el techo de cristal del crecimiento profesional, pero eligen quedarse en casa y criarpersonalmente a sus hijos con obsesiva dedicación. El feminismo da la voz de alerta: vivir para los niños no es sustancialmente distinto de vivir para los hombres. ¿Elección libre o regresión cultural? El mal que afecta a las mujeres profesionales americanas ya bien entrado el siglo XXI no es el sexismo sino algo que los grupos feministas -que lo denuncian como algo igualmente peligroso- llaman el "niñismo" (childism) o la "kindergarquía" (kindergarchy).Es el resultado de una obsesión: ser madres más que perfectas. En Nueva York y las grandes ciudades norteamericanas, esto implica una larga lista de tareas y obligaciones que van desde alimentar a los niños sólo con comida orgánica, llevarlos -personalmente- a cada clase de ballet, mandarín, cocina gourmet para preescolares y violín Suzuki; ni qué hablar a cada práctica de fútbol, béisbol o patinaje artístico después de varias horas de trabajo voluntario en la biblioteca del jardín de infantes. Desde antes de nacer (sin peridural, naturalmente, para evitar químicos), los bebes ya habían sido sobrestimulados con una cantidad de técnicas para que les guste la música clásica y la buena lectura. Y para proteger sus colitas -y el medio ambiente- de lo artificial, los pañales "top" son nuevamente de tela, que hay que lavar a mano y secar al sol.Con una agenda infantil así, difícilmente una carrera profesional medianamente demandante podría subsistir. Para algunas figuras emblemáticas del movimiento de liberación femenina, vivir para los niños no es sustancialmente distinto de vivir para los hombres, y dan la voz de alerta: los logros de la revolución feminista de los años 60 están ahora en peligro por culpa de estas "buenas madres".Para la filósofa francesa Elizabeth Badinter, no hay lugar a dudas: "Es un movimiento regresivo dentro de la sociedad que convierte a las madres en esclavas de sus hijos". Elegida en 2010 la intelectual más importante de su país por sus libros sobre maternidad y feminismo, Badinter sostiene que "la nueva imagen de la madre va en contra del modelo por el que luchamos hasta ahora, y vuelve imposible la igualdad entre los sexos e irrelevante la libertad de la mujer".Y aunque en Francia, por factores culturales y políticos -como las bondades del Estado de bienestar europeo, por ejemplo-, esta nueva ola de maternidad "intensiva" tiene menos impacto que en EE.UU., Badinter destaca en diálogo con La Nacion que esta tendencia se está imponiendo cada vez con mayor fuerza en todo el mundo.El ojo del huracán, evidentemente, está en EE.UU. y, especialmente, en Nueva York. Aquí Pamela Stone, socióloga del Hunter College de Manhattan y autora del libro Opting Out? Why Women Really Quit Careers and Head Home" (¿Por propia voluntad? Las verdaderas razones por las cuales las mujeres abandonan sus carreras y se van para el hogar), dice que lo que se está viviendo es "la emergencia de un neotradicionalismo" en los segmentos medios y medios-altos de la sociedad, especialmente entre las mujeres que más posibilidades tendrían de acceder a puestos de liderazgo, romper los "techos de cristal" del crecimiento profesional y sentar precedente.Según estudios que realizó en todo el país con la economista Cordelia Reims, de la misma institución, a mayor nivel de ingreso (y mayor cantidad de recursos invertidos en la educación de las mujeres), mayor es la posibilidad de que, en las parejas donde ambos son profesionales, sólo el hombre continúe con la carrera después de la llegada de los hijos."Aunque pasados unos años las madres vuelvan al mercado, en general lo hacen tras haber abandonado sus viejas profesiones en las cuales tanto invirtieron y por las que tanto sacrificaron, pasando a disciplinas más family friendly (por ejemplo, de ser socias de un estudio de abogados vuelven a empezar como maestras). Típicamente esto implica una considerable reducción de sueldo y un empezar casi de cero en la nueva carrera, por lo cual los costos para las mujeres, para los empleadores que invirtieron en ellas y para la sociedad son considerables", subraya.Pero si esta tendencia deja su huella en la sociedad, también lo hace puertas adentro, en la casa y con los hijos. Infinidad de artículos han salido sobre esta nueva modalidad conocida como "helicopter parenting", en referencia a la actitud de la madre que sobrevuela como un helicóptero por encima del niño, monitoreando todo lo que hace. También se habla de un " micromanagement " de las actividades de los hijos, como si estos fueran una pequeña empresa. La imagen del micromanagement, tomada del mundo de los negocios, no es casual: Stone misma habla de "la profesionalización de la maternidad"."Al quedarse sin carreras, las mujeres compensan aplicando sus habilidades organizativas y laborales en el hogar, convirtiéndose en supermamás. No dejan el trabajo porque quieren ser supermamás, pero se convierten en supermamás cuanto más tiempo se quedan en el hogar alejadas de las aspiraciones y la identidad que les daba el trabajo. Una de las consecuencias no intencionales de la falta de flexibilidad de las profesiones en EE.UU. es que las mujeres terminan intensificando prácticas de crianza ya intensas en sí", sostiene.Por supuesto, esta redactora misma puede dar cuenta de amigas ingenieras o economistas en la Gran Manzana que estaban hartas de su trabajo y recibieron encantadas la posibilidad que les daba el primer bebe de abandonarlo todo -algo que, sin niños, hubiera sido considerado socialmente inaceptable y hasta mal visto por los propios maridos aunque éstos pudieran mantenerlas.Pero más usual es una sensación de ambigüedad. "Con mi primer hijo -confiesa una abogada argentina, madre de tres varones, que tras un posgrado en derecho en EE.UU. ingresó en uno de los despachos más prestigiosos de Wall Street-, pedí trabajar part time . Nunca lograba irme antes de las siete de la tarde, pero igual todos me miraban como a una vaga. En EE.UU. es tan competitivo el sistema que es muy difícil que te respeten si no estás dando el ciento por ciento."Y agrega: "En la Argentina creo que no tengo ninguna amiga que no trabaje. Pero así como en Europa tenés un sistema de seguridad social por el cual podés tomarte largas licencias de maternidad y hay gurderías accesibles, así como hay apoyo del Estado y las empresas, en la Argentina en general tenés a tu familia, que te salva en alguna emergencia. Acá, en cambio, estamos solas, con maridos que trabajan larguísimas horas. Entre las americanas, casi nadie nació en Nueva York, y lo mismo, tienen a su familia en Milwakee o Pasadena. Eso explica un poco por qué, si no quieren que sus hijos sean criados íntegramente por una niñera -carísima, además-, tienen que dejarlo todo. Sí, hay factores de moda, o culturales detrás de las A-list moms o supermamás, pero una base estructural también".Lo cierto es que hoy el tema del "helicopter parenting" fascina a los medios y el libro Bringing Up Bébé, que desnuda y cuestiona el fenómeno, es el gran best seller del momento. Su autora, Pamela Druckerman, acaba de ser nominada por la revista Time para la lista de cien personas más importantes de la actualidad. Los estudios de Stone y Reims muestran que, si comparamos con la década del 80, cuando un 25 por ciento de las profesionales con hijos no volvía al trabajo, hoy la situación está mejor: la proporción bajó al 20 por ciento. Sin embargo, lo que Stone marca es que esta cifra en los últimos años no siguió reduciéndose como era de esperar, sino que básicamente se estabilizó.Pañales de telaEl gran tema que desespera a feministas como Badinter, sin embargo, son los tintes verdes o hipernaturistas que cada vez están más de moda y que ella traduce como una mayor exigencia para las madres. Desde el regreso al parto en casa y los pañales de tela, pasando por el cuestionamiento a las mamás que no amamantan por larguísimos períodos, hasta cosas que pueden ser más triviales como erigirse en las managers de la "carrera" infantil de sus hijos, o lo que traducido sería "colechar"" (compartir la cama matrimonial con el bebe)."En ausencia de una ideología de recambio para el capitalismo consumista, se está volviendo a la filosofía naturalista, y esta filosofía a la Rousseau se está volviendo en contra de las mujeres", dice Badinter. Porque si bien es cierto que cada vez son más los padres que se quedan en casa, en general sigue siendo la mujer la que lo hace.Otros simplemente señalan que se trata de una elección de vida y punto, y que hay que celebrar que las mujeres tengan libertad para poder elegir qué modelo de madres quieren ser. Claro está que aquí se trata de mujeres para las que el factor económico no es decisorio."Yo elegí no vacunar a mis hijos, y en vez contribuir a su sistema inmunológico dándoles de mamar por un año, entre otras cosas. Por eso, y como podemos vivir del trabajo de mi marido, prefiero no volver a trabajar hasta que no tenga a mis dos niñas y el varón en la escuela para simplificar mi vida", sostiene una argentina que estudió en la Universidad más famosa de Canadá, y tras un paso profesional por México se estableció en Nueva York con su familia."Realmente creo que hay una nueva forma de feminismo que se adapta mejor a los tiempos que cambian. Una forma no excluye la otra. Quedarse en casa, amamantar hasta el año, y demás no implica per se negar los valores feministas. Todavía no se ha llegado a una solución perfecta, pero como decía una vieja propaganda americana, "hemos recorrido un largo camino, muchachas", dice con humor.Para Badinter, el argumento de que es parte de la libertad de elección de las mujeres el quedarse en casa y dedicarse a los niños de la manera más intensiva imaginable no es del todo convincente. "Es una elección legítima si ellas pueden asegurar su independencia económica al dedicarse solo al trabajo del hogar. Cuando todo anda bien en la pareja, este arreglo es una cosa. Pero hoy la realidad es que tantos matrimonios se separan, y que la mamá que queda sola va a tener que subsistir con la pensión alimentaria que consiga de su ex. Lo que una mujer sigue sin tener que olvidar jamás es que su independencia financiera es absolutamente esencial.".
lunes, 12 de diciembre de 2011
sábado, 10 de septiembre de 2011
Lecciones de Marcela Lagarde
La conferencia de Lagarde no pudo llegar en mejor momento. Sus palabras deben resultarnos un gran incentivo para sentirnos orgullosas del camino recorrido pero decididas a seguir trabajando por un mundo más justo para todas y todos!!
A continuación, destaco algunos puntos de la conferencia:
- debemos aspirar a vivir en una sociedad dónde no sólo esté permitido ser persona sino que sea exigido ser persona
- ¿qué significa ser persona a la manera feminista? vivir en una sociedad dónde la seguridad esté garantizada tanto para mujeres como para hombres
- ¿para qué nos convocamos las feministas?
- sinergia, articulación y sintonía
- a) hacer SINERGIA (cooperación; acción coordinada de cosas o personas que realizan una misma tarea potenciándose unas a otras
- b) para ARTICULARNOS y NO permitir obstáculos a nuestro movimiento
- c) buscar entre nosotras SINTONIA en un mundo patriarcal dónde desentonamos
- * entonces, ¿qué buscamos?
- ¡¡¡TODO!!! Ya no existen las agendas específicas, ahora somos capaces de exigir en todos los temas (ambiente, tecnología, desarrollo, en fin, en todo lo que propenda a satisfacer las necesidades de las personas)
- buscamos un consenso social
- - ¿cómo?- ¿con quiénes?- ¿a través de qué lenguaje?
- Debemos traducir nuestro lenguaje feminista para hablar con quienes aún vivan en la prehistoria.(ja!)
- al Estado NO podemos ignorarlo, debemos reformarlo.
- las feministas nos hemos caracterizado por dar propuestas para el mundo. Le hemos puesto nombre a la violencia contra las mujeres, hemos dado sus explicaciones, y hemos demostrado que la violencia se debe a la desigualdad. Hemos visibilizado, además, cómo la violencia contra nosotras es un mecanismo político para controlar, replegar, atemorizar y dañar a las mujeres.
- el Estado es responsable de la violencia en cuando no hace nada para evitarla. No habrá campaña nuestra que sirva si no logramos transformar al Estado.
- si políticamente se han construido las desigualdades, también es políticamente cómo debemos desmontarlas
- la política tiene que ser el espacio de encuentro para realizar pactos sociales y un nuevo contrato social de género, de clase, étnico, de los y las diferentes.
- históricamente, el patriarcado ha conseguido que a quienes pactan en el contrato social sean a las mujeres. Nosotras hemos sido las pactadas. Nos corresponde a las mujeres autoconferinos la calidad de pactantes, la calidad de sujetas del derecho, sujetas del deseo, de la palabra, de la economía, del arte, de la política, la ciudadanía....
- no debemos permitir que se nos regate el porcentaje de nuestra ciudadanía
- debemos crear movimientos amplios y ser aprovechadas! sí, debemos aprovecharnos de nuestras diversidades.
- NO debemos olvidar, ni permitir que se nos niegue, que si no fuera por el feminismo, ninguna de nosotras habría salido a la calle.... si no fuera por el feminismo, aún estaríamos en cautiverio.
- NO debemos estar contentas hasta que lo que hemos logrado para algunas, sea logrado para TODAS.
- debemos actuar con urgencia para defender la universalidad de nuestros derechos, para que independientemente de qué en lugar del planeta nos encontremos, sigamos siendo seres humanos.
Pueden ver la conferencia completa aquí:
Conferencia - Marcela Lagarde 17-08-2011 from Puntos de Encuentro on Vimeo.
lunes, 23 de mayo de 2011
La revolución será FEMINISTA o no será... solidaridad con nuestras hermanas españolas
viernes, 12 de noviembre de 2010
la guerrera armada de dulzura
Servimos a la población más vulnerable entre las vulnerables en Puerto Rico: a
la mujer inmigrante dominicana
(El Nuevo Día/ Mariel Mejía Ortiz)LAURA CANDELAS / Especial para El Nuevo Día
Romelinda Grullón engaña. Es pequeña de estatura, tiene un hablar dulce y suave y varias veces durante la entrevista, se le llenan los ojos de lágrimas al hablar de las injusticias que sufren sus compatriotas, las inmigrantes dominicanas.
Pero hasta ahí llega la aparente fragilidad. Que nadie se equivoque. Esta mujer de aspecto tierno es una guerrera que no conoce los límites cuando de defender a sus compatriotas se trata.
Romelinda salió de la República Dominicana huyendo de una relación de maltrato conyugal emocional. Se fue a Nueva York sin mirar para atrás, dejando lo más importante en su tierra: a su hija y a su madre. Más que un gesto de debilidad, fue su opción para sobrevivir. Llegó al sur del Bronx con un bagaje de luchas políticas universitarias que le prepararon el espíritu para lo que le esperaba. “En Nueva York trabajé con organizaciones de base comunitaria, lo que me ayudó mucho en mi crecimiento político y conciencia de género”, recuerda.
Allí se unió a las luchas de otros migrantes y conoció la situación colonial de Puerto Rico participando en actividades a favor de la libertad de los presos políticos boricuas. “Antes de venir aquí me unía a Puerto Rico la solidaridad con este país”, expresa.
En Nueva York también se unió al Centro de Desarrollo de la Mujer Dominicana que ofrece ayuda a las migrantes de la nación caribeña, colaboró con grupos sindicales y organizó a trabajadoras domésticas dominicanas y de otros países latinoamericanos.
Después de 18 años en Nueva York pensó en regresar a su país. “Ya había mandado la mudanza”. Pero el destino le tenía otros planes. Conoció a su actual esposo, “un jibarito de Ciales” y cambió su ruta hacia Puerto Rico.
Romelinda llegó de Nueva York sin conocer a nadie en Puerto Rico. Para orientarse, lo único que traía en el equipaje era una lista de teléfonos de personas que la podrían ayudar a continuar su trabajo comunitario.
Desde que llegó comenzó a investigar sobre la comunidad dominicana en la Isla y supo que no había ninguna organización que le brindara servicios y ayuda. “Ni en la propia comunidad ni en el consulado”. Romelinda asegura, y puede hablar por experiencia vivida, que la situación de desventaja de las dominicanas aquí es similar a la que padecen en Nueva York con la diferencia de que allá la mayoría de sus compatriotas tienen visas y su situación legal es mejor. “Aquí la situación es irregular, están clandestinas, son invisibles”, explica.
“Servimos a la población más vulnerable entre las vulnerables en Puerto Rico: a la mujer inmigrante dominicana”, explica de forma contundente la directora del Centro de la Mujer Dominicana.
Antes de fundar el Centro, y con la ayuda de varias profesoras de la Universidad de Puerto Rico, se hizo un estudio de necesidades de la comunidad dominicana. “Descubrimos que 8 de cada 10 mujeres han sido víctimas de violencia doméstica”. De modo que las necesidades eran obvias.
La trabajadora social fundó el Centro de la Mujer Dominicana en el casco de Río Piedras en el año 2003 y desde entonces han asistido cientos de mujeres brindando una diversidad de servicios, como los de orientación sobre violencia doméstica, ayuda legal, acompañamiento a los tribunales, conseguir permisos y servicios de salud, entre muchos otros. “Vienen aquí como si fuera su casa. Sienten que aquí se les escucha y se les apoya”, afirma.
Aunque Romelinda estudió sicología y una maestría en Trabajo Social, la vocación de ayudar a otros no la aprendió en las aulas.
Asegura que desde que tenía 13 años viene dando la pelea por los menos favorecidos de la sociedad. Recuerda que a esa edad, viviendo en La Vega, un pueblo en el centro de la vecino isla, un día vio a unos campesinos “machete en mano” luchando por sus tierras.
“Llegué al Liceo, se lo informé a mis compañeros y fuimos para allá (a apoyar a los campesinos). Desde ese momento me integré al movimiento estudiantil y no he parado”.
Aun viniendo de una tierra de mujeres valientes, como las hermanas Mirabal, Romelinda reconoce que el machismo de su cultura dificulta el trabajo del Centro. “No es bien visto (el Centro). Amenaza el patriarcado y el sistema. Aquí asistimos a las mujeres para que solucionen sus problemas, para empoderarlas, para transformarlas y que apoyen a otras mujeres”, asegura.
Pero el problema de la violencia doméstica no es el único que enfrentan estas mujeres. La xenofobia o prejuicio tanto contra las dominicanas y como hacia los dominicanos es un asunto igual de serio y grave. Romelinda opina que la comunidad debe tomar ejemplo de los grupos “gays” en Puerto Rico que han obtenido grandes logros denunciando la situación que viven y han logrado reconocimiento y respeto. “Si los problemas no se hablan, no se les pueden buscar soluciones”.
Y concluye con una reflexión: “Puerto Rico debe empezar a mirar más hacia el Caribe, hacia sus vecinos. Tenemos más cosas que nos unen que las que nos separan”.
viernes, 7 de mayo de 2010
Marchan en Caguas por la salud de las mujeres y en contra de la violencia machista
01:30 p.m.
Cristina del Mar Quiles / Inter News Service
Consignas como "al agresor reincidente no le creas, él te miente" sirvieron de pie forzado para la marcha "Por la salud de las mujeres, detengamos la violencia doméstica", que se realizó hoy alrededor de la Plaza Santiago R. Palmer, en Caguas.
Cerca de 50 personas, entre mujeres, hombres y niños, participaron de la manifestación para concienciar a la comunidad sobre la atención y prevención a las situaciones de violencia machista en el mes de mayo, cuando se celebra el Día Internacional de la Salud de la Mujer (el 28 de mayo).
"La violencia doméstica es un asunto de salud pública. Es prevenible en etapas primarias y es tratable. Se presta para el enfoque salubrista", explicó Ivette González, coordinadora del Programa de Servicios para el Desarrollo Integral de la Mujer del Departamento de Servicios al Ciudadano del Municipio Autónomo de Caguas.
La entidad sirvió de apoyo en la iniciativa de la Coordinadora Paz para la Mujer, Inc, que realiza eventos similares en distintos municipios de la Isla.
En la marcha, también hubo participación de representantes del Proyecto Matria y de la Casa Protegida Julia de Burgos, así como de ciudadanos en su carácter personal.
En Caguas, el Programa de Servicios para el Desarrollo Integral de la Mujer ha atendido, este año, cerca de 140 casos de mujeres maltratadas por sus parejas, según se informó.
La coordinadora del Programa exhortó a las personas que se encuentren en situaciones de abuso, por parte de sus parejas, a buscar apoyo llamando al 704-1520 ó al 704-2022, pues cuenta con una sólida red de servicios legales, sicológicos y de albergue para que las mujeres puedan salir del círculo de violencia y seguir sus vidas autosuficientemente.
viernes, 26 de marzo de 2010
jueves, 25 de marzo de 2010
El feminismo y yo
En Rojo/Claridad
El feminismo y yo
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Una vez despiertas a la conciencia de género, te maneja por completo. Y luchas contra todo lo que has aprendido o contra lo que no está correcto, contra la disparidad. Pero también luchas con tus propias contradicciones; reeducas tus pensamientos, la forma en que hablas y escribes, y la manera en que te relacionas. Es el proyecto de tu vida. A consecuencia, buscas otras chicas iguales a ti, que entiendan el proceso por el cuál estás pasando. Y aparecen por todos lados. Aparecen, por ejemplo en Puerto Rico, unas Nahomi, Lourdes, Liana, Zuly, Mariem, Marielis. Alana, Amarylis, Adriana, Ruthie, compañeras jóvenas, luchadoras todas, con visiones y procedencias diferentes, pero a las cuáles admiro y respeto siempre. Una responsabilidad inmensa recarga nuestro cuello, nuestras barrigas. Doy fe de que somos muchas más de lo que parecemos, pero a veces no nos ponemos de acuerdo.
En esa búsqueda coincidí en el 2009 con otras muchas mujeres en el XI Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe en la Ciudad de México. ¡Qué maravillosa diversidad! Cuando regresé del viaje, recuerdo que le comenté a mi madrina feminista lo sorprendida que estaba de la variedad de discursos, estética, reclamos, retos de aquellas mujeres que me intimidaban, y a la misma vez inspiraban. Si aquella era una muestra de las feministas de nuestro continente, la reconquista y la equidad están aseguradas. Aquellas no eran las mujeres a las cuales estaba acostumbrada, sin menospreciar a las que habían alimentado mi feminismo, como lo son mis abuelas.
¡Ay, mis abuelas! Liberata, Lydia y Herminia: diferentes en procedencia e igualitarias en espíritu. Herederas de la cultura patriarcal, pero reproductoras de la liberación femenina a su estilo. Incondicionales y ejemplares. Luego pasé por la universidad y fui conociendo a mis madrinas en la fe feminista, todas militantes de la segunda ola: Norma, quien me enseñó a no negarme al feminismo y la acepté como mi guía; Jossie, la mujer más trabajadora y responsable del universo; Sandra, sabia y modeladora; Ana Irma, impetuosa enciclopedia; Doña Genoveva, pionera que hasta hace poco luchó con su pluma y papel; Aidita y sus extraordinarias historias; y otras tantas que me cambiaron la vida y que merecen ser conocidas. Me han compartido parte de su activismo. He querido escucharlo y hacerlo mío. Ahora cosechamos los frutos de los esfuerzos de éstas y otras feministas que nos anteceden. Podemos ser más libres, podemos decidir en cuanto a nuestra sexualidad, podemos trabajar y capitanear una familia.
Ser activista es una decisión, una locura, es creer tanto en algo, que pasas tus propios límites por defenderlo, por hacer tuya la calle. Te sientes orgullosa, de ti y tus pares, por no quedarte en casa, por moverte al son de tu corazón y conciencia. Por ser como tu vida te lo dicta. ¿Y se ven los resultados? Se ven, y pongo como garantía mi vida y la de mujeres que sobreviven y rompen con la violencia en sus hogares, que superan sus dificultades, que salen de la pobreza, que viven en paz, que asumen posiciones de poder político y económico responsablemente, que deciden procrear o no; casarse, quedarse solteras o convivir. Sin embargo, las amenazas son más. Somos las más pobres, las más enfermas, las más golpeadas, las más afectadas por los sistemas económicos y los fundamentalismos religiosos. Avanzamos, pero lento. Tenemos que aumentar la intensidad.
En este mes, semana, año, siglo de la mujer, se fortalece y se consolida más fuerte mi feminismo junto a las compañeras del Movimiento Amplio de Mujeres y otras organizaciones, quienes desde la calle, hacemos lo propio para asegurar una vida digna, tanto para las mujeres, como para los hombres.
La autora es una de las portavoces del Movimiento Amplio de Mujeres, comunicadora y profesora en la Universidad de Puerto Rico en Cayey.
Desde mi activismo feminista
En Rojo/CLARIDAD
Desde mi activismo feminista
Por Josefina Pantoja Oquendo
A pocos días de haber conmemorado el centenario del Día Internacional de la Mujer, me permito mirar hacia atrás con ojos feministas para repasar cómo y cuándo me incorporé a esta forma de vida sin la cual no podría imaginarme. No fue en la adolescencia, ni siquiera en mi paso por la universidad, aunque allí comencé a abrir los ojos a tantas realidades que evidencian el discrimen por diferentes causas. Entonces no había cursos de género y eran muy pocas las profesoras que abordaban sus clases desde esa perspectiva. Aunque me chocaban las limitaciones que el Código Civil les imponía a las mujeres, no fue hasta mi último año en Derecho que una investigación sobre el estudio que hizo la Comisión de Derechos Civiles sobre el discrimen por sexo en Puerto Rico desnudó ante mis ojos la situación que sufrían las mujeres. El impacto quedó en suspenso pues me ahogó la preparación para la reválida, la búsqueda de empleo y mucha decepción ante la realidad de que el ejercicio del Derecho no necesariamente te permite conseguir que se haga justicia. Afortunadamente, el primer triunfo del Partido Nuevo Progresista en el 1976, me llevó a cambiar de trabajo. Fue así como en Servicios Legales la unión que nos representaba me pidió que participara en la Segunda Conferencia de la Mujer Trabajadora.
Compañeras de labores como María Dolores Fernós y Frances Díaz, que habían participado en la Federación Puertorriqueña de Mujeres y otras feministas que hoy son mis grandes amigas, estaban allí. Los talleres, diálogos, consensos y diferencias sobre múltiples temas vinculados al género, contribuyeron a que la vegabajeña que todavía no se acostumbraba al área metropolitana, encontrara otra forma de vivir. Algo tenía que hacer para contribuir a que las cosas cambiaran. Las pocas organizaciones feministas que existían y las mujeres no afiliadas enfrentaban con sus posiciones y propuestas de equidad los males del Patriarcado. En el 1982 se constituyó la Organización Puertorriqueña de la Mujer Trabajadora, como secuela de las discusiones de aquella Segunda Conferencia y posteriores reuniones. Me siento muy orgullosa de haber contribuido a la formación de la OPMT que se mantiene viva y militante.
En todos estos años de activismo feminista muchas han sido las banderas levantadas en contra del discrimen por género: la desigualdad salarial que favorece a los varones en trabajos iguales o comparables; la clasificación de profesiones y oficios en términos de género; el techo de cristal que dificulta ascender a puestos de mayor poder donde se establecen políticas públicas y se toman decisiones; la falta de reconocimiento del valor social y económico del trabajo doméstico y la protección de las mal llamadas amas de casa. Otra de las banderas por la que más angustia e impotencia siento es la violencia por género que atenta contra nuestro derecho a vivir en paz, con dignidad. ésta es la más degradante manifestación del discrimen. La feminización de la pobreza, los múltiples roles que se nos adjudican, la intromisión de los sectores religiosos fundamentalistas en asuntos de legislación y políticas públicas para despojarnos del derecho básico a controlar nuestros cuerpos y sistemas reproductivos y el aval que les dan las personas que detentan el poder político por intereses electorales y partidistas, también son agenda constante.
Esta mirada en retrospectiva me satisface porque ondear colectivamente esas banderas de lucha por los derechos de las mujeres ha rendido buenos frutos, aunque falta la mejor cosecha. El tema de los derechos humanos de las mujeres ha cobrado más presencia. Ahora hay cursos y currículos sobre género en las universidades. Con mucho esfuerzo hemos logrado importante legislación que contribuye a hacer más efectiva la garantía constitucional de que no se discrimine por razón de sexo. Esto es el resultado de una de las características más importantes del feminismo: la búsqueda de consensos, la aceptación de la diversidad, el trabajo en redes y coaliciones para tener mayor fuerza e influencia en contra de las personas, políticas y poderes que obstaculizan la reivindicación de nuestros derechos. Siento que el movimiento feminista mantiene un espacio de respeto en la sociedad civil, que contribuye además a influenciar las luchas que se están dando en otros escenarios como el ambiental y la protección a los recursos naturales, en el área laboral, cultural, en las comunidades. Nuestra presencia se ha sentido en la jornada que contra las medidas de reestructuración económica implantadas por el gobierno actual llevan a cabo los frentes y coaliciones organizadas. No ha sido fácil hacerlo porque dondequiera se cuecen habas y el movimiento sindical en Puerto Rico mantiene muchos resabios machistas. Aun así hemos perseverado porque el impacto principal de las medidas de Fortuño ha recaído sobre las trabajadoras que son mayoría en el sector público.
Esta mirada sobre el feminismo pone también de manifiesto los múltiples retos que tenemos. Hemos avanzado en este largo camino, pero no tenemos tregua. Apenas estamos celebrando una victoria cuando “las fuerzas del mal” integradas por religiosos fundamentalistas, legisladores de pocas luces y ansias de poder, patronos ambiciosos, medios de divulgación pública inescrupulosos, analistas radiales y de televisión, procuradoras nombradas con criterios partidistas y no por sus méritos, pretenden arrebatarnos los derechos y los espacios logrados con lucha, organización, determinación y militancia. Esto nos coloca en la posición de defender sin tregua lo alcanzado y al mismo tiempo tratar de avanzar en la reivindicación de los derechos que como humanas nos corresponden.
Tengo mucha esperanza en las feministas jóvenes. Hasta hace pocos años sentía gran preocupación porque no las veía incorporadas al trabajo organizado. Sin embargo, de un tiempo para acá, siento un gran alivio. Ellas están ahí y de qué manera: en el Movimiento Amplio de Mujeres, en las Masfaldas, en el Movimiento al Socialismo, en Taller Salud, en la facultad de Derecho de la UPR, en Coordinadora Paz para la Mujer, en la Comisión de la Mujer del Colegio de Abogados y en tantos otros espacios. Son mujeres con formación en asuntos de género, amplia capacidad en el área tecnológica cibernética; con mucha creatividad para hacer actividades distintas e innovadoras; valientes en la acción y en la palabra. Me llenan de orgullo y de tranquilidad espiritual porque sé que por sus convicciones y conciencia de género levantarán las banderas de las metas que nos faltan por alcanzar. Las estrategias podrán ser distintas y es bueno que lo sean, pero el compromiso es el mismo. Disfruto mucho las actividades en las que participamos juntas y aprendemos unas de las otras.
El discrimen y la opresión contra las mujeres todavía es una realidad, pero comenzamos a ver más parejas con una división equitativa de los roles y las tareas y el tema de la equidad de género llegó para quedarse en el espacio público. Los cambios sociales son lentos y nosotras no podemos desalentarnos en el empeño por alcanzarlos. Mientras hay vida hay esperanza, dice el refrán y yo digo que sin esperanza en la lucha, no vale la pena vivir. Por eso soy feminista.
La autora es abogada y portavoz de la Organización Puertorriqueña de la Mujer Trabajadora.
[Sí, Josie, estamos ahí]
jueves, 18 de marzo de 2010
Publicistas desconstruyen anuncios comerciales de tampones
Rebelling Against the Commonly Evasive Feminine Care Ad
By ANDREW ADAM NEWMAN
A COMMERCIAL for U by Kotex, a new line from the 90-year-old feminine care brand, opens with an actress in her early 20s who says, “How do I feel about my period? I love it.”
She continues, “Sometimes I just want to run on a beach,” as footage shows a woman running along the shore. “Usually, by the third day, I really just want to dance,” she says, to footage of women dancing ecstatically. As blue liquid is poured on a pad in another clip, she concludes, “The ads on TV are really helpful because they use that blue liquid, and I’m like, ‘Oh, that’s what’s supposed to happen.’ ”
The spot, by the New York office of JWT, which is a part of WPP, closes with the text, “Why are tampon ads so ridiculous?” along with the campaign tagline, “Break the cycle,” before finally showing the new line of tampons, pads and liners. The commercial was scheduled to appear on television for the first time Monday.
The clips mocked in the spot are actually from Kotex commercials, some shown within the last year in the United States or Europe.
“We are guilty, so it’s not that Kotex is any different,” said Andrew Meurer, vice president for North American feminine, adult and senior care for Kotex’s parent company, Kimberly-Clark. “We’re turning the light on ourselves, and we’re not saying, look at what other people do. We’re saying look at what we’ve done in the past, which typifies everyone in the category.”
Ads for menstrual products remain conspicuously euphemistic, typically featuring women practicing yoga in white spandex, riding white horses along the beach, or airborne in cheerleader outfits.
“Fem-care advertising is so sterilized and so removed from what a period is,” said Elissa Stein, co-author (with Susan Kim) of the book “Flow: The Cultural Story of Menstruation.” “You never see a bathroom, you never see a woman using a product. They never show someone having cramps or her face breaking out or tearful — it’s always happy, playful, sporty women.”
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The U by Kotex campaign aims to both parody such conventions, and to make an impression with marketing that is more frank. But that approach turns out to be a bit too frank for some networks.
Merrie Harris, global business director at JWT, said that after being informed that it could not use the word vagina in advertising by three broadcast networks, it shot the ad cited above with the actress instead saying “down there,” which was rejected by two of the three networks. (Both Ms. Harris and representatives from the brand declined to specify the networks.)
“It’s very funny because the whole spot is about censorship,” Ms. Harris said. “The whole category has been very euphemistic, or paternalistic even, and we’re saying, enough with the euphemisms, and get over it. Tampon is not a dirty word, and neither is vagina.”
The new line primarily caters to women from 14 to 21.
Another spot, which will make its debut next month, opens with a woman strolling confidently toward the camera. “I’m a believably attractive 18- to 24-year-old female,” she says. “You can relate to me because I’m racially ambiguous. Market research shows that girls like you love girls like me.”
The sense of an ad somehow deconstructing itself continues, as she says, “Now I’m going to tell you to buy something. Buy the same tampons I use. Because I’m wearing white pants, and I have good hair, and you wish you could be me.” Screen text near the end of the spot asks, “Why are tampon ads so obnoxious?”
A print ad, meanwhile, shows a woman driving a convertible with this text: “I tied a tampon to my key ring so my brother wouldn’t take my car. It worked.”
Packaging for the new products are primarily black, with individually wrapped items within in four bright colors.
“This has been an institutional type of product, with products that are white and light blue and boring, and what we have is a variety of bold lipstick colors in each pack,” said Mr. Meurer, of Kotex. “What we like to say is ‘We’re taking the category from institutional care to personal care.’ ”
Visitors to the Web site, UbyKotex.com, designed by the New York office of Organic, part of the Omnicom Group, are urged to sign a “Declaration of Real Talk,” vowing to defy societal pressures that discourage women from speaking out about their bodies and health.
For every signer, Kotex will donate $1 to Girls for a Change, a national nonprofit based in San Jose, Calif., that pairs urban middle school and high school girls with professional women to encourage social change.
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While the brand may have to finesse some of its newfound candor to pass muster with networks, it is unencumbered online. In what by all accounts is unprecedented in menstrual product marketing, the videos on the Web site show women demonstrating how to use the products, including video of an actress in a bathroom applying a panty liner, and another of one inserting a tampon in an anatomically correct puppet.
Of both demonstrations, Ms. Kim, the “Flow” co-author, said, “Given what’s gone before, it’s a big step forward.” And she praised the writing and the young actresses for “giving the nod to the fact this might be funny but not modeling shame.”
“We’re really out there and we’re trying to touch women and say we care about this conversation,” said Mr. Meurer, of Kotex. “We’re changing our brand equity to stand for truth and transparency and progressive vaginal care.”
miércoles, 24 de febrero de 2010
Carta a El Nuevo Día
En el día de hoy envié esta carta a la editora de la sección Por Dentro de El Nuevo Día y a la Presidenta y Director del periódico.
24 de febrero de 2010
Norma Borges González
Editora
Estimada Sa. Borges González:
Saludos. Le escribe la licenciada Verónica R.T. Vice Presidenta de la Comisión de la Mujer del Colegio de Abogados y administradora del Blog Mujeres en Puerto Rico. La interpelo por este medio porque desde ayer en la versión electrónica de El Nuevo Día han aparecido dos artículos que resultan más que problemáticos desde una perspectiva de género. Específicamente, me refiero a los "artículos" titulados "La dicha de ser varón" y "La maravilla de ser mujer" que aparecen "firmados" por El Nuevo Dia.com.
Ayer, cuando apareció el primer artículo, tuve serios problemas con éste no sólo por el contenido de la nota, sino también porque en la página del periódico el artículo aparecía bajo el título "Nosotros los machos". El contenido está plagado de estereotipos sexistas, a través de los cuales el hombre se presenta feliz porque no tiene que cumplir con un sinnúmero de exigencias sociales que no son otra cosa más que una lista larga de insultos que presentan a la mujer como caprichosa, superficial, interesada y tonta. Exactamente lo mismo sucede con el artículo de "La maravilla de ser mujer". Escritos como esos no tienen otra consecuencia que no sea fortalecer la violencia discursiva en contra de las mujeres, la cual ya se ha demostrado tiene una relación directa con la violencia emocional y física en contra de nosotras.
Como sabe, el problema de la violencia en contra de las mujeres en nuestro país es de cifras alarmantes. No sólo nos asesinan, sino que nos violan, nos discriminan y nos insultan simplemente porque somos mujeres. Lo menos que podemos esperar del periódico de mayor circulación en el país es que sea sensible a esta situación, que sea responsable en sus publicaciones, y que no intente disfrazar como un mero chiste la violencia discursiva en contra de las mujeres del país.
Si El Nuevo Día no está dispuesto a asumir su responsabilidad para lograr un Puerto Rico más justo y equitativo, sepa que las feministas puertorriqueñas daremos el paso al frente. De hecho, durante la pasada Jornada de No Más Violencia en contra de las Mujeres, las blogueras feministas del país nos manifestamos vehementemente en contra de este mal. Incluso, nuestras denuncias alcanzaron el foro internacional. http://mujeresenpr.blogspot.
Les invito a una reflexión al respecto y a que comparta esta carta con las personas responsables en redactar los artículos aquí problematizados.
Atentamente,
Verónica R.T.
martes, 23 de febrero de 2010
For women in America, equality is still an illusion
Washington Post
Sunday, February 21, 2010; B02
Every day, we hear about the horrors women endure in other countries: rape in Darfur, genital mutilation in Egypt, sex trafficking in Eastern Europe. We shake our heads, forward e-mails and send money.
We have no problem condemning atrocities done to women abroad, yet too many of us in the United States ignore the oppression on our doorstep. We're suffering under the mass delusion that women in America have achieved equality.
And why not -- it's a feel-good illusion. We cry with Oprah and laugh with Tina Fey; we work and take care of our children; we watch Secretary of State Hillary Rodham Clinton and U.N. Ambassador Susan Rice proudly and sigh with relief, believing we've come so far. But we're basking in a "girl power" moment that doesn't exist -- it's a mirage of equality that we've been duped into believing is the real thing.
Because despite the indisputable gains over the years, women are still being raped, trafficked, violated and discriminated against -- not just in the rest of the world, but here in the United States. And though feminists continue to fight gender injustices, most people seem to think that outside of a few lingering battles, the work of the women's movement is done.
It's time to stop fooling ourselves. For all our "empowered" rhetoric, women in this country aren't doing nearly as well as we'd like to think.
After all, women are being shot dead in the streets here, too. It was only last year that George Sodini opened fire in a gym outside Pittsburgh, killing three women and injuring nine others. Investigators learned from Sodini's blog that he specifically targeted women. In 2006, a gunman went into an Amish schoolhouse in Pennsylvania; he sent the boys outside and opened fire on almost a dozen girls, killing five. That same year in Colorado, a man sexually assaulted six female students he had taken hostage at a high school before killing one of them.
And it's not just strangers who are killing women; more than 1,000 women were killed by their partners in 2005, and of all the women murdered in the United States, about a third are killed by a husband or boyfriend. A leading cause of death for pregnant women? Murder by a partner.
In Iraq, women serving in the military are more likely to be raped by a fellow soldier than killed by enemy fire.
Even the government underestimates the crisis American women are in. Last year the Justice Department reported that there were 182,000 sexual assaults committed against women in 2008, which would mean that the rate had decreased by 70 percent since 1993. But a study by the National Crime Victims Research and Treatment Center showed that the Justice Department's methodology was flawed. Instead of behaviorally based questions, such as "Has anyone ever forced you to have sex?", women were asked if they had been subject to "rape, attempted or other type of sexual attack." Victims often don't label their experience as "rape," especially when someone they know attacked them. The center says the actual number of U.S. women raped in 2008 was more than 1 million.
The distressing statistics don't stop with violence: Women hold 17 percent of the seats in Congress; abortion is legal, but more than 85 percent of counties in the United States have no provider; women work outside the home, but they make about 76 cents to a man's dollar and make up the majority of Americans living in poverty.
This is a far cry from progress; it's an epidemic of sexism. So where's the outrage? When my co-bloggers and I write at Feministing.com about the hurdles American women face, a common criticism is that if we cared about women's rights, we'd focus on countries where women are actually oppressed -- that women here have it too good to complain. When I speak on college campuses, I'm sometimes asked the same question (generally by a male student): What are you complaining about? Women are doing terrific!
In her upcoming book, author Susan Douglas calls this "enlightened sexism." She writes that the appearance of equality -- from "girl power" to "Buffy the Vampire Slayer" -- is a dangerous distraction from the pervasiveness of sexism.
So why the blinders? Most women know that sexism exists. But between the glittery illusion Douglas refers to and the ongoing feminist backlash, it's not surprising that so many women don't realize how dire their situation is. Organizations such as the Independent Women's Forum, for example, exist to tell women that equality is actually bad for them. In a 2007 opinion article in The Washington Post headlined "A Bargain At 77 Cents to a Dollar," the forum's Carrie Lukas wrote that the wage gap is simply "a trade-off" for holding jobs with "personal fulfillment." The organization's campus program argues against Title IX, the law that prohibits sex discrimination at educational institutions. Between pop culture and politics, women are being taught that everything is fine and dandy -- and a lot of us are buying it.
Part of this unwillingness to see misogyny in America could be self-protection -- perhaps the truth is too scary to face. Or maybe American women are simply loath to view themselves as oppressed, and it's easier to look at women in other countries as the real victims. This isn't to say that international misogyny isn't a problem; of course it is. And many women in America do have it easier than women in other parts of the world. But this isn't a zero-sum game, and we can fight for our rights while fighting for women internationally as well.
In fact, our successes could help women abroad. The recent increase in the number of female ambassadors globally has been dubbed the "Hillary effect" -- the idea that our secretary of state's visibility has opened doors for women in other countries. And perhaps if the pay gap here were closed, women would have more money to spend on causes overseas. It's time to do away with the either-or mentality that surrounds domestic and international women's rights.
Fortunately, a vibrant feminist movement is still at large in the United States, taking on issues from reproductive justice and racism to pay equity and motherhood. But feminists cannot pick up the sexist slack on their own, and recent mainstream conversations -- such as when singer Rihanna was assaulted by her then-boyfriend Chris Brown, or when Clinton and Sarah Palin were the targets of sexism during the 2008 campaign -- have been far too civilized for the mess that we're in.
We act as if the hatred directed at women is something that can be dealt with by a stern talking to, as if the misogyny embedded in our culture is an unruly child rather than systematic oppression. Yes, women today fare better than our foremothers. But the benchmarks so often cited -- the right to vote, working outside the home, laws that make domestic violence illegal -- don't change the reality of women's lives. They don't prevent 1 million women from being raped, female troops from being assaulted or the continued legal discrimination against gay and transgender people. And seriously, are American women really supposed to be satisfied with the most basic rights of representation? Thrilled that our country has deigned to consider us fully human?
There is so much more work to be done. The truth is, most women don't have the privilege of being able to look at gender justice from a distance; they have no choice but to live it every day. Those of us who are lucky enough not to have to think about sexism, racism, poverty and homophobia on a daily basis -- those of us who have the privilege of sending money to an international cause via e-mail while ignoring the plight of women here at home -- have a responsibility to open our eyes to the misogyny right in front of us. And then to stop it.
Jessica Valenti is the author of "The Purity Myth: How America's Obsession with Virginity is Hurting Young Women" and the founder of Feministing.com.
