Cuando tenía cinco años mis padres me matricularon en el Colegio Bautista de Caguas, y allí estudié hasta mis 10 años. Esos cinco años representaron una educación cristiana, llena de devocionales, cantos, oraciones, lecturas de la Biblia.... conocí allí a un Cristo que defendía a las niñas y niños, que evitaba que mujeres fueran apedreadas, que creaba motines dentro de templos para denunciar la hipocrecía y la avaricia... conocí a un Cristo sacrificado, bondadoso, buen hijo y amigo... esos cinco años, sin duda, nutrieron y aún nutren mi vida... me hicieron, en gran medida, la activista que soy hoy.
Sin embargo, hace mucho tiempo que no soy religiosa. Me han apartado muchas cosas, entre ellas, el secuestro que de la religión han hecho algunos y algunas,"apóstoles" se atreven algunas a autoproclamarse, que en vez vivir y servir de ejemplo de los valores cristianos, se han convertido en verdaderos enemigos del amor, la solidaridad, el compromiso con las/os desaventajadas/os. Son ellas y ellos, quienes con sus actos de odio, han logrado la desconfianza de cada vez más y más personas en nuestro país, pues utilizan el poder del dinero que les entrega la fe de sus seguidores, para manipular y hacer daño.
En un país con un estado LAICO, como lo es Puerto Rico, pregunto:
¿Cómo se justifica el cabildeo de ciertos sectores religiosos para evitar que todas las personas, independientemente de sus circunstancias, queden protegidas de la violencia en relaciones de pareja? ¿Cómo se justifica que nuestros políticos y políticas se escondan detrás de sus supuestas creencias religiosas para aprobar o sabotear leyes? ¿Cómo se justifica que nuestro tribunales justifiquen obviar el texto claro de las leyes sólo porque las lmismas les resultan cuestionables desde un punto de vista pseudomoral? Asimismo, ¿cómo se justifica que la Procuradora de las Mujeres, ante decisiones judiciales nefastas, las deje de criticar por un supuesto sistema de valores que a mí cada día se me hace más díficil de comprender?
No hay respuestas, no hay justificación.
Agradezco a mis compañeras del Movimiento Amplio de Mujeres, a Amnistía Internacional y al Comité Contra la Homofobia y el Discrimen hayan salido a la calle para exigir un ALTO A LA TEOCRACIA DE FACTO.
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viernes, 22 de abril de 2011
viernes, 15 de octubre de 2010
Biblias
15 Octubre 2010
Buscapié/El Nuevo Día
Mari Mari Nárvaez
15 Octubre 2010
Biblias
Juraba que la cita del Libro de los Hechos de los Apóstoles era sacada del culto dominical del reverendo Font (dicen que se bota). Si no fuera por su impecable reputación, no le hubiese creído a la profesora de Derecho que esta cita es de una opinión de nuestro Tribunal Supremo, redactada por el juez Erick Kolthoff (el del nacimiento, sí. Dicen las malas lenguas que también promueve un círculo de oración en el jardín del Tribunal).
La profesora, sus alumnos y colegas estaban indignados. Y con razón. Imagínese, tantos años creyendo en la ficción del estado secular; pero creyendo con esa sospecha cada vez más fundada de que la línea entre gobierno y religión es demasiado frágil, una frontera que siempre está a punto de desvanecerse.
Excepto por la judicatura, que precisamente se vislumbra como una especie de muro de contención, de último hilo de esperanza contra esa mezcla fatídica, irreparable, de derecho y religión.
“La selección de la Biblia no es casualidad ni está exenta de implicaciones, con tantos textos de historia y antropología que no lacerarían de esa forma la legitimidad de la institución en una sociedad plural”, nos iluminaba la profesora desde el posteo feisbukiano.
Estoy con ella.
Sin embargo, para qué negarlo, no pude evitar la fantasía de que al fin nuestros jueces puedan empezar a ponerse creativos. Los estudiantes de Derecho seguro lo agradecerán.
Si Kolthoff puede citar la Biblia como autoridad en Derecho, entonces los miembros más culturosos del honorable foro quedan libres para empezar a citar el mejor análisis casuístico del mundo: la literatura. El gran Mario Conde, personaje detectivesco del cubano Leonardo Padura, podría estar entre sus primeros prospectos para lidiar con los narco-casos y todo tipo de crimen organizado. Para los incestos u otros intríngulis de la perversión familiar, no hay que ir demasiado lejos: propongo oficialmente al nuevo Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa.
Ya no aguanto hasta que salga la próxima opinión de la juez Fiol o el Señor Presidente. Querrán atacarlos. Pero ya lo estableció su colega: en las novelas está perfectamente dibujada toda la contrariedad del mundo.
n La autora es periodista.
Buscapié/El Nuevo Día
Mari Mari Nárvaez
15 Octubre 2010
Biblias
Juraba que la cita del Libro de los Hechos de los Apóstoles era sacada del culto dominical del reverendo Font (dicen que se bota). Si no fuera por su impecable reputación, no le hubiese creído a la profesora de Derecho que esta cita es de una opinión de nuestro Tribunal Supremo, redactada por el juez Erick Kolthoff (el del nacimiento, sí. Dicen las malas lenguas que también promueve un círculo de oración en el jardín del Tribunal).
La profesora, sus alumnos y colegas estaban indignados. Y con razón. Imagínese, tantos años creyendo en la ficción del estado secular; pero creyendo con esa sospecha cada vez más fundada de que la línea entre gobierno y religión es demasiado frágil, una frontera que siempre está a punto de desvanecerse.
Excepto por la judicatura, que precisamente se vislumbra como una especie de muro de contención, de último hilo de esperanza contra esa mezcla fatídica, irreparable, de derecho y religión.
“La selección de la Biblia no es casualidad ni está exenta de implicaciones, con tantos textos de historia y antropología que no lacerarían de esa forma la legitimidad de la institución en una sociedad plural”, nos iluminaba la profesora desde el posteo feisbukiano.
Estoy con ella.
Sin embargo, para qué negarlo, no pude evitar la fantasía de que al fin nuestros jueces puedan empezar a ponerse creativos. Los estudiantes de Derecho seguro lo agradecerán.
Si Kolthoff puede citar la Biblia como autoridad en Derecho, entonces los miembros más culturosos del honorable foro quedan libres para empezar a citar el mejor análisis casuístico del mundo: la literatura. El gran Mario Conde, personaje detectivesco del cubano Leonardo Padura, podría estar entre sus primeros prospectos para lidiar con los narco-casos y todo tipo de crimen organizado. Para los incestos u otros intríngulis de la perversión familiar, no hay que ir demasiado lejos: propongo oficialmente al nuevo Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa.
Ya no aguanto hasta que salga la próxima opinión de la juez Fiol o el Señor Presidente. Querrán atacarlos. Pero ya lo estableció su colega: en las novelas está perfectamente dibujada toda la contrariedad del mundo.
n La autora es periodista.
domingo, 29 de noviembre de 2009
Columna: "Conversión" por Mayra Montero
29-Noviembre-2009 | Mayra Montero
Antes que llegue el lunes
Conversión
En el Canal 6, que es la televisora del Estado, hace unos días estuve viendo un programa, me parece que nuevo, que se compone de una mujer que da consejos y de situaciones que ella más o menos comenta. No voy a hablar del nivel del programa, ni de las actuaciones, ni de la bochornosa producción. De lo que voy a hablar es de una escena en que hay dos tipos acodados a una barra, hablando de mujeres, y uno le cuenta al otro que conoció a su esposa, que es un dechado de virtudes, en la iglesia. De paso, aconseja a su amigo -quien supuestamente quiere sentar cabeza- que se aleje de las mujeres “fáciles e independientes”.
La cita es textual. Supongo que el programa estará disponible para que la Procuradora de la Mujer, que es invisible y sorda -pero no fácil, ni mucho menos independiente-, vaya al Canal, pida la grabación y le explique a la gente, tal como es su deber, por qué razón unos guiones como ése contribuyen a la violencia machista.
El tipo que asesinó hace unos meses a su esposa, a puñaladas y tijeretazos, la metió en la cama y la arropó como si fuera una muñeca rota (y ahora será juzgado, pero por asesinato en segundo grado, puesto que el juez estima que no hubo premeditación), pensaba exactamente igual que el guionista de ese programa atroz. Las “mujeres fáciles e independientes” no merecen una relación de respeto. Ni siquiera merecen estar vivas.
Algo similar, también, debió de haber pensado el individuo que asesinó el lunes pasado a Mabel Merced, y por poco no mató a la hija. En este caso, ocurrido en Humacao, ambos iban a la misma iglesia, y se dice que él “se había convertido”.
Este sujeto ya había matado a otra mujer en el 91, pero tenía casos por agresión y robo que datan del 95, con lo que queda claro que la primera muerte le salió gratis. Si en el 95 estaba haciendo de las suyas, ¿en qué tribunal lo condenaron y qué pena le dieron por el primer asesinato? En 2001, cogió por el cuello a su pareja de entonces para estrangularla, y parece que lo acusaron por violencia doméstica. ¿Qué hacía entonces viviendo libremente en Humacao, y cuántos en su entorno -hasta en la propia iglesia- estaban al tanto de su pedigrí?
No se sabe a ciencia cierta si Mabel Merced había tenido relación de pareja con su agresor, pero eso no es importante. Lo importante es que este caso refleja graves y urgentes problemas relacionados con la violencia de género. El primero de ellos, la palabrita “pasional”. Por ley debería prohibirse esa palabra en los informes policiacos, pues ésa es la que ayuda, en parte, a que luego los abogados aleguen, y los jueces acepten, que el crimen se cometió en un “arrebato de pasión”.
Pero otro punto que no cesa de asombrarme, que surgió en medio del caso de Humacao, y que también surgió en el crimen de odio cometido en Guavate, es la confusión y las actitudes tan enajenantes (muy convenientes al Gobierno, eso sí) que está inculcando el integrismo religioso. Por ejemplo, vi en un noticiario al padre del muchacho asesinado en Guavate, que en ese instante coincidía con el asesino de su hijo. Pues bien, dirigiéndose al asesino, el hombre señaló a lo alto con el dedo índice y dijo: “el que tiene que perdonarte es el que está allá arriba, yo ya te perdoné”. ¿Ya lo perdonó, por descuartizar a un hijo?
El pasado miércoles, en una entrevista concedida a este diario, el padre de Mabel Merced, la víctima de Humacao, decía que no le guardaba rencor al asesino de su hija y que prefería que le hubiera pasado a ella en vez de a sus otros hijos, puesto que ella “se había convertido al Señor y mis otros hijos no están convertidos”.
¿Qué decimos de esto? ¿Cómo el juez puede imponer la pena más severa a un asesino que de inmediato es perdonado por el propio padre de la víctima? Pues que lo dejen en la calle; después de todo, el que lo tiene que perdonar está allá arriba. El padre de Mabel también comunicó a la reportera que la violencia contra la mujer no se iba a terminar hasta que Jesús viniera. Sí, hasta que venga y nos ponga a todas como Magdalenas. Total, ya somos magdalenas para sus señorías en el Capitolio.
Muchas de estas iglesias fomentan la obediencia, la sumisión de la mujer, lo cual tiene consecuencias graves sobre todo en los sectores rurales y deprimidos en que tienen gran arraigo. La mujer asesinada en Humacao probablemente no denunció al hombre que la acechaba, y probablemente no se fue huyendo de esa comunidad, porque sabía que lo que todos esperaban de ella era que “perdonara”; que le diera otra oportunidad al que ya, desde el 91, era un maldito criminal.
Así las atrapan, las hacen parte de un sistema que oprime, y luego se lavan las manos. En la iglesia del barrio me imagino que hoy se lavarían las manos. Eso sí es convertirse. Pero convertirse en zombie.
Antes que llegue el lunes
Conversión
En el Canal 6, que es la televisora del Estado, hace unos días estuve viendo un programa, me parece que nuevo, que se compone de una mujer que da consejos y de situaciones que ella más o menos comenta. No voy a hablar del nivel del programa, ni de las actuaciones, ni de la bochornosa producción. De lo que voy a hablar es de una escena en que hay dos tipos acodados a una barra, hablando de mujeres, y uno le cuenta al otro que conoció a su esposa, que es un dechado de virtudes, en la iglesia. De paso, aconseja a su amigo -quien supuestamente quiere sentar cabeza- que se aleje de las mujeres “fáciles e independientes”.
La cita es textual. Supongo que el programa estará disponible para que la Procuradora de la Mujer, que es invisible y sorda -pero no fácil, ni mucho menos independiente-, vaya al Canal, pida la grabación y le explique a la gente, tal como es su deber, por qué razón unos guiones como ése contribuyen a la violencia machista.
El tipo que asesinó hace unos meses a su esposa, a puñaladas y tijeretazos, la metió en la cama y la arropó como si fuera una muñeca rota (y ahora será juzgado, pero por asesinato en segundo grado, puesto que el juez estima que no hubo premeditación), pensaba exactamente igual que el guionista de ese programa atroz. Las “mujeres fáciles e independientes” no merecen una relación de respeto. Ni siquiera merecen estar vivas.
Algo similar, también, debió de haber pensado el individuo que asesinó el lunes pasado a Mabel Merced, y por poco no mató a la hija. En este caso, ocurrido en Humacao, ambos iban a la misma iglesia, y se dice que él “se había convertido”.
Este sujeto ya había matado a otra mujer en el 91, pero tenía casos por agresión y robo que datan del 95, con lo que queda claro que la primera muerte le salió gratis. Si en el 95 estaba haciendo de las suyas, ¿en qué tribunal lo condenaron y qué pena le dieron por el primer asesinato? En 2001, cogió por el cuello a su pareja de entonces para estrangularla, y parece que lo acusaron por violencia doméstica. ¿Qué hacía entonces viviendo libremente en Humacao, y cuántos en su entorno -hasta en la propia iglesia- estaban al tanto de su pedigrí?
No se sabe a ciencia cierta si Mabel Merced había tenido relación de pareja con su agresor, pero eso no es importante. Lo importante es que este caso refleja graves y urgentes problemas relacionados con la violencia de género. El primero de ellos, la palabrita “pasional”. Por ley debería prohibirse esa palabra en los informes policiacos, pues ésa es la que ayuda, en parte, a que luego los abogados aleguen, y los jueces acepten, que el crimen se cometió en un “arrebato de pasión”.
Pero otro punto que no cesa de asombrarme, que surgió en medio del caso de Humacao, y que también surgió en el crimen de odio cometido en Guavate, es la confusión y las actitudes tan enajenantes (muy convenientes al Gobierno, eso sí) que está inculcando el integrismo religioso. Por ejemplo, vi en un noticiario al padre del muchacho asesinado en Guavate, que en ese instante coincidía con el asesino de su hijo. Pues bien, dirigiéndose al asesino, el hombre señaló a lo alto con el dedo índice y dijo: “el que tiene que perdonarte es el que está allá arriba, yo ya te perdoné”. ¿Ya lo perdonó, por descuartizar a un hijo?
El pasado miércoles, en una entrevista concedida a este diario, el padre de Mabel Merced, la víctima de Humacao, decía que no le guardaba rencor al asesino de su hija y que prefería que le hubiera pasado a ella en vez de a sus otros hijos, puesto que ella “se había convertido al Señor y mis otros hijos no están convertidos”.
¿Qué decimos de esto? ¿Cómo el juez puede imponer la pena más severa a un asesino que de inmediato es perdonado por el propio padre de la víctima? Pues que lo dejen en la calle; después de todo, el que lo tiene que perdonar está allá arriba. El padre de Mabel también comunicó a la reportera que la violencia contra la mujer no se iba a terminar hasta que Jesús viniera. Sí, hasta que venga y nos ponga a todas como Magdalenas. Total, ya somos magdalenas para sus señorías en el Capitolio.
Muchas de estas iglesias fomentan la obediencia, la sumisión de la mujer, lo cual tiene consecuencias graves sobre todo en los sectores rurales y deprimidos en que tienen gran arraigo. La mujer asesinada en Humacao probablemente no denunció al hombre que la acechaba, y probablemente no se fue huyendo de esa comunidad, porque sabía que lo que todos esperaban de ella era que “perdonara”; que le diera otra oportunidad al que ya, desde el 91, era un maldito criminal.
Así las atrapan, las hacen parte de un sistema que oprime, y luego se lavan las manos. En la iglesia del barrio me imagino que hoy se lavarían las manos. Eso sí es convertirse. Pero convertirse en zombie.
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